Oporto. He cruzado el rio.

Tenía ganas de visitarla. No fue una visita programada con antelación. Simplemente me encontré con  las ganas (también la necesidad) de hacerlo. Recuerdo que la decisión fue tomada en una terraza de una cafetería. ¿Por qué no un viaje en solitario? Una oportunidad de conocer una ciudad; hacer lo que quiero, donde quiero. Me separaban kilómetros de carretera y bastantes horas de conducción pero en esos momentos no suponían un problema, al contrario. Hacía mucho que no viajaba por carretera a solas. Así pues, dibujé un viaje virtual en mi mente y me dejé acercar a Portugal, por caminos extremeños. Había visitado, hacía algún tiempo ya, Lisboa. Me encantó. O sea, ya había conocido su gente, su orografía, sus luces y también, como no, sus sombras.

Pues eso, gasóleo al coche y a viajar.

Salí por la tarde, tras una comida y una larga conversación con una vieja amistad. De antemano ya sabía que prácticamente me sería imposible llegar a Oporto en esa misma jornada, por tanto decidí no reservar alojamiento.

La luz natural fue menguando mientras avanzaba hacia mi destino y  al final me pilló la noche sin haber llegado a pisar Portugal. Así pues, en Badajoz busqué donde dormir y esperé la llegada de un nuevo día.

Temprano y desayunado, continué viaje hasta llegar a Portugal. Esta vez viajaría fuera de autopistas. Me encantó. Los paisajes son espectaculares y consiguen mantenerte totalmente atento. Si no se viaja con prisas recomiendo hacerlo así.

Oporto es una oport-unidad para los sentidos. Si te llueve nada te podrá cubrir.

Fotogramas para hablar de un viaje.

Humedad, cielo  gris y café a orillas del rio.

Calles estrechas y construcciones monumentales.

Piedras, calzadas irregulares y colores en fachadas.

Un puente para unir.

Un rio para separar.

Un local para comer; otro con nombre que puede inducir a confusión.

La fachada que esconde un tesoro.

El interior que enseña el tesoro.

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La copa de vino más interesante de mi vida.

Detalles imposibles de obviar.

Bajar por los jardines del Palacio de Cristal hasta las aguas del Duero.

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No olvides hacerte con un mapa de papel.

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Exposición sorpresa. Ceuta.

 

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