REGRESO PARA CONOCER LO OBVIADO

Tuve una propuesta: regresar para acabar lo empezado en otra época. Podía haber elegido cualquier ruta, pero necesitaba conocer ciertos lugares de la realizada con anterioridad para, al menos, poder hablar con más certeza de esos caminos. Al final, fue un acierto repetir camino. Y sucedió algo parecido a lo que ocurre cuando vuelvo cada año a las rutas desérticas y del Atlas Marroquí. He podido ver cosas no vistas y hablar con personas que me han trasmitido una información que, tal vez, no habría podido obtener de otra forma.








De entrada, el camino se inició en Fão, muy cerca de Esposende. Hablo de Portugal. Es curioso, pero cierto, y es que he necesitado dos viajes para poder nombrar todas las poblaciones sin tener que mirar mapas o apuntes.
Calor y buen tiempo suelen ir de la mano. En la primera parte del recorrido así fue. El destino inicial (y por ello se hizo reserva de alojamiento) era Viana Do Castelo. Todo ese deambular hasta llegar a la población, debía hacerse muy pegados a la costa. Las dunas no son ambiciosas, pero necesitan sentirse libres para mover sus granos de arena a través del terreno. Mucho del camino indicado en la aplicación que seguimos (Camino Ninja) sucumbe ante esta peregrinación permanente. A veces hay que adentrarse en arenas sin señalizaciones verticales y las pasarelas dejan de ser visibles. Esa primera etapa se hizo pesada por tres motivos. El primero, la distancia recorrida. El caminar por dunas, aunque sea muy intermitentemente, es costoso físicamente. El último es la falta de costumbre para andar más de treinta kilómetros cargados con mochilas, aunque pesaran menos de seis kilogramos cada una. Eso se corrigió al día siguiente. Una empresa para transportarlas alivió esa carga tan pesada. Al final de lo narrado, pondré nombres y teléfonos de esas empresas que sirven para proteger nuestra salud. Como decía Cecilia en uno de sus temas : «El caso en andar…»





El camino nos llevaba hasta Caminha, ya en la frontera luso española, en nuestra segunda jornada. El alojamiento estaba situado muy cerca del parque de bomberos. Los incendios forestales de este verano por estas zonas justifican en gran medida la necesidad de contar con estos cuerpos. Ese día sirvió para comprobar que la exención de portar mochilas fue acertada. El recinto amurallado de la ciudad me recuerda mucho al foso navegable de Ceuta. Todo tiene un pero. La nubosidad nos impidió ver, con todo su esplendor, los alrededores elevados.
Al día siguiente tenían que venir por nosotros en furgoneta, para llevarnos hasta el punto de partida de la lancha que atravesaría el rio Miño, para así poder poner pie en España. Atravesamos el rio en apenas unos minutos. Es muy temprano y la marea alta. A esa hora temprana la visión del Fuerte de Ínsua es espectacular. La isla que lo acoge divide en dos la desembocadura. Prácticamente nada más poner pies en la orilla enfrentada, paramos para tomar un desayuno sin excesos. Laca, la sobresaliente perra de agua, parece agradecer estos descansos. Se ha intentado de todas las formas posibles cuidar su bienestar, como no podía ser de otra manera. Al reanudar la marcha, dejamos a nuestra derecha el Piñeiral Castrexo. Es un lugar mágico y místico, con el Monte Tecla de fondo, que ya había conocido en el anterior viaje. Mi impresión es que han aumentado los pinos decorados con motivos Celtas. Se debe utilizar la perspectiva visual para apreciar ese arte en toda su magnitud. El camino se ve salpicado por salinas, petroglifos, fuertes de vigilancia y mar. Mucho mar. Llegar hasta La Guardia es agradable en todos los sentidos. Una empinada escalera, apoyada en la base de una iglesia, sirve de inicio a la primera elevación del camino. La subida nos lleva nuevamente, tras un giro, hasta la costa.










Extenderme mucho, en el camino en sí, no tiene sentido. En el anterior viaje, la narración se hizo eco de cada rincón visitado. Lo no visto en aquel viaje y oído en éste si merece la pena ser contado.
Ejemplo de ello es la vista sobre la Bahía de Bayona que me trajo recuerdos de un pasado no tan lejano.
He visto atardecer mirando, y casi tocando, el mar con mis dedos mientras degustaba una cerveza 1909 helada. Todo ello tras una larga jornada de caminata. He oído historias del lugar puestos en boca de un matrimonio de la zona, que conseguían atraer mi atención sin lagunas. Tras ello, he visto amanecer llenando mi espacio con la paz de quien no debe nada.
Al final, nada se acaba. Todo continua.
Entre las reseñas especiales, caben dos al menos. Una es Padrón. En mi viaje anterior por estos caminos la dejé a la orilla de mis pasos. Esta vez he podido caminarla con la paciencia del inglés cinematográfico. Me ha encantado. Sus paisajes, sus iglesias, su historia…













La otra reseña es la de Cesantes. Esta población tiene una red de atractivos bastante considerable. No la conocía y me alegro de haber estado en ella, sobre todo tras escuchar historias puestas en boca de Víctor Otero López. Un descubrimiento como persona. Hizo de guía y narrador histórico, siempre poniendo en valor el entorno que nos rodeaba. Me llenó de historias, algunas mágicas, y dejó el detalle del buen anfitrión. Nos alojamos en su establecimiento y gracias a ello pudimos conocer un poco de algo nunca trasmitido a mis oídos.










¿Cesantes o San Pedro de Cesantes? La Ría de Vigo lo acoge a su vera. Desde el alojamiento no podía imaginar su paseo al borde del mar. El atardecer allí no es tan solo una etapa del día. Tomar una cerveza en uno de los chiringuitos del paseo, en compañía de personas a las que las conversaciones les hacen sentirse bien, es algo maravilloso. Se encuentra situada entre las parroquias de Viso y de Redondela.
Isla de San Simón (curiosamente es noticia en esta año 2025 por la película de Miguel Ángel Dorado con ese mismo nombre. Está basada en hechos reales, aun siendo ficticia, relacionados con el campo de concentración franquista)
Está envuelta entre silencios y brumas. Dramas e historias contadas de abuelos a nietos, sin poder aclarar sin son verdad o leyenda. Observarla desde el arenal, mientras el sol se distrae con el mar, es algo mágico. Los matices lumínicos que va dejando entre la isla y el medio líquido manso son imposibles de explicar.
Entre las historias que no pueden clasificarse 100% reales está la relacionada con un buzo que tuvo que dedicar una parte de su vida, amarga según me cuenta Victor, en rescatar cadáveres de personas que iban en una lancha, allá por los años 60, tras el hundimiento de la misma mientras trasladaba a aproximadamente 70 niños desde la isla hasta el puerto de Redondela. Eran niños huérfanos de marineros que se encontraban en el Hogar-Escuela. Los niños se movieron con brusquedad desde una banda hacia la otra, provocando el vuelco. La mayoría murieron por no saber nadar. La duda surge con la historia contada por sus ancestros sobre el buzo, no con el naufragio.
En esa misma Isla, siguió contando Víctor, se puede andar por el Paseo dos Buxos, una bóveda de Boj centenario, cercanos a palmeras Canarias, camelias Japonesas, castaños de India, cedros del Atlas, patatas, kiwis… Muchas de esas plantas fueron introducidas desde zonas del mundo dispares.
Mantuvimos durante un buen rato una charla distendida y didáctica. Cada anotación en la agenda venía seguida de un signo de exclamación.
Iba sacando los temas con una naturalidad pasmosa. Me cuenta sobre la estatua honorando al Capitán Nemo (Aparece la Ría de Vigo en 20.000 leguas de viaje submarino. El Nautilus buscaba el tesoro hundido en la Batalla de Randes). Los montes cercanos, la capilla en el monte de La Peneda y Manel Loureiro, escritor de prestigio internacional.
Cesantes mantiene bajo su manto a algo más de 3.500 habitantes.
Lo dicho, un agradable descubrimiento.
Entre las conversaciones con Victor, dejo anotados en mi agenda algunos datos; datos que él me trae a la memoria en cuanto le pido esa ayuda.














Continua el camino, por lugares sin espacio entre caminantes. A diferencia del primero, los peregrinos no caminaban a solas.






















De la Variante Espiritual, tras el paso por Pontevedra, tan solo reseñar un par de cosas. La primera es la separación de caminantes en dos. Unos para la Variante y otros para el interior.
La segunda reseña es referente a la llegada a Armenteira tras el intenso camino desde Combarro. El Bar O Comercio aparece ante nuestros ojos casi asaltándonos. Lo noto cambiado en algo, pero no sé decir en qué. El Monasterio sigue en el mismo lugar, como queriendo recibir a los viajeros tras el esfuerzo.
Nuevamente las piedras y el agua, como segunda etapa de esta variante.
Terminamos en Padrón, tras la traslatio por la ría y rio. Observamos cruzeiros para dejarnos llevar por la imaginación mientras el sol se elevaba. La luz del amanecer hizo que las imágenes de bateas, marineros, piedras, cruces y agua convirtieran las escenas en únicas.













El gran descubrimiento: Laca. Ya nunca quisiera perder su compañía.
Todo acaba en el Fin del Mundo.
Finisterre nos acogió al final de un viaje.









Información interesante para el transporte de mochilas, tanto en Portugal como por España. Confianza total con estos dos grupos de trabajo.
Buen trato, mejor servicio.
SANTIAGO STEPS Tfno: 351+ 963 75 25 51
EASY BRAIS Tfno: 34 603 32 77 08
Da gusto viajar a través de tus ojos.
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