Kefalonia 2018

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Desde el inicio, la idea me sedujo. Claro que me planteaba algunas dudas lógicas que no vienen a cuento, pero la idea me atraía. Bueno, me atraía tanto que ya estoy de vuelta de este viaje.

Para empezar, es un viaje que necesita alguna preparación. Comprar vuelos con cierta antelación ayuda a abaratarlo bastante. Además hay que andar espabilados para, incluso mientras se navega, reservar alojamiento si las condiciones, tanto físicas como meteorológicas, así lo requieren. Por supuesto hay que tener un mínimo de preparación física. Se pensó, con buen criterio, reservar vuelo nocturno para aprovechar la luz del día. Es una buena opción aunque viene acompañada de un pequeño «pero» que es importante tenerlo en cuenta ya que enlazar noche sin dormir con actividad física al día siguiente  no es lo ideal.

Volamos desde Málaga en el inicio del día con Aegean, línea aérea griega. Era tan al inicio del día que apenas pasaba de la 01:55 cuando estábamos despegando del aeropuerto de Málaga. En este vuelo te sirven comida incluida dentro del precio del billete. No dejes que nadie elija tu menú al hacer la reserva del vuelo o corres el riesgo de que te «contraten» un menú gracioso. Aterrizó a las 06.40 y nosotros también. Realmente el vuelo no dura ese tiempo. En Grecia gastan una hora más que nosotros. O sea, llegamos a las 05.40, hora española.

Para llegar hasta Argopolis (kefalonia) fue necesario hacer un cambio de avión en Atenas. De avión y de compañía. En concreto volamos con Sky Express en un bimotor de hélices. El vuelo es a menos altura y, si el tiempo lo permite, se pueden observar tantas islas como  mar.

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Despegamos a las 10.10 y a las 11.10 ya estábamos en el aeropuerto de kefalonia.

Desde el aeropuerto nos trasladamos en Taxi hasta Argostoli. La «capital» de kefalonia es una urbe situada en un golfo dentro de otro golfo (Argostoliou golf). Está en la parte Este de una península. El taxista que nos llevó, al enterarse de que éramos españoles, comenzó a hablar maravillas de la marca de automóviles SEAT. Por supuesto era el vehículo que llevaba. Una vez en Argostoli, buscamos a la empresa que nos alquiló los kayaks. Hablamos con los que llevaban el tema y tras ultimar el  acuerdo, nos dirigimos a un market para hacer una compra ya que nuestra intención era iniciar la travesía después de la comida. El puerto de Argostoli es natural. Apenas un dique servía para el atraque de los numerosos cruceros que hacen escala en la isla. Incluso pudimos observar como los cruceros llegan a fondear en el golfo permitiendo desde allí el traslado de turistas a tierra  en pequeños botes ya que sólo cabe un crucero en el dique.

También hay un tráfico importante de ferrys. Se debe a que es el principal medio de comunicación entre la inmensa cantidad de islas. Suelen ser pequeños y eso les permite cargar y descargar en los lugares más increíbles.

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Hecha la compra, volvimos a la base de alquiler de kayaks. Esperamos apenas unos minutos y apareció el Land Rover que nos llevaría hasta el punto de salida. Allí nos encontramos con  los kayaks. Una vez concretados los términos del alquiler (siempre hay letra pequeña en  lo que negocias), lo dejamos todo preparado para la salida. Antes había que comer, así que salimos del recinto y nos dirigimos a un restaurante en forma de chiringuito que estaba a apenas 100 mts. El camarero, muy simpático, nos enseñó, entre la toma de la comanda y la comida,  un par de vocablos en griego y a contar hasta 3. Nunca se sabe si puede servir de algo ese básico conocimiento.

Dimos cuenta de la comida y ya no había excusas para navegar. Estaba todo estibado y sólo faltaba trasladar los kayaks, a peso,  unos cincuenta metros hasta la orilla del mar.IMG_3512.JPG El acceso era un poco estrecho y pendiente, además de tener que atravesar una pequeña carretera .  Las previsiones del día prometían viento de cola durante todo el recorrido por la zona sur de la isla. Conjeturas sin valor. Empezamos a navegar y el viento daba de cara. Siempre de cara. Es un tema de cuarto milenio. Los vientos predominantes en Kefalonia son de Norte/Noroeste. Es un valor a tener en cuenta en la cara Oeste de la Isla y sobre todo en el Norte. La navegación fue tranquila, sin sobresaltos, y de acomodo. Necesitábamos llegar hasta nuestro destino antes  que la noche se hiciera dueña de nosotros. Conseguimos llegar hasta Pessada beach. Es una cala pequeña. Apenas un arenal de 15/20 metros protegido por formaciones rocosas a ambos lados.

En mis anotaciones aparece entrecomillado la presencia de mosquitos. El caso es que, como en algún otro viaje anterior de características similares, preparamos los kayaks de dos en dos, de  forma tal que echando encima una loneta apoyada en las palas, conseguíamos una acogedora tienda de campaña canadiense (abierta) para dos. Esa noche dormíamos en Pessada. Cenamos en unas rocas planas, libres de arena. Cuando la noche empezó a ocupar el lugar del día apareció un pequeño ferry, de los muchos que trasladan personas y vehículos entre islas y entre éstas y continente. Apenas unos pocos vehículos abandonaron su interior. El atraque es para un capítulo aparte. Resulta curiosa la habilidad para realizar esas maniobras.

Apenas  a unos metros de nuestra pequeña cala había un chiringuito en alto, justo a la izquierda del desembarque del ferry.

Amaneció con buen día para la navegación. Desayunamos en las mismas rocas planas que la cena. Éste si sería un día completo de navegación.

Salimos de Pessada y recorrimos el golfo que nos llevaba hacia la zona sur de la isla. Cuando ya habíamos recorrido casi la totalidad del golfo decidimos hacer una pequeña parada. Concretamente lo hicimos en Sis Ia Beach. Al acercarnos pudimos ver, como a la mitad de la playa, una fuente de agua. En un principio casi llegué a pensar que fuera de aguas sucias. Nada más lejos de la realidad. Era una fuente de agua, clara y fresca. Apenas reposamos y tras reponernos nutricionalmente, continuamos la ruta. Íbamos en busca del Cabo Mounta. Ese punto es el que nos haría tomar dirección Norte.

Fuimos recorriendo, hasta llegar al Cabo, una serie interesante de playas.  Recuerdo las de Trapez Aki, Elenio Proni Beach, Koroni Beach y Kaminia Beach, entre otras. Me llamó la atención en esta parte de la isla la poca «vida» submarina que había. No sé el/los motivo/s para ello. El caso es que el mar es limpio, casi inmaculado.a4052812-8d01-4efa-be54-637038427952 La idea era llegar hasta Poros para pasar la segunda noche del viaje al abrigo de este pueblo. Al principio remamos con pocas paradas para con posterioridad acordar hacerlo más llevadero.  Menos cantidad de millas seguidas remando, más veces parando para baño y estiramientos. Si, al final haces el mismo recorrido y cuesta menos físicamente. Poros quedaba lejos aun y la hora de reponer fuerzas y estirar piernas iba llegando. Pasamos Skala y Skala Beach. Apenas unos cientos de metros más adelante encontramos, como continuación a esa playa, una zona menos congestionada para poder desembarcar. Tuvimos la suerte, o la destreza, de hacerlo justo bajo un chiringuito que dominaba la zona desde varios metros de altura, en el borde de la costa. Subimos por una escalera desde la misma playa y nos dispusimos a comer, acompañados con unas vistas maravillosas. El chiringuito/restaurante se llama Nautilus. A parte de estar al borde de la costa también está al borde de la carretera. Tras la comida, una ligera sesión de descanso bajo sombrillas y con una temperatura ideal. Lo malo, entre comillas, de sólo hacer ruta marinera es que dejas de ver lugares interiores que posiblemente sean merecedores de ser visitados.

Y tras navegar y descansar en alguna ocasión más, llegamos a Poros, con viento in crescendo, en busca de pasar la noche, no sin antes sufrir una pequeña pájara. ¿Motivos? ni idea; de todo un poco.

En esta segunda nocheIMG_3530 decidimos dormir bajo techo. En concreto logramos alojamiento en «Rooms Vavasi«, en el interior del pueblo. Por supuesto, antes de dormir tocaba la cena. Lo hicimos en Pomantza. IMG_3529Es un chiringuito que se encuentra en un lateral, casi en  la esquina de la cala y que se fundó en 1.926 y al que se accede desde la misma playa ascendiendo por una corta escalera. Entre lo comido, me quedo con los espaguetis con mariscos.

Había que bajar la comida y para ello nada mejor que un vasodilatador. Caminamos por el paseo que hay junto a la playa y tras atravesar un cauce seco de un rio, llegamos a una zona de bares y pub´s. El ambiente realmente era escaso pero para la época del año en la que estamos tampoco se podía pedir mucho más. No es una zona repleta de este tipo de establecimientos y  los que hay, están bien.

Al Día siguiente, mientras continuábamos con  nuestros kayaks hacia el Norte, pudimos ver, por primera vez, a lo lejos, la figura de la famosa Itaca, la reina (metafóricamente hablando, claro) del Mar Jónico. Desde nuestra situación no se podía observar ciertamente si era una isla. El caso es que previo al viaje, leí un poco sobre Cefalonia (kefalonia) y en esas lecturas siempre aparecía Itaca. Siglos de dominaciones diferentes la observaban. Se habitó y deshabitó en alguna ocasión. Incluso se tuvieron que conceder privilegios para que se volviera a ocupar después de que quedase totalmente deshabitada.  El caso es que aparece en Poemas Homéricos. A día de hoy, hay serias dudas de que fuera el lugar de nacimiento de Odiseo, el que fuera protagonista de la «Odisea». Demasiadas conjeturas para un viaje en kayak. Lo cierto es que, mientras remas, el tiempo pasa lento y los momentos para pensar se alargan. La imaginación te puede e intentas memorizar cada recoveco por el que se discurre. Lo mejor es, llegada la noche, tomar nota de lo que recuerdes.

Una vez que pasamos a la parte Oriental de Cefalonia disminuyen el número de calas. La mayoría de ellas de piedras pulidas y redondeadas. En esta zona (Sur-Oriental) la casi totalidad de los kilómetros de costa son rectilíneos y de origen volcánico lo que provoca que podamos navegar muy pegados a la roca, entre pequeñas cuevas y altas cornisas negruzcas. e5358b3a-9ec9-4015-a7e3-b898ce0f3fb9Negro sobre azul hasta el mismo borde del mar. No hay dudas sobre el origen de esta tierra. Cuanto más avanzamos en la navegación más  se aprecia la belleza de Itaca. Va creciendo en tamaño ante nuestra vista y se pueden observar detalles concretos de su costa. Nos acercamos al inicio del  estrecho que separa Cefalonia de Itaca y por ende, nos acercamos al destino señalado para la comida. IMG_3535Cerca de Sami decidimos tomar un aperitivo en  Antisamos Beach, en la base de donde comienza el Cabo Dichalia.42be42fa-7353-4d35-b777-988d74a6d891-e1546504910818.jpg En Antisamos Beach dejamos nuestros kayaks en la playa y nos acercamos a un chiringuito muy bien cuidado (Antisamos Beach Bar) y con buena música. El ambiente de la playa es tranquilo y la jarra de cerveza con el acompañamiento de un sándwich reconforta. Tampoco se trataba de abusar pues queríamos comer muy cerca de allí con posterioridad.

Tras el pequeño aperitivo, las miradas y los kayaks se dirigen hacia Sami. Hasta ahora el tiempo había sido excelente; Hasta ahora. Es en Sami  dónde lograremos un pequeño descanso prolongado. El tiempo ha sido excelente en todo el trayecto, como he comentado,  y sólo cuando estamos muy cerca de Sami el viento se levanta de SW. Apenas un poco, pero aun favorable. En Sami dejamos los kayaks en una pequeña playa que está muy pegada a un pantalán del pequeño puerto, donde atracan, como no, los ferrys, entre otros barcos. Para acceder a la población sólo tenemos que saltar un diminuto muro y ya. Nos dirigimos al paseo marítimo que apenas dista un centenar de metros de nosotros. La hora apremia. Al final decidimos comer en una de las numerosas terrazas que hay. La elegimos sobre todo porque había televisión y así, de paso, ver a la selección española.

Terminado la comida y el partido (con resultado adverso incluido) tenemos que aligerar en la navegación. Ya es tarde y nos quedan millas marinas que recorrer. No hay que dejar que la noche nos alcance. Continuamos con la visión de Itaca hacia nuestro Este. Es una imagen que no dejaremos de ver hasta bien pasado el Norte de la isla. Es una pena que no hayamos tenido tiempo de cruzar el estrecho que nos separa de ella y así recorrer su costa oriental. Hubieran sido unos pocos más  de Kilómetros apenas…

Desde la salida de Sami recorremos una costa que forma una especie de «C» abierta y que tiene en su extremo a Agia Efimia, con sus restos de villa romana. Nosotros decidimos (por exigencias de la falta de luz) terminar la jornada justo en medio de esa «C» abierta. Concretamente llegamos, con los últimos rayos de Sol, hasta Agia Paraskevi Beach. La zona que elegimos la conforma una playa estrecha, con zona mixta de cantos redondeados y arena gruesa negruzca. Esa noche tocaba acampada ya que el bar que había a apenas unos metros de nosotros, y que podría haber tenido alojamiento, estaba cerrado. Así que lo primero, tras baño en el mar, era montar el tinglado para pasar la noche. Se cenó y se durmió. Un día más que apuntar en el calendario. Una hoja menos que arrancar.

La mañana que descubrimos al despertar seguía siendo genial; como las anteriores. Éste día de navegación iba a ser de los dos más largos de toda la expedición. Si el tiempo acompañaba podríamos cumplir las expectativas. Así pues, no demoramos en exceso la partida, eso sí, tras desayuno.

El siguiente destino (dentro aun de la «C») era Agia Efimia en la que existe la  villa romana que comentaba anteriormente que, por supuesto, tampoco pudimos visitar. La verdad es que ni siquiera la bordeamos. Decidimos seguir una línea recta para acortar el trayecto. Lo que si pudimos observar, desde la distancia, fue el dique de protección del puerto (Port St Euphemia). También pudimos observar algunos mástiles de embarcaciones atracadas bajo su protección. Pasado Agia Efimia, la costa era abrupta durante bastantes millas. Eso sí, estaba salpicada de casas con tejados y alguna urbanización que conformaban, junto a la abundante presencia de arbolado, un conjunto pictórico atractivo.

Llegados al final del golfo vimos, entre arbustos y  a pie de playa y rocas que conformaban unas cavernas, a un grupo de cabras salvajes. Sigilosamente pudimos acercarnos desde el mar hasta apenas unos metros de ellas. Fue un momento especial. A partir de aquí y hasta la siguiente parada, dejamos atrás un par de playas más. La mayoría de las zonas de baño por esta parte del litoral son de color blanquecino. Todas de piedras redondeadas y pulidas.52336fb4-cb80-4252-851c-47b068b3ade5 Desde la misma línea del mar y hacia el interior, es un espacio protegido. Todo es vegetación frondosa. En la costa, sigue siendo el borde de material volcánico que queda a modo de escollera natural. Sería imposible hablar de la multitud de rincones que te puedes encontrar por aquí. Es un paisaje que, con buen tiempo como el que tenemos, te envuelve.3e9da737-fe9b-467a-ad1b-4e5a94c0babf

Tras navegar un par de horas y tras sobrepasar un pequeño cabo, llegamos a Agia Sophia Beach. Allí tocaba una ingesta de alimentos y una hidratación. A la izquierda de la playa y sobre unos pocos metros por encima del mar se encuentra un pequeño bar con terraza. Ta xilomata. Así se llama. Se podría traducir, haciendo un ejercicio de imaginación como «Casi lo mata». Sólo es una anécdota, pero el que la lleva la entiende (el depredador). Era media mañana y nos quedaba una larguísima jornada por delante. Así pues, apuramos los últimos sorbos de café y nos volvimos a embarcar en busca de Fiskardo, ya en la zona norte de la isla, allí donde se acaba el estrecho que separa Cefalonia e Itaca. Como nos ha ido bien, seguimos con la misma táctica: remamos una hora  aproximadamente, paramos, estiramos piernas, comemos algo, nos bañamos, descansamos y continuamos.

Así pues, la siguiente parada sería en una pequeña playa que está justo previa al pequeño Cabo Doreta. Más de lo mismo. En esta zona todo son recodos. Nada de abrupto pero si muchos recodos. Pequeños golfos, pequeños cabos, pequeñas calas…grandes distancias.  En esas estamos cuando por fin divisamos grandes mástiles de embarcaciones que indican la cercanía del puerto de Fiskardo. Aparece algo de cansancio, lógico. IMG_3542Justo antes de la llegada a Fiskardo nos llama la atención una pequeña entrada de mar que protege a una zona de casas a pie de agua. Particularmente siento envidia de los habitantes del lugar. La llegada hasta el desembarque en Fiskardo es complicada. El tráfico de embarcaciones de todo tipo casi impide  el acercarse hasta tierra firme. Ésta vez si nos encontramos con un pequeño arenal entre cantos. Hay bastante turismo  por estos lares y eso dificulta (sin exagerar) incluso el desembarco ya que la playa está ocupada. El mar y la tierra ocupadas. Estamos por fin pie a tierra y buscamos un lugar donde comer. ce2244c7-39a4-4e84-87a4-566bfa8173caRecorremos la pequeña bahía que conforma el lugar, paseando entre pequeñas tiendas de souvenirs y terrazas a pie de agua. Al final nos decidimos por una terraza con vistas privilegiadas a la costa. Nos separan apenas unos metros. 9d35abd4-542c-423e-99aa-ec74c852372fLa comida es «buena» y nos cunde. En realidad ahora no tenemos pinta de navegantes de kayak.  Se pasa el tiempo muy rápido y tomamos camino pausado hacia los kayaks. No entiendo muy bien lo que vamos a hacer y me tumbo en la arena para reposar la comida. Menos mal que aun no tenía los ojos cerrados porque ante mí, veo como los demás ya están embarcados. Un lapsus, un dormir interruptus. Es una mala sensación. A partir de aquí toca circunvalar el Norte de la isla. Es el camino hacia la cara Occidental de la misma. La pregunta es si los vientos predominantes del Oeste nos permitirán una navegación tan apacible como la que hemos tenido hasta ahora. Cuando lleguemos a la otra cara lo sabremos.

Se resuelve el enigma. El buen tiempo nos sigue acompañando. Hemos sobrepasado el cabo Dafn Ou di. Durante el tránsito por la pequeña cara norte observamos una costa diferente. El terreno no es frondoso. Los vientos por  esta zona deben ser violentos. Vamos dejando atrás la figura de Itaca. De vez en cuando la curiosidad hace que gire la cabeza, como queriendo tener una despedida. Lo que si seguimos viendo en dirección Norte es Lefkada, isla que supuso un viaje anterior de alguno de los componentes de éste grupo. Bueno, eso es otra historia.

El caso es que comenzamos el descenso hacia Assos sabiendo que recorreremos bastante millas sin posibilidad de desembarco. Esta parte de la costa si es abrupta. Navegamos muy pegados a costa. El tiempo sigue siendo nuestro aliado y nos permite estas licencias. Con mar fuerte sería imposible navegar por aquí. Pasan las horas y seguimos viendo lo mismo. Costa elevada y nada donde descansar. Los acantilados, entre grisáceos y blanquecinos, se suceden sin dejar paso al atisbo alguno de playa. El cuerpo lo sufre. La zona hay que pasarla dejándose llevar. La paciencia es fundamental.

Por fin conseguimos llegar a un lugar donde desembarcar. A la playa le ponemos el nombre de «La tortuga». Hay una muerta en su orilla. No sabría decir el tipo de tortuga aunque posiblemente fuera una tortuga caretta. Lo que si puedo decir es que era grande. Poner pie a tierra fue un alivio. Más de 20 kilómetros navegando, aunque sea con buena mar, después de haber estado toda la mañana remando, es cansado. Ya digo, pusimos pie en tierra y rápidamente nos amoldamos a la nueva situación. Tomamos algo, descansamos. Repostados, tuvimos tiempo de movernos por la playa. Concretamente pasamos, por una cueva que llevaba hasta una playa contigua. La luz que dejaba pasar la cueva proporcionaba un color al agua increíble. No pudimos entretenernos mucho más ya que debíamos estar temprano en Assos. Visto en mapa de papel, es una península unida a la isla por un istmo. Un par de playas más nos dejamos atrás hasta poder observar Assos. La caída del Sol iba dejando colores impresionantes que se mezclaban con el espejo del mar. Mar en calma. Se encuentra apostada en la bahía de Erissos. La entrada es preciosa. Es una pequeña bahía dominada por un castillo de origen Veneciano. Las construcciones son totalmente mediterráneas, con casas a pie de agua. Un pequeño pueblo tranquilo y acogedor.IMG_3550Dejamos los kayaks en un arenal, en pleno centro de la urbe. Habíamos conseguido alojamiento mientras navegábamos, aunque tuvimos que repartirnos en zonas distintas; de dos en dos. La ducha, el acicalamiento y un pequeño paseo por el lugar antes de la cena, en una terraza. El lugar es aconsejable para algunas jornadas de recogimiento.

Lo bueno que tiene dormir bajo techo, es que sueles levantarte descansado. También ayuda la ducha con agua dulce. El nuevo día nos traía el quinto de navegación. La etapa anterior fue larga por obligación ya que la escasez de playas nos empujaba a seguir. También era bueno hacerla así ya que la zona está abierta a los vientos dominantes y si hay buen tiempo es mejor no entretenerse mucho.

El caso es que salimos bien desayunados y con el cuerpo repuesto (Al final de la jornada anterior llegué tocado de la espalda) dispuestos a llegar a un nuevo destino. Tuvimos que sobrepasar la península de Erissos, que acoge el Castillo de Assos y que da refugio al pueblo. Es una pena que istmo, aun siendo estrecho, no permita pasar al otro lado del pueblo; nos habríamos ahorrado un montón de millas y tiempo. El caso es que la jornada no iba a ser como la anterior. Las millas, serían muchas menos. De ese modo empezamos a navegar sabiendo que habría bastantes paradas. Al terminar de bordear la península pudimos recrearnos con una gran bahía. Tan grande que casi se perdía a la vista su fin. Como no había prisa, la navegación se hacía a pocos nudos. Día propicio para poner en orden la cabeza y disfrutar del mar, tranquilo también el día de hoy, y de las vistas. Tras algunas paradas, llegamos hasta la playa de Fteri Beach. Un lugar recogido también. Íbamos cumpliendo el horario más o menos previsto, así que mucha tranquilidad en el ambiente. Era las dos de la tarde y el Sol pegaba fuerte. Refugiados en las pocas sombras que había, tomamos algo y descansamos nuevamente. Un paseo terminó de poner el cuerpo nuevamente en orden. Ya habíamos realizado más de la mitad del recorrido previsto para el día. El mar seguía en calma. Una suerte increíble.

Continuamos la navegación con un Sol de justicia. En todo el viaje tuvimos mucho cuidado con la protección de la piel. No pueden faltar protectores. Particularmente prefiero casi llevar mangas largas, aunque sea pleno verano. El caso es que ya estábamos a la altura del Cabo Kater Ga Ki. aa8fea16-647f-474c-bebe-8b0e61d7c055Es un cabo que deja paso a otro golfo, esta vez profundo y más pequeño, que tiene a modo de guardián protector una pequeña isla en forma alargada y estrecha, que marca la entrada a un pequeño puerto formado por un  espigón de piedras que da cobijo a unas pocas embarcaciones y  a la pequeña playa de Atheras. IMG_3565El destino para pasar la noche. Aquí si íbamos a dormir en la playa, a pie de un chiringuito/taberna llamada Drossos   que es atendido por una agradable señora. Así pues, tomamos algo antes de preparar el «alojamiento». La tarde aun no había terminado de existir y la temperatura era muy agradable. Tras el preceptivo baño de mar, decidimos cenar en el mismo lugar, muy tranquilos,  por cierto.

462321fe-bc37-4293-8ec6-e9d2dee25fd6Despertamos para cubrir una nueva jornada no sin antes desayunar en  la»Taverna Drossos». La tarde anterior habíamos preguntado si podrían servirnos desayuno a una hora temprana. A pesar de no ser su horario habitual, la señora estaba allí como un reloj,  al pie del negocio. Un detalle por su parte. Partimos con la intención de completar la sexta jornada de remo sin sobresaltos. Para ello contamos con el buen tiempo. Nuevamente nos encontraríamos expuestos a la costa occidental, esta vez sin protección de ningún golfo. Cruzamos el último cabo que nos separaba de la bajada definitiva al Sur de la isla. La costa nuevamente sería abrupta durante todo el tramo. Se trataba de llegar a Petani con tiempo suficiente como para no tener que acelerar el ritmo a final de la jornada. Hasta Petani, tan sólo un par de playas para descansar.IMG_3573 A medio día ya estábamos allí. Petani es una playa relativamente larga, con viviendas pasada una carretera y con algún chiringuito interesante. Es una playa concurrida, sembrada con decenas de sombrillas alineadas. Paramos en un borde de la playa, pegados al chiringuito «La vida Loca». Está en una zona elevada y que permite ver, sentado en sus banquetas altas y con barandillas de madera a modo de balcón, en toda su extensión la playa. La cerveza del medio día resultó un acierto. Aun nos quedaba un poco más de la mitad del camino para la jornada pero íbamos con el horario previsto.

En la playa, donde dejamos los kayaks, había un curioso varadero hecho en altura, que se servía de guías a modo de vías de tren, para elevar los pequeños barcos de pesca; un sistema de protección ante temporales, que por esa cara de la isla deben ser curiosos.

Tocaba seguir camino; camino hecho en el mar. En algún lugar, entre el cabo Mitakas y Platia Ammos Beach, decidimos parar para comer. Los espacios para ello apenas existen, así que lo primero que vimos lo colonizamos. Hay que tener precaución con donde pones la toalla para descansar. Los muros de los acantilados son muy débiles y los desprendimientos no son extraños. Así pues, a las tres de la tarde ya estábamos comiendo y descansando. Ahora si quedaba algo menos de media jornada de trabajo.

Justo a partir de esta parada, volvemos a encontrar, esparcidas por la costa, nuevas playas. Ha sido bonito navegar pegados a elevados acantilados, pero es cierto que a veces resultaba complicado buscar descanso. A partir de este momento no volveríamos a tener ese problema (por llamarlo de alguna forma). Fuimos dejando atrás esas playas, no muchas, con apenas parada en alguna, hasta que llegamos a un nuevo cambio de dirección. A esta altura, encontramos un pequeño cabo rocoso con un pequeño faro llamado Gerogompos, que nos recibió con una subida del viento y con marea que hacían levantar algunas olas. Pasado ese punto, volvimos a tener el viento ahora si algo subido, a favor prácticamente. Paramos en Lagadakia Beach, apenas cruzado el cabo. La playa la conforman un par de pequeñas calas con algunas cuevas interesantes y con carretera a pie de playa. Es de las menos turísticas que pasamos. Al menos los bañistas tenían pinta de ser lugareños. Es una playa donde puede fácilmente salir volando algún remo. Ya estábamos en las 6 de la tarde. Todavía nos quedaba un tramo hasta llegar al próximo destino. Se apreciaba notablemente el cambio orográfico de la costa. Pequeñas bahías se sucedían una tras otra. La vegetación se veía reducida sobremanera y la altura del terreno  era menor que en los anteriores días. Y hasta Xi Beach llegamos. 630d9ac1-a349-435c-8121-dde533af46f1Una playa con arena fina rojiza, estrecha pero larga. Muy turística y con servicios variados. Decidimos buscar alojamiento bajo techo y tras dejar las cosas, repartir dormitorios y ducharnos, salimos a buscar donde cenar. Cerca del alojamiento lo encontramos. La zona tiene urbanizaciones y entre estas, restaurantes. En concreto, donde cenamos. Una gran terraza nos sirvió para hacerlo tranquilos. Apenas estábamos nosotros solos. Seguramente en temporada alta estaría  repleto. Casi estábamos cenados cuando una de las camareras nos preguntó si éramos españoles. La pregunta tenía su motivo. El cocinero también era español. Así pues, acabada la cena, se acercó a saludarnos. Un chico de Murcia en Kefalonia. a625bb5e-9b7c-4039-848b-56e917286b69Su historia, como la de tantos otros que salen de su tierra, tiene su interés; parejas, destinos, casualidades…al final terminas recorriendo mundo y encontrando paisanos donde menos te lo espera. Como el mundo se ha quedado pequeño, resulta que hasta algún amigo común (entre él y alguno de los nuestros) surgió. Así es la vida a veces. Total, que terminamos tomando una copa, en la zona de copas por supuesto, del complejo. Charlamos, reímos, contamos aventuras del viaje, oímos historias de un cocinero, que no lo era hasta hace poco, por el mundo y demás situaciones y nos despedimos. El cansancio acumulado nos empujó hasta el catre. Tal vez, en el pequeño jardín del apartamento, un vasodilatador ayudó a tomar el camino definitivo hacia Morfeo.

Amaneció con viento. Tuvimos suerte de que fuera ya en este lugar. Estábamos protegidos prácticamente y, por supuesto, era a favor. No había prisas esta vez. Tan sólo había que llegar antes de la hora acordada para entregar los kayaks. Quedaba cruzar la bahía de entrada al Golfo de Argostoliou. Un trámite prácticamente, en comparación con las horas de navegación de días anteriores.

Al final el viento subió mucho; tanto subió que costó atravesar la bahía. Bueno, el viento y un par de cruceros que pretendían entrar en Argostoli.  Les dejamos pasar a pesar de los pesares y, ahora sí, antes del medio día estábamos donde empezamos.

El séptimo día de navegación, nos trajo el descanso. Una casualidad.

Libres de remos y mar, buscamos un alojamiento para pasar el resto del día. Había que conocer algo de Argostoli, relajarse y caminar por tierra firme.

Argostoli es una población relativamente nueva. En 1953 sufrió daños tremendos debido a un terremoto que asoló prácticamente la isla.

Entre lo visitable, destaco la iglesia de San Spiridione y el Faro de San Teodoro.

Al día siguiente viajamos hasta Atenas. Ahora sí, de turistas totales… Es otra historia.

 

 

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