Parte del Geoparque de Granada.
Viajar por esta tierra en vehículos 4×4 ha supuesto un estímulo soprendente. Acostumbrado ya a viajar con ellos por tierras africanas, había florecido la falsa creencia en mi cabeza de que en la península ya no existen lugares con capacidad de sorprender gratamente al viajero. Gorafe ha conseguido retrotaerme a una época pasada llena de ese tipo de imágenes que lograban embarcarme en rutas hispanas de forma asidua.
Es un acierto adentrarse en esta parte del altiplano granadino y dejarse llevar, en parte, por los colores de la tierra. En ocasiones, pareciera que estábamos circulando por El Gran Cañón del Colorado. Y hablando de ese color, también existe aquí una zona conocida como Los Coloraos. La tierra, esta tierra, firma ese nombre. Parte de la culpa la tiene la arcilla roja.
Su situación, dentro de la hoya de Guadix y delimitada por los rios Guadiana Menor y el Gor, convierte a la población de Gorafe en puerta de entrada a esta naturaleza. Casi lo mejor de todo es que se encuentra a no más de noventa minutos de Granada capital.
Todo está bastante bien controlado. No se pueden llevar los vehículos por senderos no habilitados para ello.
La zona está llena de murallas naturales imposibles de sobrepasar, producto de la erosión, en gran medida debido a la lluvia. Escasa, pero torrencial cuando se presenta. El terreno muestra notables diferencias entre las vertiente con orientación Sur y la Norte
¿Qué podemos ver?
— Formaciones geológicas Badlands.
— Parque Megalítico.
— El mirador de Los coloraos.
— Acequia del Toril.
—Dólmenes.
—Pinturas neolíticas.
Nos alojamos en «casas cueva» por un precio razonablemente económico y comemos en restaurante del lugar con idéntica etiqueta de precio razonablemente asequible. Gorafe apenas acoge a 370 habitantes. La impresión que me trasmite es de tranquilidad. Es cierto que apenas pasamos un par de noches acogidos en sus cuevas, pero la primera impresión es esa. Siguiendo con las aportaciones del lugar a la vista, debo reseñar: las chimeneas de hadas rojizas y ocres, sus cañones arcillosos y las cárcavas que consiguen que se le compare con la Capadocia, pero en este caso, andaluza. Para redondear las dos jornadas nos regodeamos, en plan deleite, con un picoteo,baño incluido, en el Embalse del Negratín. Sus aguas ven reflejadas las tierras que lo rodean a modo de espejo natural. Tranquilidad y conversaciones agradables confunden, a veces, el sentido del viaje. Por momentos miramos más para adentro que para afuera. Tal vez de eso se trate, en su justa medida.
Más que las letras, las imágenes del lugar conseguirán llevarnos a otro mundo.
Agradecido a mis amigos Maxi, Pedro, Leo y Carmen (consorte incluido) por habernos proporcionado momentos increiblemente cercanos.
A Antonio, por su comida en el Mesón Ilusión de Gorafe.
A Manuel, por su trato e información para que pudieramos seguir la ruta perfecta. http://www.geoparquegranada.com
Turismo Rural Gorafe.
Agradecimiento también a Las Melias, en Torrecardela, donde pudimos cenar bajo un manto de estrellas inmenso y con una tranquilidad fuera de cualquier tabla de evaluación. Maxi lo organizó y tuvo el detalle de ofrecernos una tarta con total influencia de Guadahortuna. Concretamente de la Pastelería Calitos.









































