BERLÍN

(Bär, Oso para algunos y para otros Berl-In que viene a significar en Polabo Tierra Pantanosa)

Me quedo con Der Berlin.

Un nuevo recorrido por tierras continentales de Europa. Ahora le ha tocado el turno a Berlín.

En esencia, es una ciudad cargada de historias, aunque prefiero (manías) iniciar mi recorrido por su pertenencia al Imperio Prusiano. Guerras, conflictos, terrenos arrasados… El siglo pasado llenó esta tierra de infortunios, desde la primera Gran Guerra, pasando por la Segunda y terminando con la cirugía llevada a cabo para su partición. Un gran muro con potencias vencedoras a ambos lados marcó generaciones propias y ajenas. La guerra fría separó tanto que, para algunos, significó la mayor pérdida. Algo inimaginable en los tiempos actuales. Crímenes mal llamados de guerra siguen presentes en la memoria.

El Berlín actual no guarda ese dolor para sí mismo. Prefiere mostrarlo al mundo, para que no vuelva a suceder y para que nunca olvidemos.

Desde Málaga volvemos a volar nuevamente. No muy lejos de su aeropuerto, Berlín nos recibe con tiempo apacible. Nos han recogido en coche y al entrar en la ciudad, lo primero que me llama la atención es una cola enorme de personas ocupando un largo de acera considerable. Al inicio de esa cola hay un kiosko de comida. Realmente llama la atención. Es el Mustafa´s Gemuse Kebap. Es lo más parecido a una cola para tomar el metro en hora punta y en días de huelga.

El momento de tomar posesión del alojamiento es coincidente con el de la comida. Nuestra casa alquilada se encuentra justo frente al Hotel Adlon. No está mal, ni de precio, ni de ubicación ni de acondicionamiento.

Es hora de comer y…comemos. Curry & Burguer nos vale.

Pasear por primera vez junto a lujosas boutiques llenas de marcas de lujo, como no, provocan en mí un sentimiento contradictorio. Imaginaba otro aspecto de la urbe. Aunque realmente, toda ciudad de renombre tiene su zona de lujo. Pero claro, imaginaba ese dolor y el reflejo del mismo en sus calles… Luego debes comprender que aunque se usen las terribles historias para no olvidar, la vida debe continuar. El dolor no puede ser el dueño de la vida constantemente. La zona lujosa es Friedrichstrasse.

En anteriores viajes, el relato era por días. En esta ocasión, prefiero hacerlo como si fuera una historia sin noches y días. Un solo escenario.

Las caminatas dejan paso, de manera fugaz, a breves descansos para recuperar parte de algún dolor producto de averías mecánicas anteriores. Averías físicas.

Y la visita nos sigue llevando por lugares alejados de esta tenebrosa historia reciente.

El Centro comercial Mall Berlín es una nueva muestra de esa transformación. Fue construido en 2014, o sea, prácticamente nuevo. Tiene una exagerada oferta, variada, en gastronomía. Un breve paseo posterior nos acerca a un canal con barcos fluviales, transportando turistas. Es un paseo relajante, pero, lo dicho anteriormente, no termina de llamarme la atención.

Cerca de nuestro alojamiento, ya de vuelta, paseamos por las calles que acogen las embajadas de USA y UK. También muy cerca de allí, casi pegados a nosotros, se encuentra el monumento de Homenaje al Holocausto. En el exterior, nos perdemos por un laberinto de piedras con formas geométricas. La visita al interior la haremos en otro momento. Ahí comienzo a ver la realidad de la ciudad.

Entre calles observamos tuberías elevadas varios metros sobre el nivel del terreno, de conducción de agua. Berlín necesita aliviar sus aguas subterráneas mediante ese drenaje.

Antes de la cena, un nuevo paseo me hace descubrir, en pequeños parques, restos del Muro cubiertos de grafitis. Si te fijas bien, la calzada es recorrida por una línea de adoquines que marcan el discurrir de ese muro. Es increíble pensar que para poder escapar de una de las Alemanias hacia la otra, se pagaba, a menudo, con la muerte. Ahora es una línea en el suelo… Una simple y vulgar línea.

Y toca cenar. Restaurante Nante ECK. Que cada uno recuerde lo que comió. Por supuesto hacía falta un digestivo, Un bar de copas y combinados cubanos nos acoge. Sí, cubano. Su música, sus bebidas y sus cubanos de origen. Cosmopolita total.

En total 16 kms, paso a paso. Sigo pensando que no es el Berlín, de inicio, que imaginaba.

Amanece tan temprano en esta época del año que pareciera que no existe la noche. Desde la ventana del salón de la casa veo los tejados de la viviendas preparados para la nieve.

Cada vez que salimos a la calle es como si estuviéramos por una ciudad de embajadas. Es exagerado el espacio que ocupan las dos mencionadas anteriormente. Es como si hubieran tomado posesión no solo del espacio del edificio, sino que influyen exageradamente en el entorno.

En este día paseamos por la Filarmónica, el Aquarium y el zoo. Simplemente vemos las zonas exteriores de los mismos.

Donde sí entramos fue en la Iglesia Die Kaiser-Wilhelm. Bueno, en realidad, entrar en ella es un decir. Medio derruida, apenas ofrece al visitante la entrada. Se ha «conservado» en ese estado porque su rehabilitación parece imposible. Al menos eso creo. Está así desde los momentos finales de la Segunda Guerra, en la Batalla de Berlín. También es cierto que pudiera ser como memorial. A apenas unos metros, se construyó otra, pero sin las características propias de estos templos. Totalmente modernista.

Como no, ahora sí tocaba visitar, en su interior, el Centro de Interpretación del Holocausto Judio. Quisiera poder explicar con palabras lo que sentí al recorrer ese espacio. Un profundo sentimiento de tristeza y rabia me impiden hacerlo. Solo respeto y alguna lágrima.

Otro paseo más nos lleva al Tier Garden. Traducido, vendría a decir Jardín de Animales. Se creó en homenaje a la aristocracia Prusiana que cazaba jabalíes y ciervos en la zona. Lo atraviesa la Calle del 17 de junio. En ella se celebra cada año la Love Parade. Es una festividad multitudinaria.

¿Que dónde tomamos unas cervezas? Pues en el Bar-Pastelería Les Lorten. No tomar cervezas en Berlín es un sacrilegio.

Para esa tarde teníamos programado un paseo por el Barrio Turco. Primero paseo y luego cena. Muy turco todo; todo menos donde cenamos. Era un ¡Restaurante Hindú! Para nada significa que la cena fuera un KO. Al contrario.

Y tras la cena, como no, tocaba buscar un lugar para tomar algo. Mal asunto. Si no estaba cerrado, estaba lleno y no permitían la entrada.

Un nuevo día nos deja otra historia programada. La zona de Universidades y Museos es una visita obligada e indispensable. Tienes que respirar ese espacio, al igual que La plaza de la Ópera. Bordear el canal como si de su agua se tratara, recorrer el mercadillo, con sus artesanos y su aire festivo. Por supuesto, la visita al Museo Neues. Entrar en él es entrar a otros mundos, otras épocas y otros escenarios. Su recibimiento interior es impresionante.

Si quedas con ganas de algo más de arte, la visita a James Simon Galerie también puede resultar interesante. Es el llamado edificio de entrada a la Isla de los Museos. A nivel de calle se conecta con El Museo de Pérgamos, con el Neues, el Bode Museum y con el Altes museum. Todos ellos interconectados físicamente, tomando como inicio la ya nombrada Puerta de acceso a la Isla.

Durante estos días he sentido las contradicciones del pensamiento. Un inicio desalentador dejó paso a un tremendo disfrute de la ciudad. Comprender esa mentalidad, donde se combinan el dolor y la esperanza, te hace sentir que todo tiene su reparo. Eso sí, la memoria debe servir para mejorar el futuro.

He estado jugando una partida de futbolín en un pub inglés. He probado el sabor de cervezas de tamaño familiar. He visto la puerta de Brandeburgo desde las dos perspectivas. Construida sobre la antigua puerta de la ciudad, que dejaba salir y entrar a los que iban o venían hacia o de Brandeburgo. Esta puerta te abre el paso al Palacio Real y al bulevar de Unter den Linden. Muy cerca de allí, tienes el Parlamento Alemán, que por supuesto visitamos; en su terraza superior puedes tener una visión de 360 Grados de la Ciudad.

Tomamos una cerveza en hamacas a la orilla del rio, esperando que caiga la tarde y visitamos la Estación Central de Berlín, construida (2006) sobre la antigua estación de Lehter, muy cerca de nosotros y de todo. Tiene varios niveles de vías y tantos locales que parece una ciudad en sí misma. Sus cristaleras exteriores reflejan sus ángulos imposibles y el exterior. Es como entrar y salir al mismo tiempo.

Toda la ciudad es un museo antiguo y contemporáneo al mismo tiempo. Edificaciones modernas y elevadas se contraponen a muros con marcas de guerra y edificaciones diferentes de ambos bandos de guerra.

Para el final, un ohhh enorme para sus Graffitis en fachadas y restos del Muro. Muro que se conserva parcialmente en diferentes lugares de la ciudad. Artistas de todo el mundo ayudaron a convertir un lugar de separación y dolor en un grito de libertad y de rechazo a toda forma de violencia.

Resumiendo, Berlín tiene que ser visitado con el ánimo de conocer su historia y su presente. Debe ser un ejercicio de confianza en el ser humano. Sin memoria nunca podrá haber libertad y paz.

Con el permiso de las letras, no hay nada como las imágenes. Las galerías de fotos de este viaje no necesitarían de caracteres alfanuméricos.

Berlín y tal.
Berlín y cual.
Berlín, tal y cual

2 comentarios sobre “BERLÍN

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