
De estas experiencias, sobre todo viajeras, surgieron algunos de mis más profundos pensamientos. Es por ello que, ahora que no debo hacerlo (viajar), me siento ávido de continuarlos. En las alforjas, que andan a la espera de ser transportadas, se acumulan los destinos. Marruecos intenso en todo terreno, alguna isla griega en kayak, senderos para calzados domados, Europa, para tachar zonas, y demás países pendientes…
Es una pena que la inercia viajera se haya detenido bruscamente por esta increíble situación. Un virus contorsionista que nos lleva de una ola a otra, pasando por «mesetas» y «uves», nos tiene confinados sin ataduras visibles. Mientras miramos una y otra vez nuestros planes escritos en servilletas de bares, durante interminables sesiones de exaltación de la amistad, el mundo se contrae, los amigos se distancian y los miedos nos acechan.
Así pues, decidido a no dejarme llevar por las circunstancias, voy a intentar dejar de lado (dentro de lo que cabe) toda la incertidumbre que me rodea. Si no viajo, lo imaginaré.