
Décimo paso. De Oporto a Santiago de Compostela.
Llegado a este punto del camino de la Variante Espiritual, tengo la certeza, tras un mar de dudas, de que es aquí donde quería estar. He leído tanto sobre esta variante que temo no llene por completo mis expectativas. Porque no me conformaría con poco. La primera de las tres etapas ha sido impactante en algunos sentidos. Tal vez como una preparación para lo que me voy a encontrar. Esta segunda etapa se la conoce como «Ruta de Pedra e da Agua». Voy a ir desde Armenteira hasta Vilanova de Arousa. Quiero plasmar en letras lo que vaya viendo y oyendo de manera concisa y para ello he decidido que lo que grabe (voz) mientras camino lo trasladaré a letras, sin manipulación de ningún tipo. Tal vez salgan frases repetitivas o tal vez giros no precisos. Ya se verá. Por cierto, estaré por la comarca del Salnés.
Son las ocho menos cinco de la mañana y empiezo mi camino ( se oye de fondo el canto de algunas aves al tiempo que suenan mis pasos). Salgo del Monasterio de las Hermanas Cistercienses y respiro como si quisiera atrapar aire de mas. Al fin, una noche plácida. Me acosté temprano porque no hay nada que hacer; no hay cobertura para entrar en internet, no puedes leer nada y las puertas se cierran temprano impidiendo que me entretenga por el pueblo. Más bien la cobertura casi no llega y va muy lento. No sé si algo tendrá que ver con el convento (la rima ha sido sin querer). El caso es que a las nueve y media de la noche estaba ya acostado. Intenté escribir algo desde la cama, pero el bolígrafo dijo hasta aquí he llegado. No sé si es un designio del señor. El caso es que me quedan 28 kilómetros aproximadamente para llegar a Vilanova de Arousa. Ayer no me garantizaron, vía telefónica, que pudiera embarcarme para realizar la tercera etapa entre Vilanova y Pontecesures navegando por la Ría de Arousa. Pero esta mañana, mirando papeles, me he dado cuenta que hay otra empresa que hace lo mismo. En la primera tiene que haber un mínimo de 8 viajeros. Esta segunda empresa trabaja con un barco más grande y entonces creo que no voy a tener problema, porque si no, serían dos etapas andando de casi 30 kilómetros cada una, creo. Tampoco es nada del otro mundo, pero bueno…Sigo el camino, temprano, y estoy delante de una fuente a la que ayer quise fotografiar, pero la luz que había no me pareció la correcta y hoy se la voy a hacer (suena el brotar del agua). Bueno, le digo adiós a… (ininteligible). (Suena el fluir del agua cada vez más lejano). Le digo adiós al monasterio, sin trauma alguno. Empiezo a salir al camino nada más poner el primer pie fuera del santo lugar, tomando dirección a la izquierda; perfectamente señalizado, por cierto. Encuentro un mapa (cartel informativo en el mismo camino). El mapa me muestra gráficamente por donde voy a pasar, marcando la cercanía de algún que otro pueblo, siguiendo siempre la ruta de senderismo del Río Armenteira. Pasaré por el puente Do Río Grande. A la izquierda dejaré el río e iré acercándome a un pueblo llamado Couso. Seguiré por esa misma ruta de senderismo y me toparé con Pontela, para proseguir hasta Aldea Labrega y Aldea de Pedra, que está al lado de Cabeza de Boi. Al otro extremo dejo San Martiño de Meis. Para finalizar, terminaré dirección a Barrantes y seguiré la ruta de Do Muiños de Barrantes (Molinos de Barrantes) hasta llegar al río Umia (Que es donde desemboca el río Armenteira).
Y nada más. Ya iré contando cosas…

A diferencia de ayer, la salida es placentera; es como si estuvieras en un parque, todo llanito y muy cuidado. Llegas a una pequeña carretera, muy curiosa, con un camino pintado en el asfalto, como cartelería horizontal e inicias la ruta de Piedra y Agua. Lo primero que encuentras es el agua; antes que la piedra. Desde el inicio ya te va acompañando un arroyo y andas entre castaños. La temperatura es muy agradable. No sé, tal vez 15 o 16 grados, al menos es la sensación térmica que tengo. Está el cielo parcialmente cubierto y daban lluvia sobre las dos de la tarde (parezco el hombre del tiempo). Se supone que a esa hora ya estaré en Villanova de Arousa. Pero bueno, no sé. De entrada, ya digo que, antes de completar el kilómetro uno, estás viendo otra calidad. Estoy sobre caminos con piedras, ahora si, agua, vegetación. Nada que ver con cualquier otro lugar recorrido desde que salí de Oporto. Tal vez me falte batería para tanta foto.

El sendero es precioso. No hay que ahorrar en calificativos, porque realmente es increíble. Por favor, no puedes confundirte (enfatizo mucho esta frase). Hay que caminar siempre, al menos en este inicio, dejando el arroyo a la izquierda, porque hay otro camino al otro lado que veo que es menos atractivo aunque apenas parezca que nos separa un riachuelo. Hay sitios en los que sólo cabe la pisada de uno mismo en este lado del rio. El lado bueno, digo. Y los molinos que me voy encontrando…de otra realidad, paralela o no. Los molinos son de agua, encauzada por piedras. Con la fuerza del agua harían la molienda. Otra calidad, repito. Estaría hablando de esto todo el día y parte de otro mañana. Ha merecido la pena el agotamiento de la etapa de ayer porque esto hay que visitarlo sin prisas. Aunque sólo se haga esta etapa. Con lluvia sería difícil pasarlo. Todo agua y nunca da la luz. No tengo más palabras. Debería dejar para el final la calificación para así no repetirme tanto. Me gustaría saber de botánica para poder explicar y nombrar lo que veo porque es tal la variedad de árboles que viven en este lugar que pareciera que no se acabará nunca. Es un día espectacular. Dos kilómetros ya por el sendero de piedra y agua y todo sigue siendo maravilloso. Es cierto que mis receptores nerviosos están totalmente operativos. Ahora tengo el rio a mi derecha. El bosque continúa, pero faltan detalles anteriores. Faltan esas piedras y recodos preciosos; también faltan esos molinos y los aserraderos. Hoy me voy a quedar corto a pesar de que la etapa se presume larga. Lo importante es no perderse al entrar, dejando el orilla del río a nuestra izquierda. Ya sé que soy repetitivo en esto, pero es que cuando más camino más me doy cuenta del error evitable que se puede cometer.
Acabo una primera parte de la ruta de Piedra y Agua, en apariencia. Sigo con la grabación.
Magnífico. Ha merecido la pena. Esta parte es también muy bonita y más abierta. Sólo veo eucaliptus en la lejanía. Seguiré caminando, mientras pueda, por este maravilloso planeta. Llevo 2,7 kilómetros. Sigo la vereda a la izquierda y acompañado por el rio. Tengo la sensación que será imposible mejorar lo visto. ¿Para dónde debo tirar? Siempre pegado al rio. No sé que más decir. Prefiero casi verlo a contarlo. Ojalá no se acabe nunca; que sea un bucle infinito. 3,7 kilómetros y sigo con el río a mi izquierda. Todo es agua, sin roca y con mucha vegetación ahora. Se está tranquilo, sin caminantes y con sonidos de pájaros y agua. Kilómetro 4,5 y aparecen las primeras viviendas pero sigue la tranquilidad. Veo un coche si miro hacia arriba y me topo con una especie de ermita pequeña con una cruz de piedra. Voy donde el agua me lleva…el líquido elemento.
Se acaba el paisaje visto hasta ahora. Veo una nueva carretera y no sé que camino me traerá. Entro en el Concello de Ribadumia y me saluda al igual que la carretera. Ha merecido la pena venir temprano por aquí. Ahora mismo son las 09:20 y el cielo sigue nublado, al contrario que mi mente. A ver que me indica el camino y a ver que puedo hacer. Sigo sin saber que palabras utilizar para explicar lo que me espera de ahora en adelante ( En mis expresiones y en mi tono se denota una felicidad casi excesiva) y por ello sigo, para encontrarlas.
En apenas 200 metros entraré en el Concello de Meis; San Martiño de Meis en dirección A gándara. La carretera queda a mi izquerda. Oigo algún claxon. Lo que cambia la vida en 200 metros (se oyen sonidos de motores de vehículos pasar muy cerca) No sé por donde ir. Veo un túnel. Miro el mapa y me he pasado del camino a seguir. Me he ido tanto que casi cambio de Concello. Cualquiera que me vea con el supermapa y yendo hacia una autopista… Vuelvo sobre mis pasos. Ahora a seguir mi camino. Sólo llevo 6 km.
He parado a desayunar y ahora voy en busca del resto de la etapa. He pasado por debajo de la autovía y nuevamente estoy en el camino. (Me dan los buenos días gente que creo son del lugar ) Sigue el río a mi lado. Es también bonita la zona. Hay luminarias y lo traduzco imaginando noches espectaculares. Banquitos de madera, campos de cultivo a la izquierda y muchas viñas. El agua siempre parece que te quiere acompañar. Por fin he visto tres caminantes. Dos chicas por un lado y un chico por otro. En Armenteira vi al menos a siete personas. No sé de donde vendrán… ¡Qué multitud!
Es increíble el río y la zona. Voy a dejar de usar este calificativo. Debo pasar por una especie de puente de piedra. Temo por resbalar y perder el móvil o la grabadora; la ropa me da igual.
El pase ha sido tranquilo. Una nueva carretera local se cruza en mi camino y busco cual es el sentido de mi marcha. 6,800 metros llevo recorridos. Es una zona nuevamente alejada del mundo. Casi no hace falta mapa; basta con las señales. Estoy cerca de Barrante (En donde se crean sus famosos vinos) y veo «chiringuitos». Uno parece que es para celebraciones, se llama Os Castaños (Donde acaba una parte de la ruta). Técnicamente es el fin de la Ruta de Piedra y Agua, no de la etapa. Paso por información turística buscando el sello perdido y me la encuentro cerrada (suenan muchos coches). El río ahora es ancho, muy tranquilo y también lleva otro nombre. Más bien es otro río. El río Armenteira cede sus aguas al Río Umia. Es una zona para disfrutar de la tranquilidad. Voy por el margen derecho del río y me pregunto si sube o si baja la corriente. Muchos viñedos, sujetos por algo parecido a vigas y muy pelados aún. Ahora cambio de margen del río Umia. 10.900 m. Etapa totalmente llana por ahora. Ya sé que voy contra río. Algún embarcadero ( hay veda de pesca) deja entrever usos variados.
Esta primera parte de la ruta, la de piedra y agua, me ha llevado por molinos, lavaderos y construcciones en piedra. La vegetación no me ha permitido ver más allá. Esto lo he aprovechado para mimetizarme y respirar muy profundamente. Tras mi paso, espero haber dejado aire disponible para otros caminantes.
Voy con muy buen ritmo. Sólo, camino sin parar. Cruzo algún puente de madera y no me separo del río. Tal vez haya bajado algo la temperatura. Ya piso asfalto nuevamente. No sé cuanto durará. Tiene buen arcén y lo que veo es bonito. Rotonda que indica Villanova de Arousa. Todo perfecto. Toco madera. Pueblo con cuatro casas. 18.500 m y empiezo una subida. Topo con una bodega de aspecto moderno. Su nombre: Olegario u Olegallo, no lo distingo. Muchos viñedos. La cuesta corta pero muy pendiente. Tal vez la única subida de hoy, hasta ahora. Hay una carretera pegada al muro de la bodega. Nuevamente eucaliptus.
Muchos mensajes escuetos. Tal vez sacados del contexto del narrador parezcan desordenados y algo inespecíficos. Tal vez, también, demasiados datos muy puntuales, dando por sentado que los demás ven lo mismo que estoy viendo yo en ese preciso momento y no hace falta más explicación. Es como saber que están ahí…los demás.
Espero respuesta sobre el barco. Si no pudiera hacerlo tendría que caminar bastante. Llevo tiempo con ganas de hacer el Traslatio. A ver si tengo suerte y llenamos el cupo para poder navegar. Si veo que no me llaman recurriré a la supuesta otra compañía. Ahora veo al fondo la ría y un montón de casas. Totalmente de bajada el camino. Voy por carretera local con muy poco tránsito. Busco donde comer y descansar. Tambien cargar el reloj y el móvil. Casas de piedra, de ladrillo que van rellenando la placentera imagen.

Como un filete de pollo y patatas fritas con corte casero. Albariño servido en cuenco humedece el contenido sólido. En fin, estoy a muy pocos kilómetros de Villanova y ahora si veo lo que es «el camino». Eso es lo que me trasmite. Ah, como en San Roque Do Monte.
Desde aquí a mi destino hay poco. Sigo sin llamada del barco. Cruzo dedos.
He llegado hasta la ruta del río Umia para dejar Ribadumia y ahora camino por Vilanova de Arousa. Me cruzo con una curiosa estatua. Es un burro. Luego miraré a que se debe ese homenaje. Han pasado apenas un par de kilómetros y ahora huelo el mar. Lo huelo y lo toco. Es la playa de Castelete. Veo un puente que parece unir el continente con la Isla de Arousa. Bueno, no parece, lo une. Y ya voy costeando, creo, hasta mi destino final de hoy. Un par de playas hacen que el paisaje sea diferente. Paisaje bonito también.
Cruzo el puente final. Mis pasos me llevan hasta Vilanova. Ahora sólo toca encontrar mi alojamiento. Por cierto, ni me han llamado del barco.
Termina la grabación. Termina la ruta. Ahora queda cruzar los dedos para poder hacer el día de mañana la Traslatio. Cenaré algo y pasearé un poco por la población. Buscaré un plan B por si…














































