CRACOVIA

Una nueva oportunidad para cambiar de aires. Aprovechar la vida no es solamente cuestión de respirar vientos distintos; también es hacer espacio a lo que no se tiene y sacarle un argumento para disfrutar de esta gran obra de teatro que es vivir. Entre otras cosas, salir del espacio de confort de cada uno, aporta ángulos de vista diferentes. A veces, negativos, pero otras muchas recibimos aportes extras de un positivismo nunca suficiente. Polonia es un claro ejemplo de lo segundo.

Antes de nada, decir que me habría hecho falta más tiempo. Tiempo para mezclar imágenes anteriores y estados de ánimo, con estos nuevos suplementos. Ya tengo la excusa perfecta para volver. Esta frase me suena de anteriores entradas.

Aterrizamos en Cracovia recién inaugurada la tarde. Nuestro alojamiento no estaría disponible hasta pasada la hora de la comida, pero tuvimos suerte. Nos acercamos a la casa y estaba apta para tomar posesión de ella. Un buen alojamiento. Por cierto, gané el derecho a elegir habitación y cama. A veces sienta bien dejar constancia de los acontecimientos, por muy insignificantes que parezcan.

La calle acogía un tránsito aceptable. Hablo de Nowy Swiat. El tranvía parecía no querer dejar la calle vacía y las oficinas de cambio ofrecían su servicio como siempre, supongo. Hablando de cambio… he aprendido que conviene mirar el precio del mismo antes de realizarlo. Una vez hecho, no te reintegran lo que cambiaste, aunque tan solo haya pasado un segundo. Perdí 20 Euros en un cambio de 100. Por tanto, revisar y asegurarse antes de cambiar es importante.

NOWY SWIAT

El primer paso para alentar a la mente y preparar el cuerpo. Digamos que es la «Ruta Real» de Cracovia. Paseos y compras acaparan su espacio. Empezamos a ver cúpulas de color verdoso raspando cielos. Eso no dejaría de suceder. Hay que entregarse a este querer, aunque sin riesgos. Buscar explicaciones por esta calle no tiene sentido. Letreros indican los nombres para identificarlas, aunque lo importante es recordarlas por las apariencias y lo que transmiten. Me resulta imposible pronunciarlos. Me refiero a los nombres escritos.

OLD TOWN

Patrimonio de la humanidad; ejerce como centro histórico. Si preguntas, te dirán que se divide en tres zonas. El «Núcleo Medieval de Kazimierz, Stare Miasto-La Ciudad Medieval de Cracovia y la Colina de Wawel».

CASTILLO DE WAVEL

El Castillo Real de Wawel se encuentra en una pequeña colina. En sus exteriores es común ver coches de carruajes con caballos impresionantes y conductores engalanados con vestimenta de otra época. Llama la atención la nula presencia de excrementos de los caballos por las calles. Al menos a mí. Polonia tiene una fábrica de coches de caballos. Glinkowsky. Escrito queda estupendamente.

El Castillo deja un patio rectangular y de dimensiones apreciables. Tres plantas con arcos y columnas que sustentan y embellecen la edificación. Nuestra visita es sin investigar en el interior. Globos aerostáticos, elevan la mirada de los argonautas del cielo. Es como un barco por los aires cracovianos. Desde la altura debe quedar todo por debajo, incluida la noria estilo londinense.

Jardines en el exterior del castillo contrastan con el color de las edificaciones, aunque a veces las fachadas se convierten en muros vegetales. Flores y césped llenan de armonía y tranquilidad el lugar.

Bajo la fortaleza habita el dragón que ya no destruye las viviendas ni hace estragos entre las hijas del Rey Krakus. La bajada la hacemos sin contar peldaños. La escalera de caracol es inacabable y está hecha para gente sin elevada estatura y que preste atención al techo. Un par de golpes se los puede llevar cualquiera, yo entre ellos. Al final del recorrido, el dragón con aliento de fuego calienta el ambiente periódicamente.

KAZIMIERZ

La comunidad hebrea acaparaba esta zona. Se fundó como ciudad independiente aprovechando una isla en el rio Vístula. En su día, dejó de ser isla por motivos no naturales. Los judíos fueron trasladados obligatoriamente poco después de que Cristóbal Colón descubriera el nuevo mundo. Cristianos y Judíos coparon la ciudad, con sus gentes y construcciones típicas de cada religión. Ya en el siglo XIX pasó a formar parte, como barrio, de Cracovia. Los Judíos menos adinerados quedaron en el barrio, no así los más pudientes. Estos se trasladaron a la zona más aburguesada. Se dice, y creo que con razón, que gracias a ello quedó intacto el barrio. Me refiero a las edificaciones. Desde este lugar, los Nazis trasladaron a los Judíos hasta el Gueto de Cracovia. El barrio «colapsó» en la época comunista. Sus calles se convirtieron en otra especie de gueto, pero esta vez para delincuentes, vagabundos y extraños personajes de la época. Hoy es el centro de la vida, diurna y nocturna. Bares, restaurantes, gente joven… con innumerables lazos con la vida judía. En los adoquines de sus calles hay cien mil historias no escritas.

STARE MIASTO

Su centro histórico parece creado en décadas cercanas, por su mantenimiento y apariencia. Los estilos arquitectónicos se suceden en sus calles. La Plaza del MercadoRynek Glówny, te invita a detenerte en sus puestos. Es la más grande de Europa. Se debe ver, pasear, oler… El Mercado de Telas y la Iglesia de Santa María, a un lado, conforman el mapa del lugar.

La hora de la comida siempre se mueve en la misma franja horaria; la nuestra. Da igual el país. Comimos en Starka. Estamos en el barrio judío y el local es acogedor. En la acera, estrecha, colocan algunas sillas y mesas. Esto lo veremos a menudo por toda la ciudad. Puedes pedir comida típica y algo más, de origen europeo. En resumen, ambiente agradable y comida más que aceptable. Precio incluido.

Tras la comida, pateamos un poco Cracovia. Paramos en la Sinagoga vieja, situada en el distrito de Kazimierz, calle Szeroka Street. Como curiosidad, decir que fue construida por judíos checos. Es la más antigua de Polonia. Quedó prácticamente destruida por el uso de la fuerza alemana durante la segunda gran guerra. Reformada por enésima vez, por lo visto perdió algo de encanto, aunque es considerada como un monumento religioso importantísimo.

Tras previo pago de entrada, la visita fue interesante. Mantiene una colección judaica y es Museo Histórico judaico de Cracovia.

A apenas unos pasos de la sinagoga fue donde sufrimos el cambio de moneda cuasi fraudulento. Lo curioso es que, aparentemente, es un local legalizado. Cierto es que ponen los precios del cambio, pero cuando vas confiado no te fijas. Una vez pasado por ahí, en el resto de oficinas pudimos comprobar que los cambios eran similares entre sí, o asea, cambios más beneficiosos en la compra. Siempre hay una oveja negra…

También, en la misma calle, se nos presentó un señor con muy buen aspecto y un español bastante aceptable. Era el propietario de los vehículos «tuc tuc» eléctricos, para visita del barrio. Tras una reunión de urgencia entre nosotros, aceptamos la oferta. Nos presentó a Artur (Arturo a partir de ese momento) que hablaba español con mejor acento que nosotros y con agrado al menos similar al nuestro. Vivió mucho tiempo en España y tan solo llevaba diez años en Cracovia desde que volvió. Echaba de menos su vida anterior en nuestro pais. El caso es que nos puso alocuciones y lo acompañó de historias contadas por él mismo.

Nos mostró la única farmacia del gueto, la Fábrica de Shindler (Oskar), La Plaza de las sillas, Trozos del muro del gueto, una iglesia que se construyó en dos años, el lugar donde se encontraba una de las antiguas puertas de entrada al gueto, y un aceptable etc.

En todos esos lugares recibimos información que nos ayudaba a comprender, al menos aproximadamente, lo sucedido en esa parte devastadora de la historia de Polonia y a sus ciudadanos, especialmente judíos.

Aportar esos datos sin querer parecer un miembro destacado de la Wikipedia es mi reto con estas letras.

Según Arturo, el gueto se dividió en dos: A y B

En el A fueron acogidos los judíos, y sus familias, con trabajo. En el B los ancianos, enfermos y niños. El acceso estaba restringido a soldados y civiles con pase especial.

La farmacia del águila, en el barrio de Podgorze, era una de las cuatro que había en Cracovia. Su dueño era el único polaco, no judío, que vivió en el gueto. Tadeusz Pankiewicz era católico y consiguió ayudar a los judíos. Fue declarado, tras su muerte en 1993, «Justo entre las naciones del mundo». La farmacia quedó como museo visitable.

Seguimos el camino en tuc tuc y nos topamos, de manera voluntaria, con la plaza principal del gueto. Plaza de la Concordia. Se le puede denominar plaza de las sillas ya que hay 70 de ellas como monumento, cada una representando a 1000 judíos. 70.000 asesinatos. Hoy en día se le conoce como Plaza de los Héroes del Gueto. Desde esta plaza se iniciaba el camino hacia los campos de exterminio. En la plaza quedó el mobiliario de los habitantes. Las sillas muestran tristeza, dolor, terror…

El gueto B es el mayor de ambos. En la plaza fueron fusilados al menos 2.000 ancianos.

Les prohibían desplazarse, disminuyendo drásticamente sus derechos en parques y en la plaza mayor. Tuvieron efecto las restricciones en tranvías, escuelas… Imaginar esta situación crea dolor; la condición humana parece no adaptada a la vida en paz. Los marcaron y quedó prohibido hablar su lengua. No sé como clasificar ese tipo de actuaciones. Tal vez pérdida del sentido o, quizás, locura colectiva con guion hecho por manipuladores de la mente de seres inertes.

Esta zona B era la parte industrial de Cracovia. Arturo nos ilustra con la importancia de las fábricas de ventanas que exportan a medio mundo, España incluido.

Siguiendo el paseo en el tuc-tuc, aparecemos ante la puerta de la Fábrica de Oscar Shindler (1937). Podgorze.

Justamente el de la lista. La película llena espacios de la conversación mientras nos habla de escenas. Tendré que re visionarla tras la visita. El nombre inicial de la fábrica era el de Record. Los propietarios eran Judíos. La parada es justo delante de la puerta de acceso, hoy museo. Nos cuenta la dificultad para adquirir tikets para fechas cercanas. La demanda es tan alta que puede tardar varias semanas. Los Judíos trabajaban sin sueldo, pero mantenían, ellos y sus familias, una forma de vida razonablemente normal. Fuera de la zona, era dramática. La propiedad de la fábrica recaía en judíos. Continuó pagando el alquiler.

En el traslado de la fábrica a la República Checa, se hizo la lista de Shindler. Los «afortunados» serían trasladados. Salvó casi 1.000 vidas. Oskar fue declarado «Justo entre las naciones del mundo»

Mientras transcribo estas letras, me dejo llevar por algún que otro tema musical, para variar. No sería yo si no lo hiciera. «Mason Jennings» El temas… «Castles». Sobra decir que lo recomiendo para dejar el alma flotando en medio de los sueños rotos de tantos seres.

Siguiendo con la conversación que manteníamos con Arturo, llenamos la bolsa, imaginaria, de datos. El barrio es el más barato de la ciudad. Básicamente es para la gente autóctona de Cracovia. A diferencia, el Barrio Antiguo es más para el turista. Un dato curioso en la diferencia: la cerveza cuesta la mitad del precio.

Continuado el trayecto entre anécdotas y datos históricos, nos para ante la casa de Shindler. En la película solamente hablaba de que vivía en su casa cerca del Castillo de Wawel. En la que estábamos ahora, se sentía más él, libre de la clase social alta. En ella organizaba sus fiestas. Cuando nos sentimos bien con nosotros mismos, ese es el sitio. Así imagino que pensaba él. Ahora la casa está en plena reforma integral. Por lo contado, quieren hacer un museo y un restaurante de comida Checa. Él era Checo. Cuando conoció el estado de los judíos, quiso mantener la fábrica en el mismo lugar. Murió arruinado en Israel.

Seguimos la visita guiada acudiendo a lo que queda de la muralla que circunscribía las zonas del gueto. Quedan tan solo dos partes de ella. Una de ellas es de acceso imposible por cuestiones de propiedad privada. Mientras nos movemos, nos cuenta el problema de la transmisión de propiedades. En la calle principal de la parte A, se sigue pleiteando por recuperarlas. Si en 99 años no se reclaman, esa propiedad pasa al estado. Las murallas se hacen con forma de túmulos judíos y se colocaban, en la parte superior, alambradas de espino.

En Cracovia puede haber en la actualidad un millón doscientos mil habitantes. Muchos de ellos son estudiantes. Su universidad es una de las más antigua de Europa (1400). El hijo de copérnico estudió en ella. Era el año 1491. Aprovechó ese dato para contar una de las muchas anécdotas que le habían pasado en este trabajo. Una americana, de Los Ángeles, esperó a que acabara el audio para hacerle saber que había un error. Según ella, el hijo de Copérnico era Americano. Arturo le respondió que eso no era factible. Empezó los estudios en 1494 y América se descubrió en 1492.

La historia contada en el tuc tuc continúa con las intenciones de Hitler con respecto a la ciudad. Quería constituirla como segunda capital. En sus barrios, el lujo era lo que predominaba y las clases altas se adaptaban con enorme facilidad a ella. Añadió Arturo que «no la destruyo precisamente por ello».

Otro dato curioso, entre conversaciones personales e históricas, era que no se invertía en la casas para su conservación, por parte de las autoridades competentes, porque si lo hacían, inmediatamente aparecían los herederos y reclamaban su propiedad. Arturo no llevó esta historia hasta más allá de veinte años atrás. Mientras nos la contaba, marca, como si fuera Colón, un paso de peatones. «Ese era el lugar donde se encontraba una puerta del gueto.

Las distancias entre monumentos y datos curiosos se convertían en cercanas físicamente. Una iglesia, del año 1909, la muestra como una obra de apariencia Disney. La construyeron en 4 años (1905-1909). Se encuentra en Podgórze. Se trata de la Iglesia de San José.

Calle Krakowska. Parte el Barrio Judio-Kazimierz. Según Arturo, comunicaba el mercado del barrio con la puerta cracoviense en las murallas medievales. Por ella, se trasladaba a la población hacia el gueto. En un momento determinado, nos vuelve a hablar de la película. La escena de la niña de rojo, bajo la escalera, le atrae. Nos termina mostrando el lugar donde fue grabada.

Decididamente, fotos e historias me empujan a esa vuelta cinematográfica. Volveré a sus escenas

«En Rumanía también se rodaron». Esa visita tendrá que esperar. Entre escenas, nos habla de los locales de leche. Típicos para comer, baratos y sin alcohol… «Buscad donde ponga lecharnia».

Siguiendo con la película, nos habla de los exteriores que aparecen en ella. La calle principal o ancha, la sinagoga vieja, la comisaria actual del barrio que era un hospital en el film. Mientras se entretiene en ello, suena música de fondo que nace en uno de los restaurantes. Ya es el final de la visita y, para poner el colofón, saca una fotografía de una antigua puerta del gueto. Le pido poder fotografiar y accede sin problema. Él ha sido una experiencia más de este paso por Cracovia.

Rynek Underground solamente está bajo tierra cuatro metros. Mejor dicho, cuatro metros bajo el mercado. Comenzó como una excavación arqueológica y ha terminado siendo un museo de la época medieval. Es relativamente nuevo.

Stary Kleparz.

Conocido como el mercado viejo por los residentes habituales. Muestra algo más que productos de la tierra. Sus quesos, carnes y demás, se mezclan con su carácter histórico. Miles de vivencias que narrar.

Plac Nowy.

Plaza nueva en español, está situado en Kazimierz. Mañanas y tardes tiene su espacio conjunto y por separado. Antigüedades, comida, bebidas… perfecto para pasar un buen rato.

Terminamos comiendo, en Baz Aar y cenando en Kluxca Na Placu, al final de cada periodo correspondiente del día. Lugares de estudio, y culto, donde hincar los «codos».

En medio de ambas situaciones, visitamos la estación de ferrocarril para sacar billetes y aprovechamos para patear la ciudad nuevamente. Caminar entre 15/25 km diarios es sano y te lleva entre historias y espacios donde intentar entenderlas. En las comidas, cerveza tamaño desconocido y algún codillo para intrépidos. Varsovia está en el camino de la vía, del tren, claro.

Dejar Cracovia atrás tan solo es un espejismo. Sus imágenes nos persiguen en las conversaciones.

Varsovia tiene otro espacio que cubrir.

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