Una vuelta por el Alto Atlas . Marruecos.

 

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Pretendía que la serie fuera de dos viajes por Marruecos y se transformó, por obra y gracia de palabras convincentes, en una trilogía. Necesariamente debería ser una internada por el Alto Atlas.

La bajada hasta el perfil que buscamos es siempre por carretera. Buenas carreteras últimamente. Es normal que tras tantos kilómetros por asfalto la llegada a la arena, la pista o la carretera quebrada supongan una respuesta emocional de huida de lo cotidiano.

Se suele hacer, previo al viaje, una programación de etapas que sirven fundamentalmente para organizarse y disponer y repartir el número de días.

Es cierto que la entrada al Alto Atlas es siempre (sobre todo en ciertas épocas del año) una incógnita a la hora de cumplir objetivos. Siempre tiene que haber un plan B que sirva de escapatoria y al mismo tiempo, de abrir opciones para no quedar atrapados en un final de viaje de forma anticipada. En esta ocasión, el tiempo ha acompañado en todo momento y ha posibilitado la culminación de la mayoría de lo objetivos previamente predefinidos sin necesidad de usar ese plan B forzoso.

 

El grupo está compuesto por cuatro vehículos 4X4 con distintos niveles de preparación. Desde lo más básico, hasta los apoyos más avanzados, tanto mecánicos como electrónicos, que puedan servir de recurso a la hora de afrontar las distintas situaciones que llegaran a  suponer cualquier  contratiempo que se encuentre en los numerosos tramos de travesías.

A la salida, el grupo se había dividido en dos para poder recoger a Guillermo (déjà vu), que venía de Madrid en vuelo hasta Tánger. Una vez reagrupados y comidos, emprendimos la ruta en busca de kilómetros que nos acercaran lo máximo posible a la zona de influencia del Atlas. Con la llegada de la tarde y con la suficiente luz del día, llegamos a Mohammedia, así renombrada en honor a Mohammed V (Antigua Fédala). Es una ciudad con una gran importancia turística que sirve de lugar de ocio a los habitantes de Casablanca y alrededores. Su puerto fue construido en una bahía natural y hoy en día es básicamente un puerto petrolífero que sirve de complemento al importante puerto de Casablanca.  Tomamos como alojamiento el Hotel Les Sables. Esta primera jornada fue coronada sin ningún tipo de contratiempo digno de mencíón.

La mañana siguiente llegó a su hora. Tocaba desayunar en carretera y en esas estábamos cuando comenzaron a surgir  una serie de problemas (todos ellos relacionados con un sólo vehículo y un monotema: la batería). El caso es que tuvimos que llegar hasta Berrechid, ya camino de Settat, para intentar solventar el incordio que suponía para la conducción la falta total de referencias en el cuadro de mandos que se había desconfigurado totalmente. Como era un tema eléctrico, había serias dudas de encontrar ayuda fuera de un servicio oficial. Al menos eso pensábamos. Tuvimos la suerte, tras utilizar el comodín de internet, de solucionar el problema sin necesidad de ayuda física externa. El día comenzó mal y así continuó durante casi toda la jornada. El caso es que ya en autopista, cometimos un error de principiantes de tal manera que el grupo se dividió en dos, yendo tres vehículos por un lado y el otro por el contrario. (Nunca, nunca, nunca, se debe separar un grupo. Si se pierden, se deben de perder todos juntos). Es en estos casos cuando te das cuenta lo difícil que es dar la vuelta en una autopista en esta zona. También te das cuenta lo importante que es llevar operativos los teléfonos móviles. Uno para Settat, otros dirección Beni-Mellal, así quedó la expedición.  El descuido costó al grupo de tres hacer más de 100 kms para volver a la ruta en busca del componente que faltaba. Tuvimos que volver dirección Borouj por carretera nacional en busca de la autopista que nos llevara de nuevo al camino. Con 35ºC y a finales de Octubre… Pasado Borouj, los cultivos a ambos lados de la carretera se mezclan con la aridez del entorno dejando en la retina lo que pudiera llamarse «la contradicción del clima». El caso es que, después de unas horas y más de un centenar de kilómetros, contactamos con el vehículo «abandonado» ya  cerca de Fkih B. Salah. Al menos tuvimos la suerte de coincidir en la decisión de seguir hasta un punto donde poder converger. Tras la charla, alguna cara larga y la explicación más o menos convincente y pertinente, reanudamos el camino que nos llevaría a las Cascadas de Ouzoud (Oliva en bereber). El inicio del tramo de carretera tras Fkih es en elevación. Desde hace relativamente poco, el acceso a las cascadas se puede hacer desde la población de Ait Aatab por un poderoso valle, recorrido por el rio Oued El Abid, que facilita, por su orografía, buenos olivos y almendros. La carretera se vuelve relativamente algo peligrosa sin llegar a ser extrema. Se suceden los puestos de miel a orillas del camino serpenteante de 2/3 kms de subida; los mismos kilómetros y las mismas condiciones que nos encontramos en la bajada. No pasan muchos kilómetros y nos topamos con un terreno arcilloso que da colorido al camino. El color rojizo es muy marcado en éste sector. Realmente te absorbe la intensidad del contraste que supone la variedad de los tonos cromáticos. En la carretera, nos movemos a una altura de entre 700/800 metros, siempre dirección a Azilal en este horario de  tarde. Tras el tramo de subida y  su posterior bajada, entramos nuevamente en zona de ascensión entre montañas formando un cañón. Ahora si vemos vegetación en forma de enebros y pinos. En esta localización no se llega a pasar de los 900 metros de altitud.

https://youtu.be/MIK64IeEzd8

Ya en las cascadas, y con luminosidad suficiente, contactamos para el alojamiento  desde el mismo parking del pueblo. Dejamos para la vuelta de la visita guiada la supervisión del lugar de reposo nocturno. Desde un principio tuvimos el acompañamiento de Rachid. Nos llevaría, nos explicaría…IMG_5445El camino de la visita, que está casi totalmente parcelado con cañizos entrecruzados que acogen a pequeños campings, restaurantes y huertos, te lleva a los pies  de un observatorio magnífico que te ofrece la vista incomparable de las cascadas. Tal vez las cascadas más altas de Marruecos, y que están  situadas en Tanaghmeilt, son un reclamo turístico de gran importancia para la región (Azilal). El recorrido de la visita es circular de tal manera que bajas por un lado y luego subes por unas interminables escaleras nuevamente al pueblo. IMG_5443.JPGEstábamos bajando para llegar al observatorio cuando nos topamos con la imagen de una pared rocosa vertical que, según Rachid, es utilizada de forma frecuente para escaladas con posterior descanso nocturno en una enorme cueva, de las varias que hay, situada en  la pared. Nos comentó Rachid que suele ser un grupo portugués el que realiza esa práctica. Entre charlas y curiosidades que nos cuenta, me quedo con la respuesta a la pregunta sobre lluvias y sus problemas colaterales. Nos narra la historia de una riada que sucedió en 1996 y que acabó con la vida de unos campistas franceses que se localizaban a pie  de las cascadas.

Mientras recorríamos el camino de las cascadas a pie, nos interpeló una persona tras oírnos hablar español. Se presentó como Karim el gaditano. Que vivía en la provincia de Cádiz, que tenía alojamiento para nosotros, que ningún problema… El caso es que tras un intercambio de información de lo que buscábamos y de lo que ofrecía, quedamos en hablar tras la terminación de la visita turística de la cascada. Visto el primer alojamiento y no convencernos, fuimos a ver el de Karim. El precio incluía cena y desayuno en una terraza que hay en el centro del pueblo que, curiosamente, era de su padre. Lo cierto es que el precio y la cena/desayuno no estuvo mal. En la cena, concretamente, pudimos degustar nuestros vinos y cervezas sin ningún problema. No es que sea algo excepcional por esta zona pero, hacerlo al aire libre, a la vista de todo el mundo…

Y amaneció. Era domingo e iniciábamos el tercer día de ruta. Desayunamos en el restaurante del padre de Karim. De todo un poco: té, tortilla, raifas; adornándolo con miel, aceite y ¡nutella! La garantía de fuerzas para la nueva jornada estaba garantizada. Mientras cruzábamos el puente situado justo al lado de la plaza donde desayunamos y que ayuda a salvar el rio Oued Tissakht (está en obras para acondicionarlo contra subidas rápidas del nivel de agua que, aparentemente, son corrientes en esta parte del rio), observamos en la parte superior, justo coronando el conjunto de montes que bordean la zona, una construcción a la que hizo referencia el día anterior Rachid.  Nos habló de un futuro hotel de lujo. Desde nuestra perspectiva, impresionaba.

Nuestra primera intención en la jornada era la de visitar un puente natural muy referenciado en gran cantidad de foros, en dirección a Ouazarzate. Nos movemos entre montañas con curvas sin fin pero de asfalto aceptable. Las laderas se cubren de enebros y pinos dejando imágenes para nuestro recuerdo verdaderamente impresionantes. También impresiona, ahora negativamente, la falta de agua en el cauce que nos acompaña.  Nos topamos en el camino con la primera población «reseñable» a la salida del valle. Apenas unas pocas casas lo configuran. Se trata de Ait Taguella. Lo dejamos atrás tan rápido que apenas da tiempo a recordarlo. El camino continúa -cielo azul intenso con temperaturas veraniegas- dejando que la palabra sea sustituida por la vista. Enlazamos con una carretera que nos llevará dirección Oeste, siempre buscando Ouazarzate y, tras no muchos kilómetros, se oye por la radio la palabra Souk. Zoco del domingo en la orilla derecha de la carretera. Es la zona de Tanant. Ocupa un recinto totalmente llano y amplio. Puestos de todo tipo y colorido se reparten por el mismo. El humo y los olores de la comida inundan la carretera al paso fulgurante de nuestros vehículos. A la velocidad que llevamos no tardamos mucho, al pasar una loma cercana, en ver las primeras estribaciones del Atlas. Más al fondo, las grandes cumbres y algún pequeño vestigio de color blanco. A estas alturas ya vas pensando en los caminos que encontraremos en la alta montaña y si las pistas estarán en condiciones para el franqueo. Si, a veces corre más la imaginación. Antes debemos llegar y aún queda al menos una jornada más.

En un siguiente cruce tomamos dirección Marrakech. Sólo es su dirección. Para nada se convertirá esta vez en destino.

Empezamos a subir de cota y poco a poco nos plantamos en los 1065 metros. La temperatura (18 ºC.) es excepcional y atípica para esta época del año (entiendo).

¡Y tan sólo son las 10.30 A.M. !

La carretera te deja ir en paralelo a las altas montañas. Nuevamente consigue, el panorama, que te quedes absorto. Si no es por la falta de vegetación es por las construcciones esporádicas que te encuentras. Y si no, por cualquier otra cosa que no podrías ver en ningún otro sitio que no fuera este.  Y es en esta ruta cuando nos cruzamos con un primer grupo de moteros. No es que vaya a ser una constante, pero ya veréis como aparecen más veces en el relato. Las carreteras de por aquí tienen ese embrujo que les empuja a seguirlas. Es a la altura de Tanant dónde nos los cruzamos y dónde también nos encontramos los primeros puestos de ventas de granadas y limones a pie de carretera. También abundan los borriquillos (tan pequeños que, aunque quisiera, no les podría llamar burros) y mulas. Son herramientas esenciales para los habitante rurales de esta zona; y aquí casi todo es rural…

El camino se vuelve revirado y las pequeñas poblaciones se suceden como si de un mapa en papel se tratara. Disfrutando de la vista, nos topamos de frente con un vehículo con una avería en el acelerador, seguro. Es el coche de apoyo de los moteros. Estupefactos, al cruzar la mirada, con el rayo en forma de vehículo, nos damos cuenta que lleva en su interior un pequeño en el asiento trasero. Y para colmo, lleva carro de remolque para las motos. Lo menciono porque me parece una temeridad ir con tan poca luz mental y tanta velocidad por esta zona. Quisiera entender sus motivos pero me es imposible. Con lo que significa este lugar para la contemplación y la relajación…

Pasados unos kilómetros, cambiamos de carretera y tomamos dirección a Demnate. Está enclavada  en el valle que recorre el Oued Dema, y pertenece a la provincia de Azilal.  Es una localidad de población media. Era un punto de paso entre el Atlas central y el Suroeste marroquí. En la antigüedad, fue un centro de peregrinación, tanto musulmana como judia. En la actualidad, su aceite, las almendras, la miel, las pieles que surten a Marrakech y el trabajo con la arcilla roja suponen una parte importante de su actividad comercial. Sus casas tienen un color verde especial (verde demnati). Una vez pasada la población y en apenas 7 Kms, vuelve a aparecer la vegetación que habíamos perdido por el camino y con ella el primer destino que buscábamos. Se trata de una transición por suaves montañas que nos dejarán a las puertas del puente natural. La formación del puente natural se debe a la acción erosiva del Oued (rio) Mehasseur. Su paso por entre estas montañas es a modo de cascadas continuas. El nombre en bereber es «Imi n’Ifri. Según nuestro guía (adjudicado sí o sí, acertadamente por cierto) significaba «la boca (imi) del puente(n’ifri)». Popularmente, según he podido comprobar, se le suele llamar «La puerta del abismo» o «La gruta del ogro». Siendo zona Bereber, lo normal es que tuviera leyendas que adornaran el lugar. Y así es. Al menos dos. Según quién te la cuente, puedes oír la del monstruo que habitaba bajo la roca del puente y que se dedicaba a horrorizar a los niños o la leyenda romántica que, ante la imposibilidad de la unión de dos amantes por culpa de las familias, estos, al tomarse de la mano, se convirtieron en piedra y así seguirían por los siglos de los siglos… Esta última leyenda es tan conocida que incluso, a día de hoy, muchas mujeres asisten al puente natural previamente a su boda, como si de un ritual se tratara.       https://youtu.be/wuwWsXaNErM

Volviendo a la realidad, la visita del puente se suele realizar en forma de circuito. O sea, bajas y accedes por un lugar, y subes por otro. Merece la pena bajarse y recorrerlo. Siempre que la bajada de agua por el río lo permita claro. IMG_5464Durante el descenso, y  desde  una perspectiva determinada, el ojo del paso es un mapa del continente africano. En la zona del cauce aparecen «chovas» «»piquirrojos» y «piquigualdas». Todas ellas aves.

Terminada la visita, reanudamos la marcha. La salida del pueblo por carretera es en ascenso y con vegetación de montaña. Hay zonas de pic-nic muy próximas al  puente; a apenas 1 km. Muy cerca de aquí,  según el guía, hay huellas de dinosaurios…ahí lo dejo. La carretera es de montaña media y bastante buena y durante su recorrido observamos, no muy lejos, zonas de umbría con pequeñísimos restos de nieve. Es casi lo único de nieve que veremos. Para imaginar la situación, una muestra. Yendo por un tramo de 1.380 metros de altitud, nos acompaña una temperatura de 27ºC. Y pensar que sólo traje ropa de abrigo para este viaje por las alturas… Me autoconvenzo, observando a lo lejos pequeños grupos de nubes grises que coronan algunas formaciones montañosas, de que cambiará al menos un poco la temperatura y se acomodará al mes y al lugar en el que estamos. Diría que estaba  casi rogando que aquellas nubes lejanas trajeran viento fresco cuando topamos visualmente con la imagen de  la catedral de piedra. Esa visión relativamente lejana/cercana era nuestra próxima visita. La imagen es imponente. Hasta entonces, el ascenso constante nos lleva por una altura aproximada a los 1700 metros. Desde esa altura, la vista del Ighil M’Goun con sus 4.071 metros, es excepcional. Una parada para hacer de todo era obligatorio. Observar, beber, picar algo… En el camino vamos dejando por las laderas encinas, enebros y lentiscos. La casi carretera es muy estrecha. Si tienes la mala suerte de encontrarte con tráfico en contra puedes asegurarte trabajo extra para sortearlo. Nosotros nos encontramos con dos vehículos en contra pero tuvimos la suerte de contar con la generosidad de ambos. Maniobraron de tal manera que dejaron el camino expedito para nuestro paso. Pasada una hora del medio día, continuamos por esta carretera de montaña, totalmente motera y cuya anchura da, exclusivamente,  para un sólo vehículo. La carretera te hace ascender y descender pero no por debajo de los 1.600 metros. Lo que no baja es la temperatura ambiental. Es una barbaridad el calor que hace en estas altitudes (23/24ºC). La ladera por la que nos movemos es la complementaria del valle del que forma parte. El adjetivo que tengo en mis anotaciones es el de «precioso». Mientras transcribo los apuntes a este blog, me recreo con imágenes. No me gustaría olvidar jamás lo visto. La profundidad del valle supera varios cientos de metros por lo que la atención en la conducción es obligatoria. Como apenas hay agua, la apariencia de sequedad es inquietante aunque, a veces, pienso que es mejor que aun debiendo ser así, lo ideal es que lo haga  cuando no estemos por aquí, sobre todo al pasar por zonas arcillosas. Sin llegar a bajar de altitud prácticamente, la pista/carretera te hace navegar a la altura misma del cauce. El asfalto se va perdiendo por tramos y las construcciones salpican las laderas con desigual disposición.

Suena una voz por la radio advirtiendo de algo que me resulta inconcebible pero que, viniendo de quien viene, lo tomo como creíble: «cuidado por esta zona, que se han dado casos de apedreamientos por parte de chavales».

Durante todo el recorrido, hasta ahora, las casas que veíamos eran de construcciones arcillosas, o sea, adobe. En el punto por el que transitamos empiezan a aparecer construcciones de piedras. Es evidente que  usan las herramientas que les da la naturaleza y que les exige el medio. Los cruces con torrenteras se suceden con más asiduidad al tiempo que la ascensión continua. En 35´ pasamos de los 1.870 mts a los 2.000mts. En ese espacio de tiempo, los árboles han desaparecido de la vista y el asfalto apenas ha cambiado. Sigue estando en mal estado y la estrechez es pertinente. Los turbos respiran con dificultad dando bocanadas más amplias para acaparar oxígeno que los alimente. De los 2.000 mts a los 2.200 mts de altitud el estado de la carretera empeora de forma drástica. Coronamos sin complicaciones e iniciamos el descenso paulatino pero constante.  Durante la bajada observamos a nuestra derecha una loma sin vegetación en sus laderas. Lo curioso es cuando la vista se enfoca hacia la cima. Hay un árbol, enorme, rodeado de algo parecido a un muro protector. Seguramente tendrá un significado para los habitantes de la zona pero no llego a adivinarlo.

La carretera sigue estrecha pero ahora ha mejorado considerablemente. IMG_5483Son las 14:00 H y el cuerpo pide alimentación. Paramos en una salida de carretera que permitía, tras unos metros ascendentes de tierra, el estacionamiento de los vehículos. Montado el tinglado y con la suerte de poder disfrutar del entorno, charlamos  y comemos las viandas que traemos desde casa. La temperatura debería ser gélida (como no paro de repetir) para la época del año pero seguimos acompañados con la benignidad de meteo. La ruta que estamos siguiendo  es la R-307. Junto a la comuna de Ait Tamilil nos desviamos  a la izquierda sin pasar por el pueblo. A todo esto, decir que  seguimos dentro de la provincia de Azilal. En este punto me topo con algo que llama mi atención. Un microbús tiene rotulado en su exterior la leyenda de «transporte mixto«.

La continuación del camino nos lleva a alejarnos, en vertical,  del cauce del río. O sea, lo que hace apenas un par de horas era un discurrir a la altura del cauce, se convierte en una vista diminuta del mismo desde lo alto de la montaña. Desde esa altura si observo ahora el correr del agua; no mucha pero al menos lleva. Tras una hora y 15´ desde que acabamos la comida, llegamos al fin del encajonamiento entre montañas. Hemos dejado atrás un camino irregular, con asfalto roto y desprendimientos. ¿Cómo serán los próximos kilómetros? Ya veremos.

A pesar de abandonar la carretera el modo encauzamiento entre montañas, nos seguimos moviendo por altitudes rondando los 2.000 metros. Eso sí, la visión que nos aporta el camino ahora es amplia aunque la ruta no deja de ser revirada. Encontramos barreras de cierre de carreteras, por supuesto levantadas, esperando a las nevadas que aíslen la zona. El cauce vuelve a perder su líquido elemento. Casi no puedo creer lo que veo. Este cruce del Atlas por estos lugares es bastante fluido. El tráfico es escaso, al menos cuando pasamos nosotros. Es cierto que la climatología es cambiante entre estas montañas y en cualquier momento el tránsito por estas rutas  puede prohibirse, aunque lo normal es que se interrumpa sin necesidad de prohibirlo. La apariencia es que esto sucede varias veces por año y posiblemente por largos periodos.

Es media tarde cuando, aun navegando por zonas de curvas sin fin, aparece ante nosotros la llanura. Una llanura extensa, excelsa, imponente. Desde arriba (1.700 mts), vemos la planta termosolar Noor,  que viene a tener unos 5 kms de longitud. Es inmensa, llamando la atención su enorme torre central de 250 metros de altura. Fue inaugurada en 2016 y consta de varias fases para su conclusión llevando la marca España a estos lugares. No solo vemos la planta. También vemos parcialmente el embalse de El Mansour Eddahbi, alimentado sobre todo por el oued (río) Dades aunque también recibe aporte del Oued Draa, pero en menor medida.

Ouazarzate nos recibe con luz suficiente y con temperatura de 31ºC. No es una errata. Sigue siendo domingo 27 de octubre. No paramos en Ouazarzate (ni estudios cinematográficos) porque pretendemos aprovechar la luz del día que nos queda para llegar a Aït ben Haddou. Está muy cerca, así que no hay mayor inconveniente. Nos alojaremos en el Hotel La Kasbah. El precio (250Dh/aprox 25€ por persona) incluye cena y desayuno y está bastante bien. Se nos acaba la jornada y decidimos hacer una visita relámpago y previa  al Ksar  para abrir boca. La idea es levantarnos al día siguiente y hacer un recorrido por su interior. Así pues, una vez dejadas nuestras pertenencias en el hotel, atravesamos el cauce seco del rio Ounila antes de que el Sol se caiga hacia el otro lado del mundo. Y pensar que este cauce sin agua tiene crecidas que hacen que el Ksar quede prácticamente inaccesible desde el lado en el que nos encontramos…

Es lunes. Amanece tanto que la luz penetra por las rendijas de las ventanas de la habitación. Aseados y descansados, vamos a un restaurante que está a diez pasos del hotel. Es el desayuno que incluye el precio. Ahí también cenamos la noche anterior. En la parte superior tiene una terraza con unas vista magníficas al Ksar. La incidencia de la luz del Sol, al ir elevándose, hace que los tonos cromáticos vayan cambiando constantemente al encontrarse con las construcciones de adobe. Sentados en la terraza, solamente acompañados por un señor mayor que ocupa una pequeña mesa y que entiende el español perfectamente, me siento  impregnado por el ambiente. El día es perfecto en sus inicios. Pasado un tiempo, aparece un grupo. Turistas, por supuesto. Como nosotros. Se pierde el encanto y por tanto la tranquilidad. En esas condiciones, mejor emprender la visita del Ksar. Es temprano y hay que aprovechar las horas del día porque la jornada será larga. En dirección a la visita (sólo hay que cruzar el cauce que está seco ahora o bien andando por el o a través de un puente)  nos topamos con un equipo de grabación. Están realizando tomas con drones. Por lo visto, no es fácil obtener estos permisos en Marruecos. Al equipo de grabación le acompañan un par de gendarmes que no quitan ojo al vuelo del aparato.

En la puerta principal (hay dos) de entrada a la «fortaleza», se agrupan algunos guías en corro y también por separado. No más de 6/7 de ellos en total. La visita va a ser obligatoriamente dirigida por uno de estos guías. No es costo al que ponerle pegas. Pagas la entrada al Ksar y negocias con el guía el precio de sus servicios por otra parte.

«Situada en la zona de influencia del Valle del Dades, es declarado, por la Unesco, patrimonio de la humanidad en el año 1987«.  Así comienza Yasmín, una vez superado el contrato verbal de la visita, el  recorrido por el Ksar. Aït Ben Haddou es un asentamiento que posiblemente date del siglo XI. Como en la mayoría de los Ksar, buscaban un paso de mercadeo con agua cercana y zonas de cultivos, a parte de la protección de sus habitantes tras sus muros. El nombre de éste Ksar, en concreto, viene a significar algo así como tribu del  hijo de Haddou. (Aït en Amazigh, que es el idioma Bereber, significa tribu). En el interior de sus muros se encuentran seis Kasbah´s. Las Kasbah´s son construcciones en forma de fortificación. Antiguamente vivían muchas familias en el ksar pero el deterioro del lugar (necesita constante mantenimiento) les hizo cruzar el cauce del río y asentarse a apenas unas decenas de metros cruzado el río. Hoy en día esa población del ksar es la que vive al otro lado. Ahí es donde están la mayoría de alojamientos y restaurantes. Dentro del Ksar apenas quedan 20 familias, una de ellas la de Yasmin. La palabra Kasbah y sus derivadas, tienen varias acepciones (ciudad vieja, torre de vigilancia…) siempre según de la zona donde se use. En la zona de Marruecos normalmente se refieren a construcciones dentro de una zona fortificada y/o medina. Yasmín nos comenta que ellos entienden por Kasbah una zona, dentro del Ksar, protegido por un muro que tiene cuatro torreones en sus uniones,  y con terreno despejado en la parte central. Luego, mientras nos movíamos por los rincones del lugar, nos habló un poco de los antiguos habitantes. Había una importante población Judía que convivía armoniosamente con los musulmanes. Yasmin cuenta que el trasiego de sal era el principal comercio de los judíos del  Ksar. de hecho, el barrio judío es conocido como «Melah» lo que viene a significar «sal». Es más, remarca que actualmente reciben visitas de descendientes de esos judíos añorando ese pasado de sus ancestros. Quedan vestigios  de una sinagoga que estaba situada en la parte superior del complejo, al lado del Agadir (granero). Mientras Yasmin nos contaba esa parte de su historia parecía como si echara de menos aquella confluencia con sus vecinos judíos. Al menos es la impresión que me dejó. La visita guiada acabó en «su casa».  Por supuesto preparada para ser visitada por los turistas, incluyendo venta de alfombras, claro. Lo que no podrás dejar de oír  y ver son las explicaciones sobre la cantidad de películas y series grabadas allí. Y verás fotos por todos lados con ese tema. Casi todos han actuado de dobles en alguna de ellas.

Para el abastecimiento de agua, tanto de beber como de riego, se debe profundizar bastante en la tierra ya que es salobre. A pesar de esa dificultad, no faltan los pequeños huertos productivos. Cuando nos dirigíamos la tarde anterior a Ouazarzate llamaba la atención como parte del terreno se veía blanqueado. A veces parecía que era por congelación o nevada reciente. No se correspondía con la temperatura tal suposición. Era la salinidad del terreno. Dato curioso.

Terminada la visita, nos disponíamos a recuperar la ruta y volvieron los problemas eléctricos. Ya sabíamos como solucionarlo pero no podía ser que cada vez que se parara el vehículo se tuviera que hacer la «maniobra de reanimación». Emilio decide que ya no habrá más maniobras y que todo pasa por cambiar la batería. Así pues, vamos camino de Ouazarzate y ya que vamos, se buscaría el cambio. Volvemos por la misma carretera de la jornada anterior. Cuando se inicia una ruta del tipo que se avecina, hay que llevar lo más cargado que se pueda el vehículo de combustible y como de camino hay una gasolinera de Afriquia, decidimos repostar todos los vehículos en ella. Allí se nos presentó, como comercial del hotel Albaraka, un tal Dani. Lo que se suele decir en estos casos y por estas tierras: «Preguntad por mí para la próxima visita, cualquier cosas que queráis; viene mucha gente de vuestra tierra y yo les organizo…» Tomado el teléfono por cortesía y porque quien sabe cualquier día, intentamos reanudar la marcha. Vuelve el problema eléctrico. O sea, si había alguna pequeña duda, quedaba resuelta. Preguntamos al comercial y nos hace el primer servicio. Nos indica donde podemos comprar la batería. Está cerca y además es sencilla la búsqueda. De camino vemos un efecto muy curioso en el cielo. Es un efecto luminoso provocado por la torre de la planta solar. Es como si se estuviera produciendo una aparición, un milagro. El brillo es intenso, como una estrella de día. La música de KT Tunstall da el toque auditivo perfecto.

La batería explota literalmente mientras es manipulada por el personal de la tienda. El susto es mayúsculo y por suerte, no se producen daños personales ni, en menor medida, materiales. No había estado nunca en una situación como esa.

A partir de ese momento, juro y prometo no volver a manipular una batería con ligereza. Sólo de pensar que podría habernos pasado en alguna de las pistas por las  que hemos estado o estaremos, alejados de toda ayuda cercana me hace sentir mal. Definitivamente, lavado el coche por dentro para aliviar el vertido de ácido en el motor y sin los temibles daños en el operario que manipulaba la batería, reiniciamos nuevamente la marcha con los problemas resueltos aunque con el cuerpo aun perjudicado. Todo este contratiempo hace que la salida real se haya retrasado hasta  las 13:00 H. No es que sea un gran problema. Siempre se puede alterar de alguna manera la ruta proyectada, al menos desde la partida y con tiempo suficiente.

Vamos dirección a Skoura por la P32 y al llegar a ella,  pasamos  sin necesidad de detenernos. Buscamos avanzar tanto como se pueda, sin tener que alcanzar velocidades de vértigo. En ningún momento de este viaje hemos tenido prisas. Tras Skoura empieza el tránsito por el valle del Dades. En ese avance por el valle nos encontramos con El Melá M´Gouna. Es una población que parece una copia exacta de Ait Ben Haddou. El cauce seco, el color del Ksar, la luz, el tamaño… El cielo comienza a taparse con nubes de color oscuro, bastante densas y con ganas de soltar carga. La travesía por el valle es un continuo hilo de viviendas a ambos lados de la carretera. Sólo una línea de casas a cada lado que acompañan a la carretera durante kilómetros. En la zona colindante por donde discurre el río la sequedad se ha apoderado del territorio. Apenas un poco de agua avanza torpemente hacia la presa de Ouazarzate. La poca agua que baja es utilizada para llenar de verde y huertas la zona aneja al cauce. Cuesta trabajo encontrar una salida para parar y comer algo. Durante un buen puñado de minutos, la búsqueda se vuelve infructuosa hasta que J.R., en la entrada a un puente sobre una rambla seca, toma la decisión de parar. El lugar resulta suficiente para comer de lo que llevamos. Es ideal para relajarse y apropiarse del momento. La rambla es bastante ancha y no puedo menos que imaginar lo terrible que tiene que ser la aparición de la temible torrentera. Estando comiendo (con el tinglado montado, por favor) vemos como algún que otro vehículo se dirige por la rambla, como si de una carretera se tratara, hacia algún lugar situado en el interior de la misma o al menos hacia algún lugar desde el que se tenga que ir por ese camino, cargado de personas  amontonadas en la zona de carga. A la intemperie, por supuesto. La entrada por el Dades ha supuesto un cambio considerable en la meteorología. IMG_5543Tras la comida y ya en ruta, la lluvia nos precede. La carretera deja constancia de ello. Llegamos a un punto situado a unos 1.400 mts de altura. La vista panorámica nos envía nuevamente a la zona de disfrute. Son tantas las imágenes, es tan grande el momento eterno que inunda cada imagen que descubrimos que no queda más remedio que racionar las emociones. La ruta se desliza por la ladera de la montaña dejando espacio por arriba y por abajo. Aun quedan dos horas de Sol cuando atravesamos una garganta estrecha con rio manso a ras de pista. Subida al albergue.Una parada para la observación y para las fotos es suficiente. El hotel Bereber «La Montaña» tiene el lujo de ocupar parte de este espacio.

Terminado el ritual para inmortalizar momentos, continuamos camino. Guillermo me llama la atención para que observe estratos totalmente horizontales. No es muy normal observarlos así. Tomada nota, aparece una nueva curiosidad. En la orilla de la carretera se acumula leña apilada por bastantes puntos de la misma. Es como si cada familia acumulara su leña y la dejaran a la espera de ser retirada. Es la comuna de M´Semrir. El camino nos da un pequeñísimo respiro. Se normaliza un poco mientras nos acerca a los 2.000 metros de altura. La temperatura sigue siendo ideal. 23ºC. Hemos tenido una suerte increíble hasta el momento. Es cierto que en este día, la lluvia ha hecho acto de presencia, pero totalmente benévola.

Terminamos el ascenso por encima de los 2.000 mts. justo a la altura de unas antenas de comunicaciones. La garganta tiene una perspectiva impresionante, mostrando toda su belleza particular. Enturbia un poco el panorama la ejecución de unas obras en la carretera. Por lo demás, magnífico espectáculo el que nos ha ofrecido la caída de la tarde, y encima con la suficiente luz y tiempo como para no preocuparnos por la  impertinencia de la noche. Tras una ligera duda y comprobación de ruta, continuamos por el buen camino; el que llevábamos. Atrás queda la garganta y un gran parte de lo proyectado para el día. La carretera nos lleva camino de Tilmi aunque antes pasaremos por Msemrir en cuya población se propone una parada para estirar piernas y degustar algún café, té, o lo que convenga. Tal como entramos del pueblo tuvimos que ir saliendo. No había manera de parar porque, físicamente, estaba todo ocupado. Vehículos 4X4 alemanes habían desembarcado en la localidad y no cabía ni un alfiler. Ya pasado lo que podría denominarse «centro» de la población, vemos un hueco con cafetería incluida.IMG_5552 No al revés. Sola para nosotros, con mesas en una pequeña terraza a nivel de calzada. Una vez juntadas un par de esas pequeñas mesas redondas dimos cuenta de lo pedido. La tranquilidad se vio ligeramente perturbada con la llegada de un grupo de ciclistas, bien entrados en edad, por cierto. Se trataba de un viaje organizado por empresa marroquí. Supongo que moverse por esta zona con bicicletas de montaña tiene que ser una experiencia especial.

Nos queda media hora de luz y decidimos no dilatar en exceso la partida. Ya no quedan momentos de distracción. Seguramente nos tocará conectar luces para convertir en día lo que la noche quiere evitar. Casi dentro del ocaso, me fijo en la cantidad considerable de buses escolares que circulan por toda esta zona. Me parece una señal del avance que está sufriendo la región.

Comienza a bajar ligeramente la temperatura con las primera sombras, aunque no por debajo de los 19ºC. Para estar a 2.000 metros de altura no está nada mal. La carretera se inunda de pequeños escolares  que transitan, a veces peligrosamente, por el límite del asfalto. Concatenamos  pequeñas poblaciones, así como asfalto, tierra y  estrechos puentes. Esas últimas luces nos dejan ver huertas y acequias entre sombras.  Los picos montañosos llevan un pequeño manto de nubes que, con la mezcla de los colores terminales del día, hacen pintoresca la escena. Casi las últimas vistas dejan ver el contraste de huertas con montañas totalmente peladas.

Esos niños de los que hablé antes, empiezan a abalanzarse  a nuestro paso. Hacen gestos que se confunden entre saludo y petición. Hay que tener cuidado, como siempre, sobre todo por la bajada paulatina de visibilidad. El tiempo va pasando inexorablemente. A decir verdad, no me parece que suceda vertiginosamente. Siento como si todo se hubiera ralentizado. En otras ocasiones la noche se me vino encima como si de plomo se tratara. Apurando el tiempo, entramos en una pista por una zona bonita y estrecha con agua a nuestra izquierda y pared a la derecha. No es agua para exagerar, pero al menos lleva algo. Cuando el pequeño cauce aparece seco, las torrenteras se dejan ver. Vuelvo a insistir lo difícil que será circular por esta zona con lluvias intensas o nevadas. Imposible. Y desde ese momento comienza un constante subir y bajar del cauce. Por momentos estamos al mismo nivel igual que a decenas de metros por encima. Llegamos rápidamente a los 2.350 metros y es entonces cuando definitivamente desaparece todo rastro de luz natural. 18:48 H y 17ºC. Sólo a lo lejos, coronando algunas aristas, el cielo parece resistirse a mostrar sus tonos azulados y fucsias. Está terminal.

Se conecta  la luminaria disponible (que es mucha, no lo duden). Toda la subida ha sido impresionante, pero lo realmente emocionante  es  volver la vista hacia atrás y apreciar la pista serpenteante en constante ascenso tras nosotros.

Gran parte de la jornada ha transcurrido por el Dades. Sin duda es una zona de nevadas y de torrenteras; maravillosa pero en cierto modo peligrosa en circunstancias adversas.

Queda como una hora para llegar al destino; la noche ya es profunda. Seguimos ascendiendo a esta cima sin final. Llegamos a observar un camión, algunas curvas por delante de nosotros. Sus luces le delatan mientras hace «eses». La pista es tan estrecha que deja un poco de intriga en el cuerpo. Al principio no se sabe muy bien si sube o si baja. Si sube, bueno, a seguir su ritmo. Si baja…no, seguro que sube. Y si, sube. Es un camión caravana. Cuando llegamos a su altura estaba estacionando en un pequeño llano (diría que el único en todo el trayecto final). Van a pasar la noche y han tenido la suerte de hacerlo en un lugar envidiable. El camino está libre, menos mal.

A las 20:15 llegamos a  Agoudal, que es un cruce de caminos del Dades y Todra. R-704. Pernoctaremos en Ibrahim. Es un albergue pero también se oferta como  camping. En una de sus estancias tienen un pequeño y acogedor salón restaurante. En general el lugar es de tamaño medio tirando a pequeño. Las habitaciones las dividimos de dos en dos y tienen baño. Me parece correcto. El precio, 250Dh con cena y desayuno. Genial. Esperando la cena, damos cuenta de alguna bebida en la terraza situada en el patio interior. El mismo patio donde descansarán los coches.  Estamos a 2.400 metros y ahora si ha bajado considerablemente la temperatura. El establecimiento está atendido por gente joven. No sé si realmente son ellos los propietarios, aunque imagino que no. El caso es que nos tratan con buen talante. IMG_5570.JPGLa cena tarda en hacerse el tiempo justo. Casi todas las cenas son la misma cosa. Esta no iba a ser distinta. Mientras lo hacemos dejamos que suene nuestra música. La velada es especialmente agradable.

 

 

Y vuelve a amanecer. Otra vez.

A la hora de salir de la habitación la temperatura es de 5ºC. Apetece llevar ropa de abrigo. ¡Por fin!

En la jornada de hoy buscaremos La Catedral de Piedra en primera instancia.

Con los mapas cargados y las pilas de nuestros cuerpos también, iniciamos el camino. Abandonamos Agoudal intentando sacar algo que me llame la atención del lugar. No consigo sacar nada que me haga resaltar del pueblo. Estamos siguiendo la línea que marca el Assif  Melloul (rio) desde el final de la jornada anterior y ahí si que me dejo la vista. Sobre todo al pasar por Timarine. Aparecen campos arados acompañando el rio. A ambos lados de lo que ahora es una rivera, aparecen, estoicos, los chopos. Con sus colores ocre otoñales hacen de guardianes  y acompañantes protectores. Durante bastantes kilómetros esa será la imagen que nos acompañe. Verdes, las zonas aradas; ocres, las hojas de los chopos. Mejor ocuparse en disfrutar de tan bella escena y dejar los pensamientos recurrentes para otra ocasión.

La siguiente población en el camino es Almaghou. Hemos abandonado temporalmente la compañía del Assif Mellul. La población hay que atravesarla. Es una calle estrecha y a su alrededor se asientan las moradas de color beige. Es muy pequeña y sólo significa un punto más en el camino. Notamos la separación visual del rio. Han desaparecido los chopos y la aridez se apropia de la postal. A la altura de Bou Azmou deberíamos desviarnos a la izquierda para tomar el camino que nos llevara a la catedral. Con buen criterio no lo hacemos y continuaremos hasta Imilchil para repostar. En general, la carretera es de asfalto regular, siendo benévolos. En muchos de los tramos el asfalto no existe. Por la zona donde nos movemos es mejor ir con los tanques de gasoil lo más llenos posible. Apenas unos kilómetros para tal menester y posteriormente regresar para enlazar con el camino deseado no es un mal negocio. Justo en el cruce de Bou Azmou reaparece el Assif Mellul y con él todo el repertorio de colores. Nubarrones lejanos montan guardia sobre las montañas que aparecen a lo lejos y dejan la duda de si vendrán hacia nosotros.

A unos 20 kms de Imilchil atravesamos un puente sobre el rio que nos deja a la vista una importante plantación de manzanos. El agua fluye con más volumen aunque sigue siendo ínfima. Lo siguiente reseñable es el paso por un pequeño cañón con paredes de mediana altura y con una anchura que no supera los 200 mts. Las pequeñas montañas se apoderan del paisaje una vez pasamos el encajonamiento y nos aportan, nuevamente, preciosos contraste de colores. Podría pasarme horas hablando del paisaje con estas tonalidades.Hemos tardado 50´desde Agoudal (alojamiento noche anterior) hasta Imilchil.

Repostados los vehículos y limpiados filtros y el habitáculo del motor, iniciamos el camino de vuelta hasta el cruce que nos llevará hasta  al encuentro de la Catedral.

Nos alegramos cuando aparece pista. Prefiero una buena pista a una mala carretera. La temperatura ambiente empieza su ascenso y las 12:00H ya es de 16ºC. El inicio polvoriento se minimiza por los restos de lluvia. Es una zona bastante estrecha y con piedras, además de rio, y de la que es difícil salir si se trata de dar la vuelta. Una vez pasado el primer tramo, todo se inclina. El ascenso es muy paulatino aunque constante. Siempre por encima de los 2.000 metros, la aridez de las faldas montañosas son una constante. En poco tiempo hemos pasado por multitud de paisajes que se han reiterado de forma cíclica. Llega un momento de la ascensión que requiere una parada.  Hay que recrearse en las vistas que podría catalogar como fuera de calificativos. Es tan inmenso todo desde aquí que apetece decirlo. Son 2.768 metros de altura y para la cima aun queda camino. No hay más remedio que continuar. Sigue todo igual. Estrechez, altura, vistas…Así hasta alcanzar los 2.946 metros con los que coronamos.

» Lucha de gigantes/ convierte el aire en gas natural/ Un duelo salvaje advierte/ lo cerca que ando de entrar/ en un mundo descomunal/ Siento mi fragilidad…» Justo cuando pasamos por lo más alto, suena en el equipo «Lucha de gigantes» con Love of lesbian y Zahara. La música se conjura para que entre en trance.

Tras la conquista de la cima no hay descenso reseñable. No bajamos de los 2.600 metros durante mucho tiempo. El camino sigue siendo para un solo coche y la vegetación es la típica de alta montaña en esta cara de la montaña. Más adelante discurrimos por un tramo entre suaves montañas con riachuelo central y una finísima y ancha lámina  verde, a modo de prado, lo que aprovechamos para hacer una breve parada nuevamente. Como no es de extrañar, aparecen críos y se quedan con nosotros un buen rato. Les damos algunas cosas  de regalo y lo aceptan con gratitud. La sorpresa llega cuando nos piden cerveza. Creo que en esta zona puede que haya un pequeño problema con el alcohol. Me da que pensar que si los críos piden cerveza es porque alguien les ha dado anteriormente. Prefiero equivocarme al creer eso.

Continuado el viaje, por momentos, el camino se ensancha lo suficiente como para alcanzar una velocidad de crucero por encima de los 50 kms/h. que no dura mucho porque lo siguiente es nuevamente tramo estrecho y torrenteras que atraviesan la pista.

Al final del tramo entre montañas suaves llegamos a un pequeño poblado rodeado de montañas en forma semicircular que lo acogen. Seguramente es una población que ha tenido la visita de alguna ONG o, tal vez, alguna misión especial del país. Tienen placas solares.

Viendo el aspecto físico del lugar, apuesto con Guillermo que aquello es un circo glaciar. Como él es mucho de internet, no tarda en dejarme en evidencia. Y yo pienso «no todo va a venir en la red»

Desde donde nos encontramos se ven abundantes árboles dispersos que parecen un sabinar (árboles siempre verdes y aromáticos) por las laderas. Definitivamente ha vuelto a cambiar el aspecto vegetal y la orografía del lugar.

Hemos ido bajando hasta los 2.000 metros y, por momentos, la pista  se vuelve técnica hasta que llegamos a una zona muy mejorada tras una torrentera que tiene pinta de peligrosa, sobre todo en alguna de las curvas muy cerradas. En medio de esa nada, aparece un zoco. Zoco de quita y pon, por supuesto.

Estamos en la cara Sur y cada vez abunda más la variedad de vida vegetal. Aparecen encinas y coscojas. Plantas termófilas que son capaces de soportar temperaturas bajas.

Desde los 1.900 metros bajamos a los 1.500 hasta navegar a ras de rio. Es un espejismo porque se vuelve a subir por el medio de la ladera en apenas unos kilómetros.  IMG_5592Aunque la pista es cambiante en cuanto a su calidad, normalmente está mal. Los desprendimientos aparecen dejando llegar sus señas hasta las inmediaciones de  la pista. Una vez más, nos cruzamos con obras de mantenimiento. Las laderas se desmoronan demasiado a menudo. Si no se mantienen, el camino duraría poco. Debe ser un trabajo constante contra la montaña. Trabajo duro por las inclemencias. Estamos casi llegando al destino. Las construcciones por esta zona son de piedra vista. Es una señal más de las bajas temperaturas que se pueden vivir por aquí. En esta última parte de la travesía la vegetación ha cambiado nuevamente. Ahora son pinos, sanos y en cantidad elevada los que cubren la corteza terrestre. Parece una colección de microclimas que te acompañan para que no puedas aburrirte.

Esta vez si; hemos llegado al destino con luz suficiente. La  diferencia con  años anteriores es que tal vez algún día llegábamos con luz, como algo excepcional. Así pues, podemos ver a donde llegamos y no tenemos que esperar al día siguiente para tener conciencia de ello. IMG_5593El alojamiento es Maison D´Hôtes Dar Ahansal y se encuentra concretamente en el Valle Feliz de los Aït Bougumez.La población es Zaouia Ahnsal. Hasta el momento se ha convertido en el mejor alojamiento del viaje. El hotel es completamente  para nosotros. Nos repartimos, como hasta ahora, de dos en dos. Por lo visto es un alojamiento muy solicitado y hay que reservar con antelación, sobre todo en temporada alta y fines de semana. Todo el es de madera y piedra, con unos acabados muy aceptables. La cena es básicamente igual que la del resto de noches. Pareciera que trabajan como una franquicia. IMG_5597Hay que añadir al lugar, como positivo, la terraza en la parte fronto/lateral. A pesar de la «bajada» de temperatura, tras la cena celebramos un cónclave en el que nos  vasodilatamos. Una velada agradable; una más que sumar, nunca restar.

Amanece y es miércoles. El nuevo día se presenta agradable. A las 08:30  estábamos en el comedor desayunando. Un desayuno repetitivo, como las cenas. Pero hay que reconocer que están bien en calidad y cantidad. En un principio pensamos en deshacer bastante camino del que hicimos ayer para dirigirnos a la catedral de piedra. Tras una charla profunda se cambia de idea; entre otras cosas por no tener que volver a tragar polvo y obras. Volveríamos sobre nosotros, pero solamente un tramo si el terreno lo permitía, claro. Antes de entrar directamente en el fondo de la jornada, me permito la licencia de adelantar que la ruta fue todo un acierto.

El pueblo (Zaouia Ahansal) en sí, estaba algo alejado del alojamiento y en descenso hasta el rio (Assif Dunachal). No muy alejado  pero necesariamente había que coger coche para acceder a el. Teníamos que comprar pan y de paso aprovechar para abastecernos de algunas aceitunas para futuros picoteos. El pueblo es pequeño y con un ligero encanto, sobre todo el llano donde acaba la carretera que queda a los pies del nombrado rio. También es atractivo el perfil de las montañas picudas que rodean el lugar. Sus habitantes, Bereberes de pura cepa, prefieren el francés y su idioma (Amazigh), con su escritura (Tifinag) al árabe. 

 

Terminada la compra mañanera, volvemos a la carretera nuevamente y hacemos lo acordado. O sea, deshacer un pequeño tramo del día anterior y continuar por la nueva ruta que ya estaba prevista previamente por si se podía hacer. Y se podía.

Pronto cruzamos por barrera de cierre de camino elevada, lo que daba a entender lo normal que sería el corte de esta ruta, tanto por nieve como por lluvia. Lo bueno de esta parte de la carretera, con respecto a la de ayer con la llegada a Ahansal, es que está asfaltada en esta primera parte al menos. Así hemos evitado el polvo y los posibles obstáculos de camiones en el camino (por las obras). Y se agradece.

A las 10:25 estamos en un valle de aspecto maravilloso. El atrezzo lo componen los montes elevados y las paredes espectaculares. Fuera de los coches, la temperatura no pasa de 11ºC, teniendo en cuenta que nos movemos por encima de los 2.000 metros no parece mal clima. Llegado el momento tenemos que dejar el asfalto y tomar una pista que es como una carretera y que pica ligeramente hacia arriba hasta dejarnos con una visión de una cresta en vertical a nosotros que arranca mi admiración. Es como si empezara un espectáculo visual y te sientes en la butaca preferente. Si pudiera, pediría que no se acabara, que siguiera todo tal cual, pero menos mal que no va a ser así. Vamos a tener la oportunidad de disfrutar de una orografía cambiante que nos dejará llenos de sorpresas y emociones.

A continuación de la subidita, empezamos a cabalgar por el valle pero ahora con una pista de estrechez ilimitada y, observando en la pared opuesta,  bancales con agricultura de subsistencia. IMG_5611Alguna casa en plena curva de tan diminuta pista hace que la belleza no sea monótona. Es lo bueno de este lugar. La belleza cambia tanto que la hace necesariamente atractiva. Los colores ocre también ayudan, lo mismo que el pequeño riachuelo que recorre el valle como si viniera con nosotros, o viceversa. En resumen: precioso.

Siguiendo la pista, vamos rodeando la catedral en dirección norte para tomar posteriormente dirección oeste.

Recorriendo el valle, topamos con un cañón que impresiona, al que le siguen unas subidas de alta montaña con cambios continuos de rasante y con estrechez de aguantar la respiración.  No dejamos de ver lo grandioso que es el Atlas. Es imposible abstraerse.

El valle de Anergui está situado en la provincia de Azilal  y forma parte del alto Atlas. En apenas una hora y 1/4 hemos visto lo que naturaleza puede llegar a sorprender. Por supuesto, habrá lugares con otros y tal vez mayores encantos, pero ahora no cambio nada por estar donde estoy. Este lugar es para verlo y para dejarse llevar. Todo tan cambiante y al mismo tiempo tan igual. Pasamos de estrecheces a anchuras; de tierra roja a gris; de agua a sequedad. Dejamos encinas y topamos con pinos. Sólo echamos en falta algo que, tras abrirnos los ojos Guillermo, me llega a descolocar. No vimos ni una sola gran ave en todo este tiempo.

Como vamos bordeando la catedral, esta aparece desde distintas perspectivas. La vista de su parte lateral ( en el sentido de nuestra marcha) se llena de abetos y a lo lejos deja que se vean los primeros signos de asfalto. Es un buen momento para descabalgar y charlar de lo peculiar del tramo que hemos hecho a lo largo de la mañana. 12:20, 12ºC. Dos largas horas de camino y me siento impotente para poder resumirlo en pocas palabras. Eso sí, sobre todo me siento pequeño aquí. El descanso sirve para enlazar alguna que otra charla antigua. Aprovecha Guillermo que estamos aquí para meter la cuña del último leopardo de berbería. Que está extinto, que si se han visto huellas, que si una trampa fotográfica captó algo…

Estamos a tanta altura que el paso de aviones comerciales suena a cercano. El lugar hace que las conversaciones sean cambiantes. Te fijas en cosas que compartes con los demás y los demás hacen lo propio. Se necesitan varios ojos para no perderse nada.

La inmediatez del descenso nos arrastra hasta los primero signos de civilización con sus cableados eléctricos y acequias.  Una última perspectiva de la catedral nos sirve de orientación y despedida. Es su cara Oeste la que llena aun más de pinos los alrededores. Sabemos que la estamos bordeando por los mapas, pero desde que la vimos por su cara Oeste no volvió.

La entrada a la pista del Assif Mellul es a través de un puente. Son las 13:00. El tipo de vegetación también cambia, como la ruta. Ahora nos acompaña un cactus que se pega a la pared y que no levanta más allá de medio metro su estructura. Se agrupan como si de una colonia se tratara.

Y estando a una altitud de 1.200 metros atravesamos un cañón que acoge una cantidad ínfima de agua pero que no desmerece su vistosidad. Volvemos a estar encajonados nuevamente entre paredes elevadas que a veces parecen querer despegarse de la tierra. Hay que cambiar de ladera y atravesar lo que hoy es un riachuelo apenas pero que mañana podría ser un poderoso torrente arrastrando todo lo que encuentre a su paso. El cambio lo hacemos a través de un puente que, sin ser artesanal, no es de obra. Las fotos y videos pertinentes dejarán para la posteridad el paso del grupo por este lance. Esto no supone alejarnos del tránsito entre montañas. Las laderas se llenan de lentiscos, pinos, adelfas con flores rosas y un sabinar, entre otras muchas señales de vida. También cuenta para el inventario de vida la fugaz aparición de un macaco de Berbería entre el arbolado. Al otro lado del rio.

Va llegando la hora de la comida y aprovechamos la bajada,  hasta la altura del rio Assif Mellul  (nuevamente), para buscar un lugar propicio. Así pues, a la altura del primer puente que nos encontramos, hacemos una incursión por el cauce. No lleva apenas agua y eso permite seguirlo hasta un punto donde los coches pueden agruparse. El lugar es tranquilo y con el suficiente espacio para montar todos los artilugios para cocinar y por supuesto, para colocar sillas y mesas. Nos tomamos con tranquilidad la estancia en el lugar. Apetecía relajarse. La temperatura es tan agradable como el sonido que deja en el ambiente la  poca agua que discurre entre los cantos rodados y las piedras de tamaño entre medianas y grandes pulidas por la corriente. Personalmente me sigue pareciendo increíble la suerte que hemos tenido con la climatología, aunque sea repetitivoimg_5750.png. Bendito repetitivo pensamiento. Nos ha respetado esa climatología tan referida y gracias a ello hemos podido adentrarnos por territorios de difícil acceso. Sólo de ver la poca agua que lleva el Assif Melloul…

A parte de queso, jamón, aceitunas, cerveza, vino e historias para no olvidar, tenemos las migas con tropezones  que prepara J.R. y que  son como para mantener a un ejército. Lo cierto es que saben a gloria y a pesar de todo, aunque ponemos de nuestra parte, no conseguimos ni por asomo acabar con ellas. De hecho, nos acompañará dentro de su recipiente y llenando de su fragancia el coche que la hospeda, lo que resta de viaje.

Levantamos el «campamento» y reanudamos la marcha sobre las 17:00. Los 12ºC de temperatura se minimizan con la ayuda inestimable del Sol. Tranquilos en la marcha, continuamos camino hacia Anergui. Aquí acaba la pista y da paso al asfalto. Alcanzamos los 2.500 mts en ruta y la noche aparece mientras circulamos por carretera estrecha pero en muy buen estado. El tráfico es escaso hasta Imilchil. Sólo unas obras a la entrada de la población suponen la excepción.

El alojamiento lo encontramos en el albergue «Chez Basson»

Por supuesto, cena y desayuno incluido, aunque en un principio, por la hora, no nos ofrecían cena. Como todo se negocia aquí y como ambas partes queríamos llegar a un acuerdo, conseguimos que nos hicieran una cena medio decente.

Ahora si se notaba la bajada de la temperatura propia del lugar en el que nos encontramos. La noche no se hizo de rogar y el camino a la habitación se mostró pertinente. Hemos concluido un circuito cerrado con principio y fin en Imilchil. A la mañana siguiente tocará tomar dirección norte en busca de nuevos kilómetros.

Amanece el día frío y con escarcha en los coches. En el amplio salón de «Chez Basson» desayunamos temprano. Sobre las 09.00, acabados en el salón y ya con los coches cargados para la nueva jornada, ponemos a calentarlos. Todos menos uno. El frío no le deja arrancar. Durante el tiempo que se tardó en ponerlo en marcha se agolparon críos en busca de cualquier regalo. Caramelos, dírhams…cualquier cadeau sería bien recibido. Se empieza a ver normal que niñas con no más de 8 años lleven a sus espaldas a pequeños colgados. Hacemos lo que podemos para alegrarles un poco el día. No mas que eso, el día.

La idea primigenia es llegar hasta Midelt. Si no hay imprevisto, se hará fácil.

En el arranque, a las 09:35, dejamos a nuestra derecha formaciones montañosas que no bajan de 3.000 metros de altitud. De los 3ºC del despertar hemos pasado a los 6ºC. Se nota la diferencia. Estaba previsto visitar unas lagunas que están a apenas unos kilómetros. Como vamos bien de tiempo, paramos en la misma  gasolinera del día anterior, repostamos y nos limpian algo los filtros y quitan polvo del motor.IMG_5636

La primera laguna que vemos es la de Tislit. Parados en la llanura (Plateau des Lacs) vemos en sus aguas  algunas fochas comunes; muy pocas. La incidencia de la luz a estas horas crean reflejos en el agua y efectos de espejo que hacen que la imagen parezca una postal. Hacemos foto de estudio con los 4X4, con fondo de la laguna, para la posteridad. La siguiente laguna es Islit. Para llegar hasta ella recorremos unos 7/8 kms por una pista accesible, al menos en estos momentos. Seguramente con el crudo invierno la cosa no será tan fácil.  Particularmente me parece más grande la de Islit. Cuenta la leyenda que las lagunas se crearon por el llanto incontrolable de dos enamorados que no podían unir sus vidas por la rivalidad de sus tribus. Es un resumen.

Volvemos dirección nuevamente a Imilchil para tomar ruta definitiva a Midelt. Será nuestro destino final  de jornada pero antes deberemos pasar por algún lugar que otro digno de ver. Nosotros decidimos el camino y, cuando éste nos deja, lo hacemos. No hay daños colaterales, sólo excusas que nos sirven para acumular experiencias.

Son las 11:30 y circulamos por una carretera en buenas condiciones. Acompañamos al rio (Assif Mellul) y a veces lo hacemos medio encajonados. Abundan los chopos, siempre vigilantes del cauce, con sus colores ocre ya nombrados, dando voz a la tierra. Atravesamos zonas de campos de labranza y huertas con árboles frutales; sobre todo me llaman la atención los manzanos. IMG_5743Es un tramo de carretera que tal vez pudiera considerarse de los más bellos de Marruecos, ya recorrido con anterioridad. Nos desviamos a la izquierda dirección esta vez Tilmi n´Ait Haddou ou Ameur. Sólo es una referencia más en el viaje. En todo el tramo recorrido las coincidencias del paisaje son máximas. Pasado Tilmi comienza la subida a un puerto que ya se inicia con 2.400 metros de altura. IMG_5744Estamos haciéndolo por un valle muy suave, cuya carretera está bastante deteriorada y el agua que lo recorre apenas supone un hilo, siempre a nuestra altura. El color verde flanquea la poca agua que baja por el valle dando la apariencia de un césped cuidado.

Coronamos a los 2.650 metros de altitud. Es medio día y el Sol luce plenamente. A nuestro alrededor se pueden ver picos montañosos que nos superan holgadamente aunque sin reducir nuestra amplitud de vista. No hay más remedio que parar un par de cientos de metros más abajo de la cumbre para poder observar con tranquilidad el espectáculo. ¿Cómo no pararse?

Mi siguiente anotación me lleva hasta Tirguiste. Hemos pasado por zonas donde abundan los picos y las montañas erosionadas. Me llama la atención una cabaña de vacas lecheras… En el camino a Tirguiste los cedros del Atlas empiezan a aparecer. Se van intercalando con sabinas. A diferencia de éstas últimas, los cedros van llenando las laderas de cadáveres. Recibo información, vía emisora, de la influencia del cambio climático en tal drama. Tal vez, o quizá alguna plaga. No sé realmente. Lo que sí puedo decir es que la imagen empieza a transmitirme preocupación. Y el agua que no sé ve prácticamente en los cauces. Esa es la fotografía del momento.IMG_5747

En Anefgou nos cruzamos nuevamente con un grupo ciclista. Las rutas de alta montaña atraen a todo tipo de practicantes. Da igual la edad y la modalidad. Los ciclistas a un lado y al otro el Jebel Louigharacène con una altitud máxima de 3.056 metros.

Una hora después de la «hora del ángelus» (13:00H) es el momento «tomar algo». Se agradecen estas paradas para naturalizar el viaje en grupo. Es cierto que estamos en conexión permanente pero como un cara a cara no hay nada. Damos cuenta del refrigerio y reanudamos la marcha apenas unos pocos minutos más adelante. Vamos en dirección al Jebel Ayachi. Siguen los cedros ocupando parte de las conversaciones. Por cada cedro vivo, fácilmente aparecen cuatro muertos. Es una proporción escandalosa. Dentro de esa dinámica de muerte vegetal también hay tiempo para la vida. Paradógicamente tenemos la suerte de ver encinas agarradas a rocas. Es una lucha por la supervivencia que puede estar llevándose a cabo durante bastante más de un centenar de años.

Trasladamos nuestros cuerpos y pensamientos por un camino irregular nuevamente. Han desaparecido los cedros y demás vestigios de vida y la aridez de las montañas toman nuevamente el control de la situación. Poquísimas construcciones salpican el terreno. Incluso Anemzi, que es el siguiente pueblo que vemos, apenas se compone de algunas pocas casas. Es momento de recordar los cultivos en bancales que hemos visto no hace mucho; apenas unos kilómetros más atrás.

Todo es tan cambiante… No ha pasado apenas media hora y nuevamente aparece el agua en el fondo del valle por el que vamos ahora. Por supuesto, los inseparables chopos siguen vigilando y las encinas se reenganchan a las laderas nuevamente. Unos finísimos hilillos de color blanco pintan el gris lejano de algunas de las montañas que se dejan ver.

En Boutserfine la escasez de casas se repite. Tenemos que atravesar por el centro del pequeño pueblo y eso nos permite ver a los escolares saliendo del colegio… que no vemos. Por supuesto saludan y piden con el mismo gesto. Una colada de ropa multicolor atrapa los rayos solares buscando la bendición del secado y mientras,  los sembrados son mantenidos con el trabajo sin desmayo de los moradores del lugar. Es una zona que seguramente sufrirá los rigores del deshielo. Con el Sol aún en vertical, nos topamos con un reseñable cauce semi-seco lleno de cantos rodados en el que, tanto hombres como mujeres, se afanan en recogerlos cargando sus mulos y borricos.

Se suceden espaciadamente (al menos es la impresión que da al circular entre montañas) los pequeños pueblos. Agoudim, Tounofite, Tagoudit… Todos con aspectos y reseñas similares. El hilillo de agua aparece y desaparece al igual que la vegetación. Todos en altitudes similares (1.300/1.500) En Tagoudit anoto la presencia de un albergue que se anuncia en la carretera «Jebel Raids». Sólo son datos. A veces sirven para algo y otras no. Nunca se sabe. Tras el cartel, el centro del pequeño pueblo abre una de sus calles (tal vez la única que tenga) para que lo atravesemos. Y se vuelve a repetir la historia de los pequeños escolares. Estos son un poco más descarados e intentan interrumpir el paso de los vehículos  abordándolos.

A unos 500 metros, pasada la población, entramos en una pista tras un pequeño vadeo.  Hemos subido un poco de altitud aunque la temperatura sigue siendo agradable. Con 16ºC , aparece la figura imponente del Jebel Ayachi. Sus 3.747 metros se muestran sin rastro alguno de nieve. A pie del camino impresiona la figura del coloso de piedra, uno de los más altos del norte de África. Nos movemos por sus estribaciones sorteando un par de vadeos sencillos. Sólo unas nubes merodeando las cimas  interrumpen el azul impoluto del cielo. Recuerdo la historia contada por Guillermo: «en los años 80´s un universitario madrileño, mientras hacía trecking, encontró huellas del leopardo por esta zona»… Y nunca más se supo. Esta historia ha dado, y dará,  para muchas charlas; pre y post viaje.

Para llegar a Midelt queremos hacerlo pasando por el Circo de Jaffar. Normalmente, el circo está cubierto de nieve hasta bien entrado mayo. Ahora, a finales de octubre, no hay ni agua, casi. Como antiguo circo glaciar, guarda la forma semicircular que las montañas proporcionan. Parece un gran anfiteatro. Se podría haber intentado pasar por otro acceso pero la información que teníamos no recomendaba adentrarnos por el cañón con camino incluido. Así pues, aprovechamos un desvío por pista que nos llevará al circo recorriendo 26 kms. Invernaderos de manzanos preceden a una presa que aparenta de nueva construcción. Ese tramo es de asfaltado reciente. Como toda carretera que se precie (de esta zona), tiene un inicio y un fin. Acabado el asfalto de esta, volvemos a la tierra. Nos quedan 17 kms para llegar al circo y la circulación se ralentiza bastante. En los primeros tramos, un enorme cedro, imponente,  preside un cauce seco que cruza la pista de derecha a izquierda. Mientras subimos tenemos el maravilloso privilegio de poder visionar unas magníficas vistas nuevamente. Una enorme altiplanicie de color marrón (Zeida) parece soportar el empuje del gran Ayachi. Es un altiplano estepario y pedregoso, donde se pueden observar una gran cantidad de aves esteparias. En este tramo tengo la mala suerte de presenciar una de las imágenes más desgarradoras del viaje. Estando en un constante ascenso, una mujer corre sorteando la ladera para llegar a nuestro encuentro. Vamos haciendo eses por la pista y desde bien lejos vemos como ella intenta intercedernos. Cuando llega, exhausta, sólo pide algo de ropa. La que sea. No llevamos ya, porque hemos cometido, tal vez, la torpeza de dejar toda la que llevábamos por el camino. Es un poco duro, aunque inútil ya, sentirnos culpables.

Dejamos atrás tan triste encuentro y seguimos el ascenso por la pista. Vamos por los 2.100 m y decidimos parar para comer en una curva, bajo la sombra de un cedro con espacio suficiente para que no estorbemos en el supuesto caso de que venga alguien por aquí. Es el primer ensanchamiento de pista que tenemos en algunos kilómetros. En esta parte también abundan los cedros muertos. Somos testigos de tan negro luto. Hasta ahora, todas las comidas de medio día han sido sacadas de nuestras provisiones. Hemos venido con la previsión acertada. Las noches y los desayunos son otra cosa.

Son «apenas» 8 kms hasta el circo. Justo cuando ponemos los vehículos en marcha para reanudarla, vemos aparecer unas curvas más adelante, en contra dirección, un grupo de 4X4. Si nos llegamos a encontrar en plena pista, no sé como hubiéramos podido maniobrar. La anchura no da más que para un vehículo. Pienso en algunos tramos en los que la mitad de la rueda trasera quedaba prácticamente sin apoyo por rebasar el ancho de la pista. Teniendo en cuenta que todo lo que queda al lado contrario de la pared es ladera abajo, no es difícil adivinar el riesgo que entraña en determinados puntos esta travesía.

40 minutos después de la partida tras la comida, llegamos al Circo de Jaffar. Y sólo eran 8 kms. Desde el primer punto elevado desde donde se puede ver el circo, quedamos parados un buen rato tratando de sacar toda la belleza que se supone. Debo reconocer que, sin la aportación de nieve en las montañas, la visión se me ofrece como normal. No me supuso ninguna exclamación. En cierto modo, las expectativas creadas no se correspondieron con la realidad. Mi realidad. Tal vez si hubiera ido con menos pretensiones…

Desde los 2.200 metros en los que nos encontrábamos, comenzamos un suave descenso hacia el destino final de la jornada. Reaparece de nuevo la enorme planicie cerca de la influencia de Midelt. Lo que era una pista para un sólo coche se convierte, en la zona más cercana a Midelt, en una «autopista». El ensanche de la vía, aun siendo de tierra, permite navegar a velocidades que en muchas carreteras asfaltadas de este viaje han sido imposibles de alcanzar.

18:48 H, 20ºC. .475 mts de altitud. Estamos en Midelt.

Hemos tomado la opción para alojarnos el hotel Taddart. Alguna ducha previa a la cena y charla y vasodilatador tras la misma supusieron el final de la jornada.

Las vistas del Atlas desde la parte frontal del hotel se muestran nuevamente majestuosas. Lo vemos a la llegada con pocas luces y lo volvemos a ver en toda su plenitud al amanecer. Nos despedimos del lugar dando las 10:00 de la mañana. Desayunados y sin prisa alguna, tomamos dirección a Assilah. Si todo va bien, nos quedan siete horas de conducción, sin contar paradas. Volvemos al norte y con ello a los olores de carbón, para hacer las comidas, por las poblaciones que vamos superando. M´knes, Rabat…y los controles preceptivos que no habíamos visto prácticamente hasta la llegada a Midelt.

Siguiendo con la buena carretera, nos encontramos con  el puerto de los perros (haberlos, haylos). Algunos cedros que salpican la orografía y los camiones que ralentizan la velocidad, copan la escena. Todo ello hasta que llegamos, pasado un bosque con abetos y encinas,  a la altura de Tiguelmanine y su área de reposo.

Nuevamente atravesamos un nuevo puerto con sus barreras para la nieve. Es una zona donde se está trabajando afanosamente para ensanchar la carretera. ¿Turismo, civilización? ¿Ambas cosas?

Camino de Azrou, por fin podemos ver cedros sanos. Todos. La visita a cedros  y los macacos dejan algún recuerdo efímero para el futuro. También la miel que me llevo para casa tras arduas negociaciones.

Assilah nos dejara a los pies de casa. Se ha acabado el viaje y ahora toca rememorarlo y plasmarlo para no dejar que se quede en el baúl de los recuerdos que siempre se olvidan.

Siempre es un placer compartir experiencias con gente a la que aprecias. Hacen que la amistad se enriquezca.

 

 

 

*** A los Bereberes les gusta que sean reconocidos como Imazighen, que viene a significar «hombres libres». Son preislámicos  y se dedican (o dedicaban) a la agricultura y el pastoreo, sobre todo en el Alto Atlas.

 

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