Tal vez debería nombrarla como Buda y Pest, así, por separado; o la ciudad de los puentes o, quizás, la ciudad del arte en la edificación. No sé, cualquier calificativo que hable de ella en tono positivo valdría. Nombraría tantas cosas sobre Budapest que me faltaría espacio donde plasmarlo. El caso es que me ha dejado un sabor de boca muy especial…
Hacia mucho tiempo que no me atrapaba una ciudad de esta manera. Podría narrar sobre su historia, inmensa, y su arquitectura, su ocio, su impenetrable sentido de la vida. También podría hablar de olores; sobre todo los de sus comidas. Al final, lo que cuenta son los recuerdos sensitivos y en ellos me refugiaré. Serán recuerdos que perdurarán gracias también a las letras, claro está.
Viajar por Europa se ha convertido en mi ritual de vida. Al menos una vez al año como mínimo. Bueno, Europa y el desierto africano. Por supuesto, mi Moleskine sigue acompañándome. !Ay¡ Qué sería de ambos si nos separáramos. Nos hemos contado tantas cosas…
Esta vez tocaba volar desde Málaga. Se invierten, más o menos, tres horas y veinte minutos. Un viaje plácido, aunque al final termine por aparecer el cansancio.
El aeropuerto de Budapest (Budapest-Ferenc Liszt) se encuentra a unos 25 kms de distancia de la urbe. La decisión de solicitar el servicio de un taxi para el traslado a la capital fue acertada. En media hora estamos ya en Budapest.
Una vez tomada posesión del lugar de pernocta y acogida, la salida a sus calles es casi inmediata. Un montón de consejos llenan las alforjas y jamás hay que dejar para mañana lo que puedas estar haciendo hoy. La vida son momentos y hay que aprovecharlos en su totalidad.
Casi sin querer, los primeros pasos te llevan hasta la orilla del Danubio. No hay color; ni siquiera el azul. Un paseo te deja una idea vaga del pasado de este lugar. En «BoatAnik» (Barco fluvial, pero que ya no navega, solo flota atracado en la orilla) hidratamos el cuerpo. La noche tarda en llegar en esta época del año. En su cubierta superior, rodeado de otros observadores humanos, disfrutamos de las «vistas del Castillo de Buda». Tan solo es un aperitivo a deshora. Desde esta orilla, se pueden observar las elevaciones y varios de los lugares interesantes de Buda.
Tras acabar con el refrigerio, el paseo a pie es pertinente. Algunos barcos recorren el rio y rompen su corriente, en ambas direcciones, llevando pasaje y mercancías. Tan solo es una toma de contacto con la ciudad, con su rio, sus puentes y su ambiente. Una pequeña toma de contacto pero suficiente para empezar a notar lo acertado de conocer Buda y Pest. A veces cuesta elegir donde mirar. Es todo tan…
No hay tiempo casi para nada más en el día inicial. El viaje ha sido cansado y toca administrar las fuerzas. Una cena en «Parisi 6″ con final feliz (Licor Palinka, con más de 40º) hace que la jornada deje paso a un prometedor nuevo día. Desear que llegue el nuevo Sol puede ser indicativo de dos cosas, al menos. O todo va bien u ojalá el día siguiente llegue para olvidar el anterior. Budapest trasmite muchas cosas positivas y me hace desear un nuevo día por sus calles, para deleitarme.












Amanece tan temprano que pareciera que la noche apenas existiera. Sobre las 05:00 AM la luz solar es plena. Hay que dar alguna que otra vuelta en la cama para amortizar el sueño. Pero todo tiene su límite.
Solamente ha sido una noche en el apartamento. Tendremos que mudarnos, al que nos cobijará el resto de la semana, a media mañana. Así pues, toca ingerir algo antes de la mudanza. Previamente dejamos las maletas en una consigna hasta la hora de toma de posesión del nuevo hospedaje. El desayuno lo hacemos en «Vintage Garden» El desayuno parece un almuerzo en esta tierra. Por la claridad solar y por la cantidad de comida.
Se trata de un local con patio interior y decorado como un jardín, pero artificial en su totalidad. Poco trabajado el ambiente. Si llama la atención un Fiat, antiguo y de colección, estacionado y expuesto en una esquina del mal llamado jardín.
Estamos en Dob Utca (la traducción de UTCA es calle) Todo en la misma zona, apartamento y desayuno. La situación de los exteriores por donde nos estamos moviendo me recuerda a las películas ambientadas en la Gran Guerra. La entrada, tanto en viviendas como en locales comerciales, es a pie de acera con una gran puerta y su patio interior haciendo las veces de callejón.
Lo que primero llama la atención en esta parte de la ciudad es la cantidad de edificios de estilo neoclásico. Es un detalle significante de tiempos pasados de grandeza. ¡Cuánto daño hizo el Imperio Austrohúngaro! Por supuesto, es un comentario irónico. Eso, hablando de edificaciones. Los monumentos… otra calidad.
El apartamento de este primer día era espléndido. Lástima que tuviéramos que hacer mudanza para la estancia definitiva. Resignación.
Terminado el ritual del desayuno nos movemos, caminando, por parte de la ciudad. Pasamos por la puerta de una Sinagoga, disfrutamos de la grandeza del edificio que hace las veces de Parlamento y nos acercamos a la ribera del Danubio. Entre estatuas, paseantes, barcos atracados y navegando, vendedores de pases para los paseos fluviales vespertinos y un montón de cosas más, nos encontramos con un espacio dedicado a un monumento muy particular. Se trata de Los zapatos en la orilla del Danubio. La idea era honrar a los judíos que fueron fusilados al borde del río. Los zapatos lo salvaban para ser revendidos o para uso de los fusiladores. Fueron apenas un par de meses de ejecuciones o al menos eso es lo que cuentan. Del Gueto de Budapest al río, que pasó del azul al rojo. Los dramas de nuestra civilización.
Sus puentes. Si vas a Budapest, te llamarán la atención. Siete puentes para paso de vehículos y personas (hay otros dos para uso exclusivo de trenes) de diseños totalmente diferentes. Son tan famosos como sus monumentos. Algunos los puedes ver mientras navegas. Es otra forma de verlos. En esta primera mañana conseguimos atravesar tres de esos puentes a pie.
De los siete puentes, casi todo el mundo hace referencia al Puente de las Cadenas. Su nombre lo define por si mismo.
El resto… puente Margarita, Elisabeth, De la Libertad, Petöfi, Rákóczi, Árpad. Buena lista para cruzar el Danubio por diferentes ambientes.
Se pasa la mañana entre miles de pasos dados e imágenes que no se borrarán en la vida.
De casualidad, recordamos que hay que comer. Volvemos a tirar de recomendaciones y visitamos el For Sale Pub. Se trata de un pub muy particular. En España estaría prohibida su apertura. Si vas a él, busca un lugar cercano a la salida de emergencia. Sus techos y paredes están repletos de notas en papel rellenadas por la clientela. Su suelo está cubierto de paja y no existen recipientes para depositar servilletas usadas y demás. Te ponen unos cestos de cacahuetes para picar mientras esperas bebidas, por ejemplo. Podría entrar dentro de la categoría de cestos industriales. La cáscara de los mismos tienes que tirarla al suelo. No permiten fumar. Lo dicho, en España…
¿Qué pedí para comer? Coliflor frita.
Una vez acabada la aventura de alto riesgo, continuamos el caminar por las calles. Pasar por delante del muro que rodeaba el Gueto vuelve a traer mal regusto. Las condiciones en las que sobrevivían, al imaginarlas, solamente traen consternación.
En esta ciudad puedes pasar página con facilidad e ir de épocas doradas a historias de terror con solo cambiar de calle o distrito. Incluso sin cambiar de distrito.
La belleza de la Basílica Catedral de San Esteban es un ejemplo de lo dicho anteriormente, en referencia a época dorada. Se trata de una basílica menor, dentro del mundo católico. Éste edificio y el del Parlamento son inalcanzables, en altura, para el resto de edificaciones de Budapest. Por supuesto, su fachada principal planta cara al Danubio.
Llegado el momento, toca oficializar la mudanza. Recogemos maletas y nos dirigimos al nuevo apartamento. Es la misma Utca (calle, repito) y a apenas cincuenta metros de la anterior. La diferencia entre ambas es, por decirlo de manera entendible, abismal. Sus habitaciones son mucho más pequeñas y las camas… No puedo hablar de ellas. Me lo impide la justicia.
Tras una queja interna, íntima e informal, volvemos a las calles. El tiempo es caluroso, teniendo en cuenta que aun no estamos ni tan siquiera en mayo.
Nos acercamos al Gran Salón del Mercado de Budapest. O sea, el Mercado Central. Se trata de un mercado cubierto que te hace dudar si antes su uso era el de estación de trenes. La fachada podría decirse que es artesanal. Su suelo está totalmente inclinado, supongo que para dirigir el agua de limpieza. Bueno, ese es un pensamiento personal. No es el único mercado de Budapest, pero si es el más grande y, por supuesto, el más visitado. Muy cerca de él, el puente de La Libertad. Uno de los que ayuda a cruzar el Danubio.
El calor es propio de otra época del año. Es un contraste increíble ver como las edificaciones están preparadas para el frío intenso del invierno y no tanto para la época de temperaturas mínimamente elevadas.
Esa tarde tocaba hacer un paseo fluvial por el Danubio. El elegido para pasearnos en barco es el Citadella, que está atracado en el muelle 10. Elegimos ese, como se podía haber elegido cualquiera del número ingente de ellos. Será, aproximadamente, una travesía de una hora. Veremos sobre nuestras cabezas cuatro de los puentes. Elisabeth, De la Libertad, Petöfi y De las Cadenas y en cada ribera del río, bastante de lo que disfrutar. En la orilla de Buda, por ejemplo, lo primero que observamos al iniciar la travesía es la Estatua de la libertad. Siguiendo dirección Norte, vemos la edificación de los Baños Termales Gellért y la Universidad de Tecnología de Budapest. A la altura del puente Petöfi, el barco da media vuelta y vuelve sobre su propia estela de la ida, dirección Sur. A nuestra derecha, ahora, vemos la tierra de Pest. El Müpa Budapest es un gran centro comercial, con salas para conciertos y teatro, entre otras. Es patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Al continuar, vemos el Teatro Nacional (Nemzeti Színház) El seguimiento de la ruta nos lleva hasta la altura del Budapest Bálna (Ballena). Lo que era una edificación industrial, para servir de apoyo al tráfico fluvial, se ha convertido en un centro comercial, cultural y de ocio, con terrazas para tomar algo mientras se disfruta del marrón (no azul, vuelvo a repetir) del Danubio. La cubierta de vidrio tiene la apariencia de ballena. De ahí el nombre (Bálna).
A continuación tenemos ante nuestra vista el Gran Mercado Central de Budapest y un poco más adelante, cerca del Puente Elisabeth, la Inner City Parish, Iglesia con fama por su estilo neogótico y sus vidrieras.
Cerca ya del Puente de las Cadenas, vemos el Palacio Gresham de estilo ¨art nouveau¨ La curiosidad, sin motivo aparente, me ha llevado a leer algo sobre esta edificación. Al resumir lo conocido, me quedo con:
Fue un palacio de estilo neoclásico, se conformaron apartamentos ante el auge de los alquileres, se convirtió en sede de la empresa propietaria del momento, se reconstruyó como el Gresham Palace, lo hizo cuartel el ejército rojo y llegó a ser hotel de lujo siguiendo la tendencia de art nouveau. O sea, cada coma es una etapa en la vida de la edificación.
Justo antes de que el Citadella vire de nuevo, en busca del atraque 10, nos topamos con la imagen del Parlamento. Volvemos a encontrarnos a estribor (derecha) con el territorio de Buda. El Bastión de los Pescadores y el Castillo de Buda son las dos edificaciones que podemos ver antes de terminar la visita por el rio. Si la navegación coincide con la huida del Sol, y la climatología lo permite, la visión es magnífica. Coincide el atardecer con las primeras luces artificiales de puentes y edificios. Un placer para la vista. Total, es otra manera de ver la ciudad.
Como es costumbre, el caminar es la base de estos viajes. Gracias a estas caminatas he podido ver lugares increíbles. Para lo bueno y para lo mejor. Entre tanta caminata siempre encuentro al músico callejero que me roba unos minutos de atención. He llegado a escuchar a artistas increíbles a lo largo de mi vida; por apenas unas monedas te sonríen y te dedican, sin palabras, esa parte de la canción que está sonando.
Mazel Tov. Este es el nombre del lugar elegido para la cena. Está en una lateral de la calle Akácfa (Akácfa Utca). Es, como la mayoría de los locales, una especie de patio interior. En este caso es alargado, con mesas y ensanchado al final. En sus laterales tiene dependencias para, entre otras, cocina y reservados. El patio, callejón o como quiera que se denomine, está techado. Lo suyo es reservar con antelación. La cena la ameniza una banda, uniformada con ropa de años dorados de la música jazz. La música en vivo hace que la comida Israelí me sepa a gloria. Estamos muy cerca de nuestro alojamiento, así pues, estamos como en casa. Es lo que tiene este Distrito VII. Es, quizás, la zona más ambientada de Budapest. A mi me lo parece.
El primer miércoles del mes de mayo amanece con buena temperatura. Un clásico en el viaje. Hoy vamos a cruzar el rio a pie, en busca de la llamada Buda, que está en el Distrito del Castillo. El puente de Elisabeth nos permitirá su uso en la ida, mientras conocemos lo que ya habíamos avistado la tarde anterior desde el barco. La primera intención es la de ver el Castillo-Palacio de Buda. Los Reyes húngaros seguro que disfrutaron del lugar. Fue Palacio Real y también Castillo Real. Tuvo que ser reconstruido durante la ocupación comunista, pero ya eliminando cualquier signo imperial. Forma parte del Patrimonio de la Humanidad.
Lo cierto es que sus edificaciones hacen famoso a todo el lugar, no solo al Castillo. Me refiero a la zona de Buda.
La «pena» es no haber podido disfrutar de la cisterna. Se trata de una historia personal de subida y bajada a un lugar que no tiene nada que ver con lo que se buscaba. Queda entre los implicados.
El lugar (todo el entorno) necesita mantenimiento y rehabilitación. No solamente el Castillo-Palacio. También muchas de las edificaciones. De hecho, las grúas cubren el espacio con casi delirio.
La imagen del Bastión de los Pescadores, el Mirador, el cuervo con el anillo sujeto por su pico y la abundancia de locales para exposiciones dejan huella al caminar. Es difícil de explicar con palabras comunes tanta belleza junta.
Frente al Palacio Sándov el tiempo se detiene al medio día. El cambio de guardia nos muestra una película de coordinación plena.
Y para terminar de nombrar lugares, me guardo la casa museo de Houdini. Quizás el mayor ilusionista y escapista de la historia. Nació en Budapest y es aquí, en Buda, el único lugar de Europa donde se le reserva el privilegio del recuerdo. Es cierto que emigró siendo un pequeño, pero aquí se le reconoce como si su viaje a los Estados Unidos hubiera sido una actuación más. Todos tenemos un poco de escapistas en nuestras vidas.
Visto y conocido una parte de la zona elevada (Buda), toca bajar y volver a cruzar el Danubio para caminar nuevamente por Pest. El calor es referencial y un «algo» para refrescarnos se hace complicado. Las terrazas están ocupadas y no queda otra que seguir caminando. Esta vez toca cruzar por el puente de Las Cadenas. Entre pasos y paradas para admirar esas construcciones, se reserva visita para la tarde en la Sinagoga.
Es la fiesta del trabajo y muchos locales se encuentran cerrados. Así que toca improvisar un poco. Aunque estuviera pensado el tipo de comida, no habíamos elegido lugar alguno. La decisión era probar los langos. Si quieres pronunciarlo bien, tienes que hacer un sonido final como de queriendo llamar al silencio (Langosh). Es una especie de pan hecho con levadura y harina. El nuestro era de forma redonda y con variedad en su composición. Tocaba comerlo en un fast food. Eso sí, en una mesa en el exterior.
Tras algunos días hablando sobre probar el Kürtöskalács, o sea, pastel con chimenea (Kürtö significa chimenea), por fin podemos. Normalmente las colas para hacerse con ellos son bastantes alargadas. Es un dulce que se hace con un cilindro de madera, en el que se enrolla la masa quedando la forma de rollo y, a veces, también en espiral. No doy más detalles. Hay que probarlos.
Cumplido el deseo, Caminamos, como no, hacia la Dohány Sinagoga. Es la Gran Sinagoga de Budapest y está, por supuesto, en la calle (Utcai) Dohány. La más grande de Europa y la segunda más grande del mundo, tras la de Nueva York (Congregación Emanu-El). Pertenece al famoso y nombrado Barrio Judío de Pest – Distrito VII. Puede dar cabida a 3.000 persona y presenta rasgos particulares entre la reforma y lo ortodoxo, primando la reforma. Con decir que tiene también estilo neomorisco en su construcción…
Cuando se construyó la Sinagoga, la población judía era, aproximadamente, de una quinta parte de la ciudad de Budapest. En pocos años la población creció de forma increible, llegando a más de 400.000 judíos, muchos de ellos procedentes de Polonia y Prusia. Esta información y mucha más la proporcionó el guía que nos ilustró en la sinagoga. Con comentarios distendidos, transmitió una imagen bien distinta a mi pensar pre-visita. Por ejemplo, el nombre de la calle viene del tabaco. Dohány significa eso. Y como no es complicado entender, tras la pertinente explicación, se debe a que familias judías se dedicaban, entre otras cosas, a la venta de ese producto. Las tiendas y almacenes para su venta predominaban en la zona.
En su inauguración hubo presencia de la Corte Imperial, Obispos Protestantes, Aristócratas húngaros y austríacos, el Cardenal Primado de Hungría y, por supuesto, de los principales Rabinos de Hungría. Total, una amalgama de representantes de difícil traducción en los tiempos que corren. Eso sí, entre los elementos llamativos de la sinagoga, a parte del estilo, apreciamos la existencia de un órgano con cinco mil tubos y dos púlpitos. En su inauguración, el órgano sonó…
El guía hablaba de las peculiaridades del lugar y la curiosidad crecía. Fosas comunes en el interior del recinto, historias de persecuciones, anécdotas de la vida de entonces, y el Árbol de la Vida, en el exterior de la sinagoga. Tony Curtis aportó una gran cantidad de dinero para su ejecución. Su padre fue judío de Budapest. Las ramas del árbol tienen hojas de metal y en cada hoja aparecen nombres de judíos muertos en el holocausto. Las inscripciones deben ser pagadas.
Contar anécdotas también entraba dentro del precio de la visita. En ese capítulo, y para mostrar como vivían gran cantidad de judíos en Budapest (sobre todo), el guía contó su chiste: «Paseando una mujer por la calle con sus dos hijos pequeños, se encontró con otra paseante. Esta le comentó lo guapos que eran ambos, a lo que la madre le contestó, de manera natural, que sí. Qué eran hermosos y que el pequeño era médico y el mayor de los dos abogado. Un chiste malo, según el guía. La realidad que la población judía de aquellos tiempos ocupaban puestos relevantes en la sociedad húngara. Médicos, abogados, empresarios…
Los judíos de Hungría estuvieron a salvo, de la barbarie Nazi, prácticamente durante toda la guerra. De hecho, la población de la capital húngara fue diezmada en los últimos meses del conflicto. Más lo sufrieron en las provincias.
Hay que continuar moviéndose por la ciudad. También a un lugar recomendado por distintas fuentes. Toca el visitar el Szimpla Kert(mozi). O sea, algo así como «Jardín simple». Se trata de un Ruin Bars. La traducción se hace también simple. Este tipo de locales se crearon en Budapest antes que en cualquier otro lugar del mundo. Los edificios y apartamentos antiguos, con muerte asegurada por derribo, serían usados para actos variados, incluyendo el de bar. Alquileres bajos para salvar parte de la historia sirvieron para ello. En concreto, el Szimpla Kert fue el primero en darle este uso. Lo mismo te monta en su interior un mercadillo que dos conciertos y un Dj pinchando música. Lo de la música todo al mismo tiempo y en diferentes ambientes. Hay que verlo y oírlo. Una cerveza, una copa, música… ¿Qué más pedir? Para ver la importancia del local, tengo que decir que fue reconocido como el tercer mejor bar del mundo mundial por Lonely Planet.
No fue el final de la noche. Quedaba la cena. Volvimos al mismo lugar de la noche anterior. Lo único que cambió fue la actuación artística. La banda de Jazz con temas versionados dejó paso a una dúo, masculino-femenino, bastante bueno, por cierto.
La noche acabó sin degustación. El cansancio obliga.
El día siguiente ya vuelve a estar todo abierto. El uno de mayo es pasado. Ya no hay fiesta. Tocaba, por aclamación popular, relajarse y recuperar fuerzas. De todas formas había que visitar alguna de las termas o centros de aguas termales. Elegimos las Bagni Széchenyi. Sería una jornada completa con multitud de anécdotas para el recuerdo. Lo mismo estábamos en una de las dos piscinas operativas (hay una tercera, la considerada olímpica, que estaba inoperativa) al aire libre, que en cualquiera de las tantas piscinas cubiertas, ya fueran de agua fría o caliente. Cada una de las piscinas (quince, las interiores) son completamente diferentes a las otras, tanto en las propiedades de sus aguas, como a las temperaturas y, por supuesto, a su aspecto. Eso referente a las piscinas. En cuanto a las saunas…creo que tienen de todas las variedades posibles. Tal vez exagere, pero hay de varios tipos. Lo reseñable, entre otras cosas, es que son lo baños de aguas termales medicinales más grandes de Europa. En la actualidad, son dos las fuentes las que suministran las aguas. En un inicio solamente había una, pero la necesidad creció y hubo que perforar para aportar una segunda fuente; ellas proporcionan magnesio, fluor, sulfato de calcio… Total, lo que debía ser un «tratamiento» se convirtió en un exceso de arrugas por todo el cuerpo. Las horas se pasaron entre baños y saunas y parecía no tener fin.
Cuando por fin conseguimos abandonar las instalaciones, casi no parecíamos los mismos. Había que hidratarse y nació la necesidad de parar en una terraza al poco de empezar a caminar. Luego vino más paseo, mientras volvíamos a la zona de confort, pasando por la Plaza de los Héroes, Museo de Bellas Artes, Városliget, que viene a significar algo así como Parque de la Ciudad (Es el parque más grande del centro de Budapest) y alberga, entre otras cosas, una enorme pista de patinaje sobre hielo, la Casa de la Música en una edificación increible, un castillo (de Vajdahunyad), un museo de agricultura (Húngaro) y una pequeña estatua del personaje de Drácula.Total, algo digno para ver y dejarse llevar.
Para llegar a casa, y echarse una siesta tras picar algo, si hubo tiempo.
Una vez recuperados del tratamiento termal, tocaba vuelta a pasear para seguir viendo cosas. Lo cierto es que el Distrito VII tiene ambiente y mucho que ver, pero el resto de la ciudad no se le queda atrás en lo referente a belleza y riqueza arquitectónica. Una curiosidad: no pude ver ni un solo bajo vacío. Todos están ocupados por locales comerciales, bares incluidos.
Llegada la hora de la cena, elegimos y reservamos en Vak Varjú. Es un restaurante con comida típica húngara. Como curiosidad, posee un pequeño parque infantil. La comida es buena y merece la pena también por cantidad, precio y calidad.
De la noche anterior, quedaba un compromiso por cumplir. Tomar algo en Fist. Es una cervecería, o mejor dicho, es la cervecería. Recomiendo su visita.
Queda una jornada más antes de emprender el viaje de regreso. Nos queda visita a la Isla Margarita. Está situada entre Buda y Pest y entre los puentes Árpád y Margarita. La tranquilidad se transfiere a los visitantes con suma facilidad. Una idea genial es alquilar un coche eléctrico para visitarla en toda su extensión sin tener que dedicarle algunas horas para ello. Debo reconocer que era una petición propia y que fue aceptada. ¿Qué vimos? Pues un pequeño zoo, un curioso jardín japonés, la torre del agua, monumento a la unificación de la ciudad, los restos de una iglesia franciscana… Antiguamente se le conocía como la Isla de los Conejos. No sé el motivo (¿?)
El caso es que, visto lo visto, en verano tiene que ser un lugar ideal para pasar una jornada. Conciertos, terrazas para tomar algo y paseos tranquilos, son suficientes motivos para imaginarlo así.
Acabada la visita, y la conducción vertiginosa por la Isla, volvemos a Pest por el pertinente puente. Salimos justo al lado del Gran Mercado. Es ideal, porque compramos algo para comer en casa. Los días van bajando de intensidad, aunque no de interés. Queda esta tarde y medio día más para acabar la visita de Budapest.
Un nuevo paseo, alguna cerveza en lugares ya visitados y una cena para probar la cocina griega. La hora se nos echó encima y la cocina la cierran en cuanto acabamos de cenar.
Se termina la noche con una copa de despedida. En esta ciudad no se para nunca. Da igual la noche que el día. El ambiente es increíble allá donde vayas.
Ya solamente queda esperar el vuelo de regreso. Al ser por la tarde, damos un último vistazo al distrito VII (Barrio Judío) para dejarlo todo tal como lo encontramos al llegar. Ha sido un acierto esta visita.
Pronto estaré en mi próximo viaje.Lo espero y deseo.
Mis conclusiones:
Buda: Zona elevada. Tantas, o más, cosas bellas que ver…
Pest: Relativamente plana. El mismo mundo, impresionante.
Me llama la atención la riqueza arquitectónica, sus museos, puentes y la zona del Bastión de los Pescadores, sin desmerecer en absoluto al resto.
Existen más de 800 monumentos. Entre galerías y museos puede haber más de 200.
Hay un teatro de la ópera, así como otros muchos teatros. Abundan las salas de conciertos y bibliotecas.
En Budapest te puedes mover a pie, en tranvía, metro, ferrobús, autobús, alquiler de vehículos eléctricos (bicis y demás)
El Distrito VII es, con diferencia, el más ambientado de la ciudad.
Alimentarse con Goulash, Langos y Pastel Chimenea es lo más.




























































































