CINQUE TERRE.- He vuelto a las andadas, o sea, a las caminatas.

Italia.

Parque Nacional y Patrimonio de la humanidad-UNESCO.

Una nueva senda, un nuevo camino, una nueva historia. Es lo que tiene conocer nuevos lugares para así poder vivir nuevos episodios.

Tras bastante tiempo con la cabeza puesta en el país trasalpino, por fin ha llegado el momento. Lo cierto es que no sabía por qué parte de la bota empezar. Tal vez Roma, Firenze, la Toscana… pero como a veces pasa, te llega algo inesperado y ya no piensas en otra cosa. Cinque Terre llegó a mi vida como aparece el sol tras las nubes. Así suelen suceder las cosas; flechazo y ya no hay otra cosa. La única gran duda era el exceso de turismo que podría encontrarme. La temporada turística no parecía ser un problema adicional. Realmente ha sido la única y gran duda, pero tan solo en el previo. Luego no ha supuesto ningún trauma.

Y antes de continuar con mi relato, tan solo puedo decir que ha sido un regalo esta oportunidad de conocer La Liguria y algún anexo más. Un gran regalo para los sentidos y el cuerpo. Y por suerte, como si de una muestra se tratara, he podido entrar en territorio de La Toscana. Es como el postre perfecto para una comida de gala.

La Spezia fue elegida como base. Realmente no cuesta mucho ir y volver desde/hasta donde vas o estás. Elegir La Spezia como punto neurálgico para movernos ha sido todo un acierto. Los precios y la disponibilidad de plazas de alojamiento la hacen aconsejable. Además, desde su estación de tren, en el centro de la ciudad prácticamente, hace que sea fácil y ágil moverse.

El primer paso, una vez establecido en la ciudad, es viajar hasta Vernazza. Esta ya se encuentra en el Parque Nacional. Dejas los túneles por donde circula el tren, los acantilados sobre los que parecen levitar las máquinas y vagones y, una vez en la población, comienzas a caminar en dirección a Monterosso. Serán unos cuatro kilómetros. Podría reflejar un ¨nada más¨ pero no sería justo para el que lea estas letras. Por esta zona se aprende lo duro que es ascender y descender por escalones. Es una escalera interminable, alternando con algún que otro sendero de tierra. El precio del esfuerzo merece la pena. El lugar es como visitar una exposición en una sala inmensa de arte. El paisaje, esta vez también, me ha hecho creer que estaba en un mundo paralelo lleno de luz brillante y colores tan puros como el aire que se respira aquí. Es lo más parecido a una obra divina, pero natural.

Vernazza es un pueblo donde aún se resguarda la imagen pesquera. Pequeña de tamaño, sin tráfico que te impida pasear cómodamente…

De las escaleras, decir que aunque me parecieron miles los peldaños como he comentado, merece realmente la pena, porque entre sus rampas verticales el camino hacia Monterosso deja unas vistas impresionantes, tanto de Vernazza como de Monterosso. Los montes escarpados y llenos de vegetación acaban con sus laderas en el mar. Mar de Liguria. Para hacerse una idea, el desnivel llega hasta los 170 metros en apenas 3 kilómetros de camino.

A la llegada a Monterosso, el camino te acerca hasta la playa. Esa playa es la más larga de todas las que he visto y veré en Cinque Terre. (Es curioso lo de tener que pagar para acceder a las playas principales en Italia). La playa me llega a recordar, muchísimo, a una de la costa granadina (Sp). Al final de su arenal, de color oscuro, y para conformar una esquina, te topas con una escultura creada en roca. Se trata de una representación de Neptuno y se le conoce como Il Giganti. No es de extrañar esta escultura precisamente en este lugar ya que todo esto está íntimamente relacionado y ligado al medio marino. El mar parece formar parte indisoluble de la tierra que moja. ¿Contradicción? Para nada; son uno para el otro y son el complemento ideal para ambos medios.

La comida, como no, es en una pizzería. ¨La Smarfin¨. El pueblo (Monterosso) es el que está situado más al Norte de las que componen Cinque Terre.

Finalizado el reconocimiento, con paseo, toca volver a La Spezia. Será en tren, por supuesto. ¿El precio? 5 Euros. No está mal. La intención es la de hacer cada día una senda (o dos) mientras nos lo permita la meteorología. Un ir y venir en tren o cualquier otro medio del que dispongamos. Generalmente será en tren.

Descansado, toca un nuevo día de caminata. Nuevamente el desplazamiento es en tren. Esta vez toca moverse hasta Volastra para caminar posteriormente a Manarola. En total, el recorrido será de unos 6 kilómetros. Entre las escalinatas y las pendientes, el esfuerzo tiene su recompensa. La mirada no para de trabajar, envolviendo el trayecto en perspectiva. Consigues divisar Manarola, Riomagiore, Monterosso, mucho más lejana, y… ¡gente! Mucho caminante. Algunos no aparentan seguir el camino. Me refiero a la indumentaria y los ¨arreglos¨ para la apariencia exterior. Del entorno, me deleito con los viñedos, distribuidos en bancales. Una viga mecanizada atraviesa verticalmente la escarpada costa para poder transportar las uvas.

La llegada a Manarola es justamente a la hora de la comida. Con hambre, cualquier hora es la de la comida. ¨Da Aristide¨ es el restaurante elegido. Tres horas de dura caminata requieren que se reponga la energía.

La jornada de hoy será a tiempo completo. Así pues, acabada la comida, toca iniciar un nuevo sendero. La meta se pone en Riomagiore, siguiendo la ¨La Vía Veccaria¨. Es un camino interior, distanciado no en demasía de la costa. No quiero olvidarme de las escalinatas. A pesar de ser interminables, el tránsito por ellas no se hacen tan duras como lo que aparentan. Éste mensaje de ánimo es gratuito. Para recorrer esta vía de apenas 3 km y 1/2 invertimos 2 horas. Es fácil hacerse a la idea. Se pueden elegir vías, eso si. Están clasificadas por su grado de dureza. Y ahora con seriedad…la pena, entrecomillado, es que no se puedan recorrer más senderos. El tiempo disponible no da para más. Bueno, eso y el cierre de algún que otro sendero por derrumbes. Por ejemplo, La Vía del Amore. Volverme a repetir no es un delito… Está todo perfectamente organizado, con sus controles de tránsito incluido.

Y volvemos a tomar el tren para volver desde Riomagiore a La Spezia. Se ha convertido en una costumbre, casi. Me gustaría enfatizar sobre el paseo en las poblaciones de Riomagiore y volastra. Dejarse llevar por sus calles es una señal de equilibrio. En Volastra, por ejemplo, hay que visitar la Capilla o Santuario de Nuestra Señora Della Salute. Es impagable, más que nada por el momento personal de cada cual. En su libro de visitas dejé unas letras manuscritas para todo aquel que quisiera leerlo. Lo dejo como una línea directa con la divinidad.

Y como siempre, hasta el día de hoy, vuelve a amanecer. Lo bueno es que nunca se repiten los días, al menos para mí. Por ejemplo, en este día toca cambiar el medio de transporte. Toca bus. Para tomarlo se ha necesitado una doble búsqueda en La Spezia. Por un lado la parada y por otro el lugar donde comprar los tickets. Esto último algo más intenso que la parada. La línea de bus es la 19. Nos dejará justo pasado Biassa. Luego continuaremos, a pie, ascendiendo por una carretera asfaltada relativamente estrecha. El final de la subida por asfalto es para encontrarnos con Telegrafo. El ascenso es constante. Y en el trayecto nos encontrábamos cuando oímos sobrevolar un helicóptero. Cuesta trabajo observarlo debido a la densa vegetación existente. Pareciera que se aleja y al poco tiempo como si se acercara de nuevo. Una vez en la cima se puede entender el ajetreo de la máquina voladora. Traslada cemento, sujeto por un cable, desde una hormigonera hasta alguna obra situada en plena vegetación. Supongo que estando en zona protegida el acceso hasta ella, por tierra, estará prohibido. Creo que a eso se le podría denominar respeto por el medio. Lo cierto es que el piloto debe tener más horas de vuelo que los cernícalos que observamos a lo lejos. Su destreza es palpable. Sobre todo cuando se sitúa a la altura de la hormigonera. A esa misma altura que estamos nosotros para iniciar la vía. Es la AV5T. Según la información recogida en mapa, serán otros 8 km. Todo ello para toparnos con Portovenere. Al poco de iniciar la caminata, encontramos con aparatajes para hacer fitness y otros ejercicios. La bonanza del tiempo, todavía, nos hace discurrir sin contratiempo alguno y con sensaciones agradables. Apenas hay desniveles y eso también ayuda. Algo más adelante, encontramos una pequeña área de reposo. Un kiosko dispensa bebidas y aperitivos. Los bancos, mesas y sillas hacen que el pequeño reposo sea propio de un descanso en toda regla. Para completar la postal, una pequeña capilla gobierna el espacio. Es la Capilla de san Antonio Abate. Todo esto está a una cota de 500 metros. El sol nos vuelve holgazanes, pero se debe continuar. Y ese continuar nos traslada hasta Campiglia. Justo en la entrada, una explanada con vistas panorámicas nos recibe y como no, con una pequeña iglesia presidiéndola. Su interior está engalanado para acoger alguna celebración. Como siempre, uso la imaginación. ¨Seguro que es para una boda¨ Total, siempre he sido de mis pensamientos.

Justo antes de despedirnos del mirador reparo en un grupo de caminantes. Me saludan como si me conocieran. Mi audacia me dice que son franceses, sobre todo al hablarme en ese idioma. Lo cierto es que el saludo era como de gente conocida. Y sí, nos conocíamos de la jornada anterior. Coincidimos bastantes tramos con ellos. Una veces nos dejaban paso, otras éramos nosotros los que nos apartábamos. Van muy bien equipados. ¿Su edad? Digamos que avanzada. Comen bocadillos apostados al murete del mirador y se ven verdaderamente animosos. Tengo que trabajar el tema del reconocimiento facial. Una conversación con ellos de metas y pasado cierto… y au revoir.

Avanzamos a buen ritmo hasta el tramo final. Podemos observar la parte superior de los acantilados, por fin. Ese muro casi vertical termina para habilitar la entrada a las aguas de Portovenere. Es el ultimo recorrido de esta línea costera. El acceso a la bahía es entre una isla, un islote central y el final del acantilado. Es como una entrada defensiva por el canal que forman. La belleza… ¡otra calidad!

Por fin pisamos asfalto, tras bordear parcialmente una fortaleza y dejarnos caer por una pendiente complicada. Son las 16: 50 exactamente cuando pisamos urbe. El hambre, a estas horas, es el dominante de los cuerpos. El único problema es que no hay cocina que prepare algo sólido. Casi desanimados, aparece un restaurante solidario. No hay sorpresa en el menú. Pasta. Desde la terraza del restaurante se puede observar el pequeño puerto de embarcaciones de recreo y de alguno para pesca no profesional. Para conseguir bajar la masa de pasta se decide tomar un café en otro establecimiento. No satisfechos, caminamos por el paseo marítimo un buen rato. La hora del bus no espera. La Spezia vuelve a nosotros.

Resumiendo: Discurrir complicado, incluso para hacerlo sin lluvia. El sendero tiene trampas deslizantes. Por contra, las imágenes del mar casi al final del trayecto, son las de un ataque furibundo de las paredes verticales. Impresionante. La entrada a la bahía, maravillosa. Y, desde un mirador, la vista de la Isla de Elba… Elba y sus historias de libro. Todo esto es difícil plasmarlo completamente en letras.

Y sucedió lo previsto. Al día siguiente el parque amaneció cerrado para visitantes. La previsión de lluvia así lo aconsejaba. El viento también le acompañaría. Así pues, tocaba cambiar planes y de chip.

¿Lo bueno? Tenemos frontera con La Toscana. ¿Y? Pues que iremos hacia ella. Tras muchas películas y libros sobre ella, tras imaginar visitarla…resulta que sin querer, casi, en ella estaré.

Lucca ha sido elegida para otro estreno más en Italia. No será el último, sin duda. Otro tren, con transbordo, y nuevas expectativas. El paisaje a través de las cristaleras pasa veloz, dejando a un lado altas montañas pintadas de un verde natural. Al otro lado de la vía, algunas marmolerías… En total, una hora entre raíles. Por cierto, muy cómodo y si coges sitio en la segunda planta todo se deja ver mejor.

En Lucca, el paseo nos lleva, callejeando, hasta la Plaza Anfiteatro. La lluvia, a veces poderosa (Nos sigue desde que tomamos el tren) respeta el almuerzo en la plaza. Es oval, con terrazas y tiendas a pie de calle. Una segunda planta, en las construcciones que la acogen, la ocupan viviendas. El aspecto exterior es muy parecido a aquellas películas de otros tiempos ambientadas en la Italia de posguerra. Sí, también con ropa tendida en sus fachadas. Las edificaciones parecen cansadas de soportar el paso de los años.

La ciudad está protegida por murallas defensivas. Pasearla es introducirse directamente en sus contrastes. Es fácil y agradable de recorrer en toda su extensión, incluso bajo la lluvia y sin paraguas. A veces, muchas, me entretengo en otros aspectos de las ciudades. Por ejemplo, parado ante un local de restauración. La entrada al mismo es abovedada, con forma de túnel alargado. Tras el pasadizo, un espacio abierto abrigado por viviendas forma una pequeñísima plazoleta ocupada por mesas y sillas. Una charla inesperada (siempre tengo conversaciones con extraños, da igual donde vaya y donde esté) con alguien que supuse era el dueño del establecimiento me hace sentir del lugar. Otra inesperada charla más que me acerca a las cosas de su ¨casa¨. Y termina hablándome de la realidad del momento que viven. El plano comercial, ligado al recaudatorio. ¡ Impuestos! Más que una queja parecía un lamento de impotencia.

De lo poco visto en la Toscana, a parte de Lucca, dejaré para casi el final una reseña de un lugar que me ha dejado con una sensación increíble. Es Pietrasanta, y por supuesto, Forte Dei Marmi.

Cuando la lluvia no cesa y no vas preparado para soportarla, lo mejor es resguardarse o huir. Empapado, llego de nuevo a la estación. El paso siguiente es parapetarse a la espera del tren que nos llevará de vuelta. Una vez en La Spezia, cambio de ropa y descanso un rato el cuerpo para poder salir a cenar. En los días anteriores la cena fue en Dorian Winebar. Se ha terminado convirtiendo en una costumbre. El lugar es agradable, con pequeñas terrazas en calle peatonal y con pocas mesas. En su interior únicamente hay una única y exclusiva mesa. Para cenar, lo mismo que noches anteriores… tabla variada de quesos y embutidos del lugar. Un vino de la tierra suele acompañar.

Teniendo claro que no podremos volver a caminar los senderos del parque, tocaba pasear un poco por La Spezia. Ha amanecido con lluvia y, a pesar de ello, decido darme una caminata por la ciudad. Como siempre, pongo algo de música mientras me desperezo. Aleatoriamente suena Pedro Pastor, La vida plena. Varios de sus párrafos llenan un espacio que, en ese momento, tenía libre en mi cabeza. Suelen ser espacios libres por autoelección, para analizarme y recrearme en mil y una historias. De esos momentos suelen surgir grandes historias. ¨La vida plena… hoy la mañana está cansada de discursos de papel… guarda tus prejuicios donde no los vea. Hoy no me apetece ni incomunicación ni verborrea, solo un café cien veces. Al miedo se le miente y te haces fuerte¨.

Antes de escudriñar la ciudad desayuno en el lugar de costumbre; otra vez, sí. Quiero moverme por el mercado, sacar alguna foto y olisquear.

La Spezia no te salva tampoco de las escalinatas. Tras la visita al mercado, subí varias hasta llegar casi a tocar nubes bajas. Jamás, en mi larga vida, subí tantas escaleras. Me gusta esta ciudad, su puerto, su gente, sus vistas, los contrastes étnicos…

Quedaba despedirse de Italia. Como último día, quedaba volver a Pisa para tomar vuelo de regreso. Como a la ida no se pudo, en la jornada de vuelta y aprovechando que el vuelo estaba previsto para la tarde noche, hicimos la visita de rigor. Un nuevo desayuno y listos para viajar en el Intercity. La ciudad es muy concurrida. No sé cuantas fotos pueden soportar sus monumentos. Muchas fotos y papel couché. La torre sigue en pie. Lo digo para los que proyectan un viaje al lugar. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. No es una premonición, pero todo lo que se inclina termina por caerse. Comemos al aire libre, tras ver lo que nos interesa. Toldos y lluvia. No ha cambiado nada. Algo sobre raíles, sin conductor, nos acerca hasta la terminal del aeropuerto. Pequeño, muy pequeño. Un vuelo con mucho retraso por esperar a la tripulación, que venía desde otro avión, hizo que la llegada a Málaga fuera casi de madrugada.

Un nuevo camino recorrido.

Al final, como presumía, me ha salpicado por dentro y por fuera. Tal vez termine llenando todo lo que me rodea. Ha sido de esos viajes que te hacen sentirte dentro de tu vida. Sé de qué hablo. Volveré limpio, de conciencia y de espíritu. Eso me ha aportado esta tierra. No es poco.

Curiosidades.-

Me ha llamado mucho la atención, al menos en La Spezia, la gran cantidad de farmacias que hay. Eso y la escasa distancia entre ellas. Competencia total. Igual me ha pasado con las peluquerías. Debe haber muchas necesidad de ambas. Acicalarse por fuera y arreglarse por dentro. Ahí debe estar el remedio para vivir bien.

Las comunicaciones férreas son otra de las sorpresas. Otra calidad para moverte por el país. Ha supuesto un viaje a mi pasado. Trenes y buses para trasladarme de Ceuta a Granada durante la primera parte de mi historia estudiantil. Pronto me aficioné a viajar en mi propio auto. Ya fue distinto.

Y para finalizar, como dejé escrito más arriba, quiero hacer una reseña especial a dos lugares que, por causas distintas, me han agradado bastante. Por un lado Pietrasanta. El lugar es una galería de arte en sí misma. Pareciera que todos los/as artistas del mundo tuvieran allí sus obras expuestas. Galerías de arte por doquier; todo muy variopinto. Maravilloso. Y sus tiendas de ropa o boutiques, como diría alguien que yo sé, para arreglarse a todas horas. Ropa cara, exclusiva y con mucho gusto en sus concepciones. Supongo que todo en esta vida suele tener relación. Lo recomiendo sin dudar ni un instante.

Termino con algo más que un simple comentario para resaltar algo cultural…Forte Dei Marmi. La visité de noche, acompañado de residentes italianos. La noche me impidió ver el lugar, pero tampoco me importó. Cenamos, acompañados de piano y pianista, en una terraza. Las conversaciones en italiano me atraparon, quedando al margen a propósito. Me encanta ese idioma. Lo reconozco. Te endulza, te impregna. Todo en el mismo saco.

He pasado días en su justa medida. Por mucho que haya visto o hecho, me ha sabido a poco. No han sido rápidos ni eternos. Un equilibrio perfecto.

Que sepa Italia que volveré.

Nos vemos en el desierto de Marruecos. Ciao.

Cecilia. Canción ¨Andar¨

Aunque el camino sea estrecho
Y el polvo se pegue al cuerpo
Aunque los vientos me arrastren
Yo sigo mis sendas sin lastre

Andar como un vagabundo
Sin rumbo fijo, sin meta
A vueltas de veleta
Al soplo del viento al azar
Porque el caso es andar

No me propongo destinos
Yo no quito puestos a nadie
Porque mi puesto es el aire
Como el olor del buen vino

Sabiendo que nunca es tarde
Mi pie siempre en el estribo
Y cada paso que piso
Un paso menos que dar
Porque el caso es andar
El caso es andar

No dejo rastro ni huella
Por no ser ni soy recuerdo
Yo paso haciendo silencio
Sin ser esclavo del tiempo

Por límite el horizonte
Y por frontera la mar
Por no tener ni tengo norte
Y no sé lo que es llegar
Pero el caso es andar
El caso es andar

En recuerdo de Manolo. Mi gran hermano mayor.

Imágenes de un viaje.

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