Sicilia… en parte.

Pudiera parecer que he estado adornando espacios con hilos invisibles, pero la realidad ha sido otra. Hace unos meses que acabé esta visita,parcial, por la isla con matices muy similares a los que me contaban. La presentación de «CULACCINO» me ha tenido en una burbuja imposible de atravesar. La trilogía de «LÁCAMA» acaba con la referida publicación. Descansada la mente durante unas semanas puedo, por fin, fijar la mirada en este nuevo viaje a lomos de momentos, como siempre, increíbles.

Para poder volar hasta la isla debíamos hacerlo desde el aeropuerto de Sevilla. El piso turístico, de la capital hispalense, se encontraba en el Barrio de La Macarena. Hasta hacia bien poco nunca había estado por sus calles y, curiosamente, en un mes lo he visitado en un par de ocasiones. De este día, o mejor dicho, noche, es una suerte poder hacer referencia al lugar donde pudimos cenar. Hay que reconocer que Jorge acertó al recomendarlo y reservar la mesa sin posibilidad de discusión. «Bar Yebra»

Y recalco la palabra bar porque al lado está el restaurante con el mismo nombre. En el restaurante no ponen tapas y, me crean o no, la diferencia es abismal. Me quedo con el bar, si me dan a elegir, mil veces. Tapas mejor que raciones, precio incluido. El restaurante/bar tiene una copia en Tokio. Mismo nombre incluido.

Habíamos dejado el coche en el parking del Hospital de la Macarena. Recogerlo a las seis de la mañana tan solo supuso deshacernos de 30 €. Las obras en la zona dificulta el tránsito hasta llegar a él. Muy complicado.

A las siete ya estábamos en el aeropuerto. El vuelo nos llevará hasta el de Trapani.

La puntualidad es tan exquisita como el vuelo en sí. A las once y veinticinco ya estamos pisando el espacio siciliano. Tan solo queda recoger los dos vehículos (Tres según la empresa). Lo hacemos tras algún papeleo en el pequeño aeropuerto. La supervisión de los mismos se tradujo en un cambio de vehículo por exceso de puntos negativos. Realizado el cambio, iniciamos la andadura por las carreteras isleñas en dirección a la costa. Sentado en el asiento trasero, la vista consigue que mi mente se aleje por las llanuras extensas con innumerables viñedos, olivos y algunos invernaderos. La carretera es casi local. Con los kilómetros le quito el «casi».

Llegar a Mazara del Vallo supone lo que parece ser el inicio de la autovía. Desde el vehículo delantero se recomienda comer en algo que han descubierto a través de la red. Se trata de una zona de agroturismo. Para llegar hasta ella debemos ir por pistas de tierra. La excursión es baldía. Está cerrado a cal y… polvo. Buscar otro, pero esta vez sin dejar la carretera, es la decisión. En Sciacca, a pie de carretera, lo conseguimos. Un poco de pasta y tal nos sirve. «Botegga Gastronomica di Caloguero la Bella» Acabar con la necesidad de alimentarse nos anima a seguir el rastro de Agrigento.

En el trayecto, Porto Empedocle me llama la atencion. Su playa y las chimeneas de sus casas causan efectos secundarios a mis sentidos. Las construcciones son antiguas en exceso. Más adelante entenderé que en Sicilia no es disonante esa fotografía.

A las cinco de la tarde estamos ya en el «Valle de los Templos»

Se puede subir hasta la cima (inicio o final de la visita) en Taxi. Por solamente 3 Euros puedes ahorrarte el camino de ida y vuelta. Hacemos uso de ese servicio público sin dudarlo en exceso. Bajar al llano desde el que iniciamos la visita en taxi y en el que, por cierto, dejamos nuestros autos, es de una hora y media aproximadamente. La distancia es de dos kilómetros y medio. Mientras vamos descendiendo caminamos por el conjunto arqueológico que está reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Quise intentar comprender el motivo de ese nombre. No pude ver el valle por ningún lado; más bien todo está situado en montañas que rodean la ciudad. El caso es que la zona es amplia y sagrada. Templos griegos que se suceden como colgantes en cuellos imaginarios. Todo restos de la colonia griega de Akragas. Me quedo con el Templo de la concordia. Por su significado y por su conservación. La Estatua de Icaro, justo delante del templo, nos sirve de fondo para más de una foto de album. Seis templos más componen la visita a la antigua cultura clásica en Sicilia.

Dejar atrás los templos y demás demostraciones culturales supone un salto en el tiempo. Pasamos por Agrigento para dejar nuestras sombras por su calzada y acerados. Es un paso obligatorio para encontrarnos con Caltanisetta. Ahi tenemos alojamiento. La primera impresión es de que se trata de una urbe mediana. Ya no me sorprende la apariencia de las edificaciones en la Isla.

Cenamos en Sale e Pepe. Al salir del local, las calles parecen abandonadas. Pareciera que había un toque de queda.

Descansados, amanece. En el apartamento han dejado algo para desayunar y lo aprovecho para que mi estómago sienta que el amanecer no es tan solo para el Sol.

No es un lujo poder referirme al momento de llevarme algo de comida a la boca mientras me distraigo en el balcón de la casa. Está en la primera planta de la construcción. Da a una calle estrecha y llena de cámaras de vídeo para vigilar. «Supongo». No contentos con las cámaras, las fachadas se llenan de cableado exterior, claro, pero también de tuberías de todo tipo de aguas. La impresión es de algo caótico. Recreándome en la fachada, recuerdo que en la noche anterior, antes de la cena, se veía en las calles una gran variedad étnica. Tras la cena, la variedad había desaparecido, al igual que las luces naturales.

Tras dar buena cuenta del desayuno en una cafetería cercana al alojamiento, y al aire libre, tomamos nuevamente los vehículos para continuar la travesía. La autovía nos lleva en dirección a Catania. Pareciera como si hubiera un programa de reconstrucción, tras un estallido bélico, en las vías de comunicación de la isla. Puentes y túneles se llevan la palma.

Apoyada la cabeza en el cabezal del asiento, nuevamente, los pueblos y ciudades aparecen y desaparecen de las zonas elevadas que nos acechan. Las montañas parecen sacadas de un atlas del bachillerato antiguo. Tanta observación consigue que mi vista pueda distinguir, casi sin querer, el volcán Etna. La nieve de su cima parece querer aliviar la temperatura sobrepasada de su interior. La bruma, o los gases salidos de su interior, le hacen parecer una fábrica a pleno rendimiento.

Los campos se ven repletos de zonas verdosas. Tanta es la preeminencia del verde que parece un color primigenio de la vida terrestre.

Hemos conseguido aprovechar la mañana. A las 11:30 ya estamos pisando Catania. Nuestro alojamiento es en Dimora De Mauro. El complejo es cerrado y muy conseguido. Las habitaciones también están bastante bien. Hidratarse no es que sea una premisa, pero jamás se rechaza en este grupo. Las cervezas nos la tomamos muy cerca de la Plaza Umbrella. Concretamente en otra plaza: Plaza del Indirizzo.

Acabada la ingesta, buscamos algún lugar sugerente para comer. No tenemos que alejarnos mucho para ello ya que en la misma plaza tenemos «mm!» Suena tal como se lee. El mercado está tan cerca que casi bastaría elevar la mano para poder encargar algún que otro kilo de verduras, carnes, frutas y/o pescados. Lo relativamente bueno es que en la plaza y alrededores hay muchos locales para tomar algo líquido y sólido. Hay tantos que justo al lado hay otro local que se llama igual. Ambos dueños son hermanos y ninguno dio su brazo a torcer con el nombre. Nuestro acomodo está justo pegado al arco que toda plaza debe tener. Me llama la atención el precio de las cervezas. Es tan elevado como el Etna.

No es que dejemos pasar las horas, pero llegamos a la de la cena en un par pensamientos. Lo bueno de la cena es lo que se hace después. En Casa Cape, con Sanerio regentándolo, tomamos un copa vasodilatadora.

El día internacional del trabajador sigue siendo el 1 de mayo. Aquí también. Amanece pues festivo. Parece que buscar un lugar abierto para desayunar será complicado pero, tras un ligero paseo, podemos hacerlo en el Chisco. Es como un kiosko con ventana al exterior para servir y una pequeña terraza donde sentarse. Reagrupados, damos cuenta de el.

Sin apariencia de cansancio nos dirigimos por carretera hacia Cefalu. La entrada al pueblo es complicada. Excesivo tráfico y dificultad para encontrar aparcamiento. Estamos a cero metros de altitud y la pequeña playa apenas da cobijo suficiente. Me recuerda, en ese apartado y en otros, a Cinque Terre. Mar pegado a casas y mucha gente terminan por hacer más hincapié, si cabe, en la similitud.

Tras el pertinente paseo, la primera birra la tomamos en A Paranza. Es tan solo «un ya estamos aquí». La comida es en Masquenada. Nombre propiciatorio para recibir la gracia divina. Para variar, la comida precede a la caminata vespertina. Con ella conseguimos bajar lo ingerido. No podemos distraernos en exceso ya que debemos continuar el camino por carretera en busca de Palermo. Y allí llegamos sobre las 18:30

Es festivo y adentrarnos en la población es relativamente fácil. Hasta llegar a Palermo me ha llamado la atención las numerosas estribaciones montañosas que la rodean. Me vino a la cabeza la película Parque Jurásico. La belleza hace al camino parecer lo que es. El alojamiento es en dos casas distintas dentro del mismo edificio. Nos encontramos con la falta de ropa de cama en alguna habitación. Un mal entendido con el número de huéspedes…

Cenamos en Pizzo y Pizzo. No es un nombre complicado para retener memorísticamente. La cena nos cuesta unos 300 Euros, sin contar algún peso chileno que se evaporó por entre cuentas. Hay que estar atentos con la tarjeta Revolut. No quiero dejar pasar el consejo a dar: Si llevas coche, busca líneas blancas para aparcar. Ese estacionamiento es gratuito.

Ya es el día siguiente. Desayunamos en un bar que está frente al lateral del Teatro Politeama Garibaldi. Es una zona de dudosa seguridad. Está llena de Polizias. Irse sin pagar de allí es poner un pie en el otro mundo.

Acabamos el desayuno mas seguro jamás probado. Es la hora fijada para contactar con nuestro Free Tours. Una vez probado, es lo más recomendable. Ya no es solo andar por ciudades; es conocerlas. La guía a la que seguiremos como si no hubiera un posible mañana en Palermo se llama Marta y es de origen siciliano, según cuenta ella.

El inicio de su puesta en escena es recreándose en la relacion histórica entre España y Sicilia y para ello utiliza, entre otras cosas, explicaciones sobre su bandera.

Seguimos sus pasos y palabras, como crios, hasta el mercado Capo. Todo es bullicio entre calles estrechas y puestos de pescados, frutas, verduras y souvenirs en los laterales. No me costó trabajo trasladarme hasta el Marruecos que me vio nacer. Todas sus explicaciones las grabe en mi Iphone, producto de experiencias anteriores. Recordando algunos de los temas explicados, comemos, más por hambre que por entretenimiento. La siesta posterior es reparadora.

Al atardecer hago una de las cosas que más me gusta. Caminar en solitario algún tiempo. Me dirijo hacia una parte del puerto. Se convierte en una excursión baldía. Los altos muros que protegen la zona portuaria hacen imposible la apreciación del mismo. Al tiempo, las montañas que rodean la ciudad también impiden poder observar la puesta del Sol. De todas formas, nada se hace sin obtener algo positivo. Algunas edificaciones, con tintes de haber sido (o ser) penitenciaría, consiguen rescatarme de la falta de alicientes ópticos en la zona.

De vuelta sobre mis pasos consigo contactar con parte del grupo de viaje. Comento la falta de aliciente en mis pasos recorridos y decidimos ir en dirección contraria. Forma también parte del puerto, pero acoge una zona comercial y de copas (También de restaurantes). En ese deambular conseguimos que la noche se adueñe del espectro. Caminamos por una zona que muestra una fortaleza y un foso seco que separa a unas piscinas estrechas y alargadas. Podíamos haber tomado algo por la zona, pero decidimos volver hacia el casco antiguo. Las necesidades fisiológicas me impiden seguir moviéndome por la zona. En la vuelta a la villa, me entretengo con una edificación catalogada como «Instituto Nacional Para Sordomudos». Me quedo sin palabras al apreciar su estado decadente. Parece ruinoso y abandonado. La noche profunda nos lleva hasta la zona de las cuatro esquinas. Está a tope de gente, tanto paseando como en las terrazas de bares y restaurantes. Se hace incluso complicado caminar por ellas. Paseando puedo disfrutar de algunos músicos callejeros. Un lujo.

Acabada la noche, toca desancasar. Nuestro vuelo de regreso está programado para las 10:50 A.M.

La carretera de Palermo hacia el aeropuerto de Trapani empieza pegada a costa. La montañas elevadas nos acompañan compitiendo con el mar. Esas montañas y valles me han encantado. No es algo fácil de explicar. A veces la vista no te facilita la explicación verbal. Es una foto de postal continua.

Poco a poco los espacios se van abriendo. Los campos de cultivos colonizan todo el territorio. Supongo que el origen volcánico de los mismo tiene mucho que ver en toda esta conquista.

De las grabaciones me quedo con algunos detalles para no olvidar.

  • 2700 años de historia en la ciudad de Palermo
  • Plaza Olivella. Su iglesia y museo arqueológico.
  • Día 2 de mayo. Fiesta de la Santa cruz.
  • Zyz. Así la llamaban los fenicios. Significa «flor».
  • Imagen de Palermo en el año 1300. Una lengua de tierra entre dos ríos navegables que desembocaban en el mar en forma de «Y»
  • Los griegos preferían la parte oriental de Sicilia porque era lo más cercano a Grecia. Querían conquistar ZYZ por su gran puerto. Le llamaban «Panormos» (Todo puerto) Su bahía era inmensa.
  • Núcleo urbano antiguo de palermo. Dos barrios cerca del mar y dos más hacia arriba y pegados a las montañas.
  • La división del casco antiguo de Palermo es gracias al cruce de dos calles: La vía Maqueda y el Corso Vittorio Emanuele.
  • Plaza 4 esquinas (Plaza Villena). Se formó en la intersección de ambas calles.
  • 4 barrios creados por estas calles.
    • La Kalsa (Tribunali)
    • Albergheria (Palazzo Reale)
    • Seralcadio (Monte de Pietá) En el encontramos la catedral y el mercado del capo.
    • La Loggia. En esta zona está el puerto viejo y la zona de vida nocturna. Tambíén podemos ver el Mercado de la Vucciria.

En sus últimos mensajes, Marta nos comentó que Palermo no tiene playa porque todo es puerto…

Deja un comentario